Hace un tiempo le preguntaba a mi mamá “¿Por qué mi hermana, mi hermano y yo somos tan distintos?, fuimos educados de la misma manera, en la mismas escuelas, con los mismos regaños, con los mismos padres, sin tener uno más y otro menos; ¿por qué somos tan diferentes?”, la respuesta de mi mamá fue: “eso es lo mismo que yo me pregunto”.

Ahora que soy mamá, y veo crecer a mis hijos tan integrados en sus juegos, en el amor que se tienen y en lo mucho que se extrañan cuando no están juntos, es que veo que cuando somos niños las diferencias no existen. Cambiamos cuando crecemos y ese momento suele ser el que muchas veces nos separa como hermanos.

Mis hermanos y yo nos llevamos cuatro años de diferencia entre cada uno, es decir, con mi hermana me separan cuatro años y con mi hermano ocho años. Puede que la personalidad de nosotros se note más debido a los años que tardaron mis padres en tenernos a uno y otro, pero recuerdo mi infancia muy divertida junto a ellos, dormíamos juntos, cantábamos y bailábamos, y claro, los momentos familiares con todos tíos y primos eran los más divertidos.

Cuando crecimos, pero todavía vivíamos en la misma casa la unión era buena, luego falleció nuestro padre y nuestro carácter cambió. Ese cambio de vida pudo ser un factor que hiciera que nuestros caminos comenzaran a enfilarse a una ruta diferente.

Primero me casé yo, luego mi hermana, luego mi hermano; nos fuimos como hilo de media y cada quien empezó una nueva vida. Cada quien a su manera y fue entonces que me di cuenta que aquella unión de cuando éramos niños no se parecía mucho a lo que había en ese momento ¿Cómo pudo pasar?

Mi experiencia con mis hijos es que las personalidades van más allá de la crianza, y considero que también tiene que ver con las influencias que tienes de fuera como los maestros o el grupo de amigos. Sobre todo estos últimos que es con quien la personalidad sobresale sin reservas, ya que tendemos a juntarnos con quien hacemos click.

Mis hermanos han sido mis amigos, mis compañeros, las personas con las que más me he peleado en el mundo y con las que me he reconciliado todas, a veces sin necesidad de palabras porque estamos criados de una forma donde la familia es lo primero.

Y aunque hoy veo a mis hijos que se quieren con toda la intensidad, mi deseo más profundo es que ese mismo amor prevalezca con los años, a pesar de la distancia, a pesar de lo que su personalidad y el camino de sus vidas les lleve. Sobre todo que sin importar el tamaño del enojo que tengan, son compañeros de vida.

Mi compromiso es criarlos con amor, de la misma manera y que se sientan orgullosos de uno del otro, sin preferencias.

Foto: vía

 

Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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