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¿Tu hijo tiene depresión? ¡Detecta las señales de alarma!

Un día estamos cambiándole el pañal a nuestro hijo, en un abrir y cerrar de ojos el bebé ya está manejando su bicicleta, volvemos a parpadear y está a un paso de entrar a la universidad.

Así de rápido pasa el crecimiento de nuestros hijos ¡sentimos que se nos escapa de las manos! y es por eso que debemos estar muy alertas a los cambios que presenta en su infancia y adolescencia.

Si has notado que tu hijo ha cambiado su carácter, está entrando en la pubertad o se ha convertido en un adolescente aislado o rebelde, es de suma importancia que estés alerta a las señales que podrían indicarte que necesita ayuda.

Platicamos con el Psicólogo Carlos Arturo Matus Berezaluce, quién también es Maestro en Educación, Maestro en Ciencias de la Familia y Life Coach; él nos comparte como los padres podemos estar alertas al grito de ayuda, el que nuestros hijos hacen en silencio cuando padecen depresión. ¡Muy importante!

¿Qué edades son las más comunes para que los niños sufran depresión?

La depresión infantil tiene un subregistro importante, porque cuando el niño está deprimido presenta síntomas físicos y la primer reacción de los padres es llevarlo al médico atendiendo así las causas somáticas, sin reportar los signos emocionales y comportamentales.

El diagnóstico de depresión infantil debiera realizarse a partir de los 6 años de edad, ya que es cuando las emociones son reconocidas, y su proceso de desarrollo ha madurado. Aunque hay estudios que revelan que la depresión se puede presentar desde los primeros meses de nacido.

¿Cuáles son los síntomas específicos de esta enfermedad y cuáles pueden ser sus orígenes?

Los signos y síntomas característicos de esta psicopatología (referidos por el DSM 5, que es el manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales), se perciben con la aparición con incidencia mayor a dos semanas y representan un cambio del funcionamiento previo, con la ocurrencia de cinco o más de los siguientes síntomas de estado depresivo o pérdida de interés o placer, siempre descartando claramente toda aquella afectación de índole médica.

  • Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva (p. ej., se siente triste, vacío, sin esperanza) o de la observación por parte de otras personas (p. ej., se le ve lloroso). (Nota: en niños y adolescentes, el estado de ánimo puede ser irritable).
  • Disminución importante del interés o placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días (como se desprende de la información subjetiva o de la observación).
  • Pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso (p.ej., modificación de más del 5% del peso corporal en un mes) o disminución o aumento del apetito casi todos los días. (Nota: en los niños, considerar el fracaso para el aumento de peso esperado).
  • Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  • Agitación o retraso psicomotor casi todos los días (observable por parte de otros; no simplemente la sensación subjetiva de inquietud o de enlentecimiento).
  • Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  • Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días (no simplemente el autoreproche o culpa por estar enfermo).
  • Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días (a partir de la información subjetiva o de la observación por parte de otras personas).
  • Pensamientos de muerte recurrentes (no sólo miedo a morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.

Los síntomas causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral, académico y otras áreas importantes del funcionamiento. Y los episodios no se pueden atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o de otra afección médica.

¿Cuáles son las conductas irregulares a las que debemos estar alertas como padres y que muchas veces no notamos?

Lo más importante es notar toda aquella conducta que sea modificada en el menor, que nos llame la atención, todo cambio de comportamiento sin razón aparente, nos dice algo, por ello debemos de tomarlo en cuenta.

Modificación de hábitos de alimentación, de actividades placenteras, hábitos de estudio, socialización, patrones de sueño, comunicación con sus pares (amigos, compañeros, familiares), juegos, etc.

Cuando vemos que nuestro hijo/a tienen alguna actividad o conducta diferente a lo normal, ¿A quién debemos acudir?

Primero validar la información con las personas cercanas (familiares, amigos, maestros) y ambientes recurrentes (escuela, actividades extra) para ver si la conducta que percibimos diferente se presenta en otras áreas, para así poder dar más información al especialista en salud mental (psicólogo, psiquiatra)

Los maestros y las autoridades ¿Cómo pueden apoyarnos?

La mejor manera de apoyar es evitando las etiquetas y observar las conductas que sean significativamente modificadas, sea cual sea esta, positivas o negativas. Toda modificación de conducta nos es útil. Por ello la comunicación eficaz y constante con los involucrados en la formación y educación de los menores es sumamente importante.

¿Qué medidas consideras que serían efectivas en las escuelas para garantizar la seguridad de sus alumnos?

Si bien el número de alumnos es mayor que el número de académicos, involucrarse e interesarse en las aficiones e intereses de los alumnos, sería muy significativo para el conocimiento psicoemocional de los alumnos. La convivencia diaria, es la que nos da, vía la observación, la mayor cantidad de información de una persona, sus sentimientos, emociones, preocupaciones, etc., por ellos la medida más efectiva para lograr mitigar los efectos negativos en los escolares, es el conocimiento de ellos y la cercanía con los padres, para notificar los cambios en el comportamiento que puedan presentarse. Y así, los padres o tutores, tomen las medidas necesarias.

¿De qué forma podemos pedirle a nuestros hijos sin asustarlos que nos reporten si ven a algún compañero actuando de forma extraña que incluso pueda dañarse a sí mismo o a los demás?

De la manera más natural, así como lo preguntas; diciéndoles que si ven que alguno de sus compañeros o amigos se comporta de forma diferente a como lo hacía antes, deja de hacer lo que le gusta, lo ve triste, o enojado constantemente, se los haga saber, para que así ustedes los papas del niño que observa esa conducta en el otro, lo pueda expresar a los papas del otro niño o a las autoridades escolares.

¿Cómo podemos hablar con nuestros hijos sobre estos hechos que ocurren en el país y el cuidado que deben tener al respecto?

Lo primero es perder el miedo de platicar con los hijos, evitando el prejuicio de cómo explicárselos, ellos entienden nuestro mismo lenguaje, por lo tanto del mismo modo en que nosotros deseamos que nos expliquen las cosas, con esa claridad es como debemos explicar y platicar con los hijos los temas que deseemos, evitando el morbo, comentando la expectativa que tenemos como familia y lo importante que es para nosotros (el núcleo familiar) mantener la armonía y comunicación; hoy son hechos violentos que nos cuesta entender, pero así también es complicado explicar los momentos más felices. Más allá de buscar las palabras correctas, lo que debemos de mostrar es el ejemplo correcto, es ahí cuando hacemos de lo complejo algo simple. Las personas en muchas ocasiones no necesitan de tantas explicaciones racionales, solo hechos sentimentales y emocionales, eduquemos más en las emociones y los vínculos interpersonales serán más sanos.

Contacto. Psic. Carlos Matus / Facebook / carlosamatusb@gmail.com / (993)3160207

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