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Carta de un bebé prematuro

El 17 de noviembre la Organización Mundial de la Salud conmemora el Día Mundial del Bebé Prematuro. El argentino Miguel Larguía, con más de 50 años de trayectoria en el medicina es toda una eminencia en el ámbito, muy querido por familias a las que ha ayudado en el nacimiento de sus hijos a lo largo de su carrera, es también consultor de la UNICEF desde el año 2009; ha escrito dos plegarias inspiradas en los bebés nacidos de forma prematura, una de ellas dirigida a sus padres, la otra dirigida a sus médicos. Si conoces a una familia que necesite estas cálidas palabras no dudes es compartir:

Carta de un prematuro a sus padres

Para todos soy un prematuro, porque nací antes de tiempo. Prematuro, como si fuera algo malo…
Muchos me miran con aprehensión, otros con pena y compasión y algunos hasta con curiosidad.
Pero yo quisiera decirles a ustedes, mis padres que por favor me miren como a un hijo.
No teman hacerlo. Nacer antes de tiempo no es culpa de nadie, y para querer y ser querido no se necesita ser grande.
Es cierto que me falta ser más maduro, y hasta entonces necesito de los demás, especialmente de mis médicos y enfermeras. Pero a ustedes, mis padres, puedo verlos y sentirlos.
Necesito mucho de vuestro cariño, como estoy seguro ustedes también del mío.
¿Porqué no pensar que somos afortunados por poder vernos antes?
Es bueno nacer ya grande, pero si igual estamos juntos, no es malo pesar poco y ser prematuro
Ustedes son tal cual los imaginaba. Yo diría que quizás aún mejor, y cuando me miran y sonríen me están diciendo…. que lo mismo piensan de mí.
A veces los veo apenados por no poder abrazarme y alzarme, sin embargo por mi pequeño tamaño
una caricia de ustedes me colma de amor.
Desde mi incubadora veo a todos inmensos, imponentes en sus uniformes. Pero cuando llegan ustedes sólo veo vuestros ojos, y cuando me miran me siento igual que antes cuando no había nacido.
Porque me siento protegido, y por sobre todas las cosas: querido.
No dejen de mirarme; yo mas que los veo, los siento, y así estamos como antes, como siempre…juntos.
Queridos padres: soy vuestro hijo, el mismo que ustedes concibieron; quizás no el que ustedes imaginaron cuando primero me vieron. Pero yo les doy una nueva oportunidad, todas las oportunidades y tiempo que necesiten para reponerse del susto, para asumir los problemas que he provocado y para reorganizar nuestra casa, porque yo los quiero.

 

Carta de un prematuro a sus médicos y enfermeras

Sí, ya sé; nací antes de término.
Soy un prematuro.

Mi vida depende en gran parte de ustedes.

Mis posibilidades han mejorado también gracias a ustedes.
Pero… ¡Por favor!… a quien más yo necesito es a mi madre.
Sé que no soy como ella me imaginaba;
sé también que quizás ella esté triste o se sienta culpable,
pero yo la quiero igual… y sé que ella también a mí.
Pero… ¡por favor!… dejen que ella me vea, dejen que ella me toque y acaricie.
Si ella aún no vino… debe ser porque aún nadie le dijo que podía.
Yo estoy seguro que con sólo mirarnos los dos, y mi padre, todos nos sentiremos mejor.

También quiero pedirles algo a ustedes.
Les mentiría si les dijera que estoy contento.
La incubadora hace mucho ruido. El colchón no es cómodo. 
A veces tengo frío. A veces mucho calor. A veces tengo hambre y a veces tengo sed.
La tela adhesiva me lastima la piel y mis pies tienen grandes heridas.
No entiendo mucho por qué tengo que sufrir. Supongo que es el costo de mi curación.
Pero sé que casi todo depende de ustedes.
Piensen un poco más en mí, yo se los agradezco.

Los veo trabajar a mi alrededor.
Los oigo hablar de mí. Sé que se preocupan.
A veces me asusto al verlos, sobre todo cuando vienen hacia mí con agujas.
Pero también me asusto cuando no los veo. A veces paso mucho tiempo sin ver a nadie.
¡Qué horrible es no poder llamarlos cuando los necesito!
No me dejen. Dependo de ustedes. Mis padres y yo confiamos en ustedes.
Algunos sé que me quieren de verdad. No sólo como profesionales.
Más, si creen como yo que es posible querer más.
Me doy cuenta por la forma en que me tocan, aún cuando lo que me hacen es doloroso.
Otros sé que no me quieren, quizás porque significo más trabajo.
Me tratan con rudeza y sin afecto.

Pero yo les pido… si no me quieren, por favor no me cuiden.
No se engañen a sí mismos porque a mí no me engañan.
Sé diferenciar una caricia y el afecto de una agresión y el rechazo.
También sé que algunos de ustedes son mejores, más capaces.
Yo no pretendo que sólo ellos me cuiden.
Tú que eres nuevo puedes hacerlo pero, por favor… si tienes dudas,
si ves que no puedes, llama al más capaz.
Requiere más valor decir que no sabes que ocultarte pretegido por mi silencio.
Yo nunca te denunciaría. No puedo. No quiero… Tú te condenarías solo.
Les pido por favor porque yo estoy preparado para decir: muchas gracias.

Foto Vía

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