La hora de dormir puede convertirse en una rutina bien aceitada. Si la practicamos a diario, también puede ser parte de una odisea con la cual luchas todos los días, porque bien sabemos que los niños casi siempre tienen un imán que los pega a la cama solo cuando se trata de levantarse para ir a la escuela.

Tengo amigas que son permisivas al momento de establecer las rutinas de sueño para sus niños: los dejan desvelarse, cenan muy tarde, se duermen en cualquier parte de la casa y eso a la postre hace que por las mañanas los estén apurando para llegar temprano a la escuela.

Ambos entran en una dinámica de corre-corre que bien se podría evitar si se siguieran horarios establecidos de domingo a jueves. Porque la noche de viernes comienza el fin de semana y es casi libre para hacer lo que uno guste en familia, ¡así sea desvelarse!

Cuando te conviertes en madre, inmediatamente te ves rodeada de otros niños además de tus hijos: tus sobrinos, los hijos de tus amigas, los nuevos vecinos peques y así. Las pláticas entre mamás se extienden en la sobremesa y todas hablamos de los hijos hasta perder la objetividad, escuchamos atentas esperando nuestro turno. Y cuando hablamos de la hora de ir a la cama, compartimos hasta los más bellos pretextos que utilizan nuestros peques para evitar el descanso:

1- “Tengo sed”

Le doy el vasito de agua para relajarlos, pero que a la vez no sea tan grande para así evitar sorpresas en el colchón al día siguiente.

2- “¿Cómo funciona internet y por qué lo tenemos en el teléfono, la computadora, la escuela, en casa de la abuela y en la tableta?”

Y yo con cara de signo de interrogación. Se les ocurren las preguntas tecnológicas más complicadas justo cuando los estoy arropando.

3- “Tengo muuucha hambre”

Ya cenó, pero como quiere extender unos minutos más la jornada pide un sándwich o quesadilla.

4- “Mami, te cuento lo que hizo Claudia hoy en el recreo”

Se le viene a la memoria la gracia que hizo en la escuela la mejor amiga. Ya pasaron diez horas y es el momento justo de contarlo.

5- “¿Sabías que puedo controlar mis sueños con un control remoto? Si quiero sueño con las ponys o las princesas y si me da una pesadilla le cambio y le digo shu, shu

¡Y otra vez la cara de no entender nada! Y ahora sí que de verdad quiero que cuente cómo hace para dirigir sus sueños y ver si puedo intentarlo esta noche.

6- “Mami, no puedo dormir si no le pones a la almohada el spray antipesadillas”

Mea culpa. Tengo en casa un aromatizante con olor a lavanda para los blancos y en ocasiones se los pongo a las almohadas para que el olor los envuelva antes de dormir. Lo que no sé es qué va a pasar cuando se acabe y me digan que tuvieron una pesadilla.

7- “Me duele la panza”

Vamos tooodos al baño para que ya no haya dolor y procedamos a dormir.

8- “Quiero dormir con mi patito/osito/muñeca/hermano/mascota/colchita”

Le doy eso o cualquier otro objeto de su afecto que le dé la tranquilidad que necesita.

9- “Puedes revisar que no haya monstruos. No es que crea, es por seguridad”.

A estas alturas, estoy al borde de un ataque de nervios pero revisando seguros de puertas y ventanas, cortinas cerradas, aire acondicionado encendido y por supuesto debajo de la cama. Todo en orden.

10- “Mami, ¿me cantas?”

Entonces la voz de cantante de ópera se hace presente y cantamos “A dormir angelitos”. Luego todas las oraciones y cuando ya vamos a la mitad de ellas se oyen los primeros bostezos. ¡Gané!

Si para este momento todavía no se han dormido, la plática puede proseguir sobre el lunch para la escuela, si Anna de Frozen algún día van a casarse con Kristoff o del disfraz de Thor o Spiderman para la fiesta de la escuela.

Foto: vía

Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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