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  • #YoConfieso: soy fan de una ‘boy band’

    #YoConfieso: soy fan de una ‘boy band’

    Hace unos pocos años cuando era adolescente, mi papá me decía que “todo lo que tenía que hacer era estudiar”, entonces llegó a mi vida lo que hizo que el idioma inglés se convirtiera en una prioridad. Estaba apenas con 14 años, en tercero de secundaria y la canción de Step By Stepsonaba en la radio de mi ciudad.

    Cinco chicos originarios de Boston, Massachusetts en Estados Unidos irrumpieron en mi nube adolescente con música pegajosa y letras súper románticas que enamorarían a cualquier chica del mundo. Esos chicos fueron los New Kids on the Block, ¿alguna los recuerda?

    Esta ‘boy band’ se apoderó de la escena mundial, algo muy parecido con lo que ocurrió en los sesentas con The Beatles o en los años setenta con los Jackson’s Five o incluso los de esta generación los ingleses de ‘One Direction’; un grupo conformado por chicos adolescentes con estilos para cada chica: Donnie el rockero, Danny el deportista, Jon el tierno, Joey el pequeño y Jordan el sexy.

    Y fue así que con la llegada de estos cincos galanes que mis pobres padres empezaron a sufrir de mi locura: revistas, pósters, más revistas y lo que pudiera encontrar de información (porque en esos tiempos no había internet) o de productos promocionales como tazas, camisetas, mochilas o lo que encontrara en mi ciudad de interior del país.

    ¡Más locas como yo!

    Tuve la suerte (o más sal para mi locura) de encontrar un club de fans. Una amiga escuchó el teléfono de otra fan que buscaba más chicas para conformar un club en mi ciudad, la llamé y poco a poco nos juntamos más chicas con las que platicábamos de las últimas noticias leídas en las revistas o visto en la televisión, que eran nuestros únicos canales de información.

    Ya más adelante tomamos la bandera de apoyo social y nos apuntamos a limpiar algunos parques de la zona. ¿Comenté que terminé siendo vicepresidenta del club de fans? ¡Cosas de chicas!

    Mis papás me consintieron mucho en esta sana locura. Mi regalo más grande fue que cuando cumplí los 15 años en vez de pedir una fiesta como se acostumbra en las niñas adolescentes pedí un viaje al concierto que darían a las 3 semanas de mi cumpleaños en México, DF. ¡Y me lo cumplieron!

    Allí pude ver a la razón de mis desvelos, cantando, bailando y haciendo felices a más locas que como yo se dieron cita una noche de enero. Mi hermana, mi mamá y yo en un viaje que recuerdo con mucho cariño, fue el mejor regalo que recibí, el único que de verdad quería. ¿Fiesta? ¡Bah!

    Tras ese concierto los New Kids on the Block duraron un par de años más, siendo en 1994 que decidieron terminar como grupo y optar por caminos diferentes, fue entonces también que mi corazón adolescente creció dando paso a otros artistas con otro tipo de música.

    Y así la vida, con amores, desamores, escuela, amigos y demás. Formé mi familia, y entonces 14 años después, con el internet de por medio me llegó la noticia que no esperaba jamás, los New Kids on the Block regresaban al medio artístico ¿saben que paso? Grité, me emocioné, casi lloré, ¡me sentí adolescente otra vez! ¡Oh my God!

    Saqué los cds viejos y repasé sus canciones, fue como sumergirme en la vorágine de sus temas juveniles. Lo mejor fue ver el cambio de chicos bonitos adolescentes a hombres guapos y sexis que se habían convertido, el tiempo nos mejora a todos ¿verdad?

    El papá de mis hijos me llevó a USA hace cuatro años a uno de sus conciertos y pude volver a gritar como cuando tenía 15 años “Jordaaan I love youuu!” y demás cosillas mientras él solo reía. Hace dos años fui con mi hermana a DF a disfrutar de otro de sus conciertos, disfrutamos muchísimo y tuvimos un momento muy especial que ella y yo guardamos en nuestras memoria.

    Bailar la música, cantar los temas de tus grupos favoritos, viajar con las lecturas, son cosas que nos nutren como seres humanos, son parte de la huella que dejamos en la vida y que podemos compartir con nuestros hijos. ¡Y si, sigo disfrutando de esta ‘boy band’ que de ‘boy’ ya no tiene nada! Me hacen cantar, bailar y soñar como cuando tenía 15 pero con la autonomía y seguridad que me da vivir a mis muy felices treintas.

    ¿Y a ti, te sigue gustando algún grupo de la adolescencia?

    Foto vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Mamá regaña, papá consiente

    #YoConfieso: Mamá regaña, papá consiente

    La historia de todos los días: Has estado toda la tarde lidiando con los chicos, que si la menor no quiere comer lo que hiciste hoy y le respondes que “la casa no es un restaurante y que aquí comemos todos lo mismo” o que el mayor tiene mucha tarea por hacer ese día y tú y él se pasan horas entre libros y cuadernos.

    Y así se nos pasa el tiempo: entre que pides que no se suban al sillón de la sala, que hay que lavarse las manos después de comer, que el refrigerador no se deja abierto, que si el timbre de la puerta suena no tienen que salir corriendo a abrir sin avisar a mamá, que si ya llegó la hora del baño y ninguno de los dos quiere hacerlo porque es sinónimo de irse a la cama al poco tiempo… tardes como estas ocurren a diario en donde a las mamás nos toca muchas veces hacer el papel de “mala” frente a los niños.

    Ayer mi hija menor me pidió un dulce y ni si quiera había querido comer, en casa los dulces están permitidos los fines de semana. Como me negué a dárselo me dijo muy seria “eres mala”, le contesté “si lo soy”, me replicó “eres fea”, “también lo soy” le respondí, sentí un hueco en el estómago, ¿pero qué me queda?, en la casa la que educa y hace que se cumplan las reglas soy yo, y para lo bueno y malo que resulte esto también me convierto en la más fea y la mas mala según mi hija.

    ¿Qué pasa con el papá de mis hijos? El es “el bueno”, el que consiente, el que juega desde fútbol con el niño hasta con las muñecas de Frozen con mi hija. El que les trae postres, el que los llena de besos cuando llega y cuando se va, el que se sienta en las piernas a la princesa para comer juntos, el que a veces les ayuda en la tarea y el que se los lleva a su trabajo si se lo piden. ¿Y yo? ¿Y mamá?

    Yo también hago todo eso: doy besos, juego con ellos, hago la comida que pueda gustarle a todos, doy abrazos, estoy pendiente de la tarea, de su ropa, de la casa, de la familia entera, de hablar con las abuelas, de las juntas del colegio y etc, etc, etc (tu y yo sabemos que la lista sigue), ¡peeero! a todo ello hay que sumarle que soy la que tiene que regañar, porque ese no es el trabajo de papá, que como los ve tan poco, su trabajo en realidad es consentirlos y que su imagen de súper papá no se vea dañada, o sea, ¿cómo?

    Cuidado con la educación y crianza

    Yo creo que no podemos ser “papás barcos”, ser blandos no les ayuda a los niños en su crianza, debemos saber el momento indicado para regañar a los niños. 

    Como lo comenté en un post anterior, con castigos, no con gritos y golpes, aún sabiendo que justo en ese momento tu hijo te va a querer un “poco” menos porque no le diste permiso de jugar el Xbox porque tiene que estudiar para el examen de mañana en el colegio, o decirle a tu nena que no puede estar sacando la ropa del closet y dejarla tirada por toda la habitación…

    Con mis niños tan pequeños aún me falta un gran camino por recorrer, pero nadie dijo que ser madre sería fácil. Me tocarán todavía más situaciones donde tenga que reprender a mis hijos y sea en ese momento su papá su persona favorita, y es que, yo confieso: mamá regaña y papá consiente.

    ¿Tu cómo le haces para mediar esta situación?

    Foto: Flickr Niklas Hellerstedt

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: No carburo sin café

    #YoConfieso: No carburo sin café

    ¿Las mañanas entre semana son casi siempre iguales? Despertar con ganas de quedarse en la cama cinco minutos más, enrollarse en la sábana, voltear a ver la hora en el celular y notar que los cinco minutos concedidos se volvieron 10 y que ahora tienes que correr más rápido para despertar a los niños.

    Les llevas su leche a la cama, le pones el uniforme a uno y lo mandas al baño a que se cepille los dientes y se peine, mientras vistes al segundo quien sigue con un ojo cerrado y el popote de la leche en la boca. Vas corriendo al baño de nuevo, arreglas el peinado del primero y pasas el peine al segundo. Ya casi listos para salir te das cuenta que todavía traes puesta la pijama y corres a cambiarte o tu hijo mayor te mata si se te ocurre ir a dejarlo vestida así al colegio.

    Sales al sol y te sientes cual vampiro al amanecer, “¿donde rayos dejé mis lentes?” te preguntas ansiosa. Empieza tu andar por los semáforos y calles si vas en coche mientras te das cuenta que aún andas en chanclas.

    Si la escuela te queda cerca y te toca llevarlos a caminando vas pensando a qué hora te lavaste la cara o si solo fue en una idea… así que mejor desechas el pensamiento y apuras el paso.

    Llegas al colegio, les das un besito y “¡nos vemos en la tarde chicos!”, el día apenas comienza. Regresas a casa y ves todo el tiradero que se produjo el día anterior y piensas “¿de verdad aquí vivo? ¡Si es un campo de guerra!”.

    Pero es justo en ese momento que sabes que ha llegado el mejor momento de la mañana, la hora de abrir los ojos, darle gusto al paladar y disfrutar de un delicioso café que de verdad te levante y te de la energía para comenzar tu día.

    ¿Cuál es tu favorito?

    Hay muchas variedades, Latte, Mocha, Americano, Cappuccino, Espresso en sus distintas combinaciones, frío, caliente, con helado, con cubos de hielo, con chocolate, con caramelo, con vainilla, con chocolate blanco y la lista sigue.

    No soy una experta en café y sus combinaciones, pero sí soy experta en su disfrute matutino y en como notar cuando el efecto de la cafeína literalmente me despierta. Es una realidad que me abre los ojos y cuando noto eso, ha llegado el momento de la inspiración para trabajar, sea cual sea la actividad del día.

    Se ha dicho mucho del café, por ejemplo, se que la cafeína aumenta la capacidad mental, la percepción y disminuye el cansancio, por eso me gusta mucho tomarlo antes de escribir un post para que así la inspiración fluya.

    Cuando estaba embarazada de mis hijos, el ginecólogo no me prohibió la ingesta de la bebida, solo me recomendó que lo tomara descafeinado para no sobre estimular al niño, obviamente hice total caso a su recomendación, aunque después leí algunos artículos que indicaban que una mujer embarazada puede tomar hasta dos tazas diarias ya que no genera ninguna consecuencia negativa a ella o al bebé.

    Las restricciones que siempre saltan son para los que padecen problemas gastrointestinales, mientras que el exceso de cuatro tazas de café pueden alterar cualquier lesión estomacal. En cuanto a que los niños deban o no tomarlo ya queda a criterio de sus mamás, recuerdo que cuando era pequeña le pregunté a mi mamá porque no lo podía tomar y me dijo que “los niños no tomaban café porque si no crecían”.

    No volví a escuchar al respecto, pero ahora se sabe que la cafeína no produce efectos tóxicos o dañinos en la infancia, obviamente en cantidades apropiadas para un menor, solo en los niños hiperactivos debe ser restringida por su consumo estimulante.

    Y bien, yo confieso, soy una coffe fan, voy a ir por uno, ¿gustas?

    Foto Any Fuchok

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: No me gusta cocinar

    #YoConfieso: No me gusta cocinar

    No me gusta cocinar pero sí comer rico, soy todo un caso. Mi historia de desapego con la cocina tiene años de cocción.

    Cuando era adolescente mi mamá me decía: “Any, acércate a ver como hago el caldo de pollo con verduras” o “Ven a ver como se corta el pollo en piezas”, y allí iba una muy jovencita Any, con flojera de por medio a ver como la mamá hacía lo que en esa casa se comería por la tarde, mientras tanto yo bostezaba y pasaba por mi cabeza un “uff, ¿que estarán haciendo mis amigas?”.

    Y es que ¿a qué chica de secundaria le gusta aprender de pollos crudos y verduras por cocer?, pensamientos como esos eran los que me pasaban por la mente y ¿saben qué? ¡Hoy me arrepiento! (lloro mientras me acuerdo).

    Y así pasaron más ocasiones, la de aprender el Mole, la de probar las especias, la de reconocer los cortes de carne de res, los de aprender los secretos a la hora de poner en la olla express el frijol negro, la de practicar las recetas de la abuela materna y demás, lo que no dejé pasar fue la de probar todas las delicias culinarias de mi madre y de lavar los platos sin faltar aunque no fuera del mejor modo, lo admito, adolescente tal cual ¿qué lé ibamos a hacer?

    La ‘nueva’ yo

    Una joven mujer moderna me llegó al espejo, una que tenía que enfrentarse al mundo y trabajar tras salir de la universidad nacía en mí, de esos sentimientos cuando piensas “¡Estoy lista, puedo hacerlo sola!”, ¿a qué horas iba a tener tiempo para conocer de la comida si mi mamá era la experta y yo no tenía prisa? Así seguí cavando mi tumba como la mejor chef del mundo.

    Años y más años, comiendo en casa, con los amigos y a veces hasta sopa instantánea en el trabajo, seguía sin reconocer el cilantro del perejil, pero eso sí, me comenzaba de hacer un camino en los medios de comunicación impresos de mi localidad, sentía que mi carrera profesional estaba reflejando poco a poco los años de quemarme las pestañas con los libros de estudio, así que la vida seguía con un sabor muy light mientras me sentía toda una joven ejecutiva.

    Y entonces recibí un golpe en la cabeza, me llegó el amor, y cuando vine a ver me encontré en la cocina de un departamento sin saber que cocinar el primer día de vida en pareja, no se si fue un “toing”, un “pum” o un “bang”, pero el golpe con la realidad fue inmenso, solo sabía hacer sandwich de jamón con queso, quesadillas, huevos en distintas variedades y ahí se acabó la lista.

    ¿Y ahora que hago?

    Me ví en la urgente necesidad de aprender a hacer un arroz blanco, unos bisteces a la mexicana o un caldo de pollo con verduras, fue allí que recordé una lección perdida de “como cortar un pollo en 6 pasos”.

    Lloré, me enojé y me insulté. Acto seguido le llamé a mi mamá por teléfono y le dije: “mami, ¿cómo corto un pollo?”, mi mamá se rió pero no me regañó, por el contrario, me dio la receta completa de cómo hacer un sencillo pero rico caldo de pollo con verduras, incluso creo que esa primera receta sobrevive en un cajón de mi cocina actual, y no porque no lo sepa hacer si no para tenerla de recuerdo de ese momento tan shockeante de mi vida, cuando me dí cuenta que era una inútil en la cocina.

    Hoy la lista inicial ha crecido, con dos hijos y un esposo sibarita me vi en la imperiosa necesidad de aprender a hacer más que sandwiches, hoy por ejemplo el frijol me cuesta menos trabajo en la olla express (aunque la última vez se me quemó), a los huevos dejé de ponerles sal extra, las quesadillas las combino con varios quesos, las pastas me quedan al dente mientras mi hijo me dice que hago una spaguetti delicioso, mi hija adora las tostadas de frijolitos con queso y ¡mi esposo se volvió en un adorador del famoso caldo de pollo con verduras!

    Sigo sin cocinar un Mole y mucho menos unos “Taquitos Rojos” que son la especialidad de mi mamá. No cocino grandes platos pero a los principales clientes del restaurant familiar mis comidas le saben a gloria.

    ¿A tí te gusta cocinar?

    Foto Flickr/estherproject

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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