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  • #YoConfieso: Soy mamá y me atrevo a ponerme bikini

    #YoConfieso: Soy mamá y me atrevo a ponerme bikini

    Mi primer traje de baño coqueto me lo puse siendo una adolescente de 14 años, me lo regaló una hermana de mi mamá. Recuerdo que cuando me lo puse me dio tanta vergüenza la posibilidad de exhibirme en esa “cosa” como si fuera ropa interior y “¡que me vieran todos!”.

    De verdad que solo de acordarme me río, y es que el bikini es una de las creaciones más coquetas que han revolucionado al mundo. Y aunque usar el traje de baño de dos piezas es lo mismo que estar en ropa interior, las mujeres no lo sentimos así, es casi una transformación de persona, en donde se incorpora lo femeninas y hasta sexys.

    Y allí empezó mi diversión con los bañadores, súper cómodos, frescos, dinámicos, me encantan los de color negro en sus diferentes diseños, y feliz los lucía en la playa o la alberca sin rastro de panza o estrías. Hasta que ¡pum! llegó la panza de mi hijo mayor, y allí también lucí con orgullo el bikini a tope, me sentí la embarazada más guapa del mundo mostrando una redonda felicidad.

    Cuando nació mi hijo pasó un tiempo para que volviera a usar un traje de baño, ya sabes, no me sentía segura con la flacidez, los kilos extra, las estrías y demás marcas propias del embarazo.

    Así que recibí de mi esposo un guiño de “ponte tu traje de baño y vamos los tres a la alberca” y así a disfrutar en familia sin que me importara lo demás, que lo mejor de ello es estar juntos divirtiéndonos.

    Ya con la figura recuperada otro ¡pum! el embarazo de la nena, y allí también me sentí la más guapa embarazada del mundo mundial, y es que si uno no se lo cree ¡no esperemos que nadie más nos lo venga a decir!

    Lucí mi barriga como mejor pude, otro coqueto bikini negro, sombrero de ala ancha, lentes oscuros y ¡vámonos a la playa!

    Hoy ya con mis hijos jugando hasta empanizarse de arena, la situación cambia, ya no tengo panza con bebé que presumir, solo queda una panza arrugada, con rayas blancas, celulitis que no quisiera que existiera y demás cariños que mis ojos no pueden evitar ver.

    Pero aún con todo eso, mi consciente me dice “Quiérete, ¡eres linda!”, y pienso que habrá tanta gente en la playa o la alberca que lo que menos harán será volteara verme y mucho menos evaluarme. Ya sea que si estoy en línea o si tengo el estómago plano, lo que si se nota a kilómetros es la seguridad, las ganas de ser feliz, el amor a la familia y como disfruto ese momento. Si tú eliges usar un bañador completo ó short, camiseta ó blusa y faldita de baño, entonces que sea por tu elección.

    Difícilmente nos veremos como las veinteañeras que no son mamás, lo importante es mostrar con orgullo tu maternidad en traje de baño, así que ¡si lo que quieres es lucir ese hermoso bikini date gusto!

    Foto Via

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: ¡No estoy loca! Mis emociones son voces en mi cabeza

    #YoConfieso: ¡No estoy loca! Mis emociones son voces en mi cabeza

    Como dice la famosa canción “Mudanzas” de la cantante mexicana Lupita D’alessio: “Porque soy mujer como cualquiera, con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor, soy como gaviota, pero felina como una leona…” y así más cosas lindas, súper feministas que abogan por una mujer fuerte capaz de enfrentarse a todo.

    Así me siento muchas veces, en un remolino de sentimientos y muchas veces ni yo misma me comprendo o ¡me aguanto!

    Y es que ser mujer es mucho de esto, dejarnos llevar por lo sentimientos, por los estados de ánimos, un día amar con locura a los hijos y el otro día desear con desesperación unas vacaciones con el marido a solas.

    Es parte de nuestra naturaleza desear comer el postre más delicioso del mundo y a los 30 minutos llegar a una tregua con uno misma y comenzar una dieta de aire, fruta y agua para borrar los millones de calorías ingeridas con desesperación, en el que fuera un hermoso pastel de chocolate.

    Así nos medimos en intensidad con todas las emociones humanas, damos entrada a nuestra vida a la alegría, el desagrado, el temor, la tristeza y la furia. Sentimientos tan fuertes y poderosos que pueden elevarnos el ánimo a la séptima potencia o bien derrotarnos y sumirnos en la más profunda depresión con la tristeza.

    Y si así te sientes como mamá y como mujer, ¿te has puesto a pensar como les irá a tus hijos cuando navegan con estos sentimientos?

    Yo sé que como madres siempre estamos pendientes de sus necesidades, pero cuando nos piden apoyarlos con las tareas y un poco de nuestra atención. Debemos sacar las antenas y valorar sus palabras y acciones para no dejarlos caer en el remolino emocional.

    Escucha, conoce y aprende de las voces que te hablan en tu cabeza que, a la vez, te enseñarán a reconocer las señales que emiten tus hijos cuando las pequeñas voces les hablan a ellos y desaten su furia o su tristeza, que si bien es parte de nuestra naturaleza humana no es bueno ponerse cómodos con ellas y dejar que se asienten en nuestros pensamientos.

    Presta oído a las voces de tu cabeza, para que todo lo positivo se refleje de manera intensa y cuando las cosas negativas digan “presente” les demos el pase de salida y un “gracias por las enseñanzas que me dejaste”.

    ¿Y tú? ¿Qué poder les das a las voces en tu cabeza?

     

    Foto Vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: No quiero que mis hijos crezcan ¿te pasa igual?

    #YoConfieso: No quiero que mis hijos crezcan ¿te pasa igual?

    Escribir este post se me hace un poco difícil, y también confieso que se me hace un nudo en la garganta al poner en mis pensamientos las caritas de mis hijos cuando eran más pequeños que ahora, recordar sus sonrisas, su ropita, sus juegos, sus películas favoritas, sus palabras mal dichas, en fin, la lista es larga.

    Hace unos días tuve la visita de mi mejor amiga en casa con su nuevo bebé, lo conocí a los pocos días de nacido y el pequeño que vi en la sala de mi casa dista mucho del chiquitito que vi dormir en brazos de su mamá,

    ¡Es increíble lo rápido que cambian los niños el primer año de vida!

    Le dije a mi amiga que le tomara muchas fotos, porque el mes que viene también será otro niñito, el cual crecerá maravillosamente, pero que ya no regresará a ser como esa imagen que queda en nuestra memoria.

    Será que soy muy nostálgica, me encanta vivir cada etapa de mis hijos, olerlos, abrazarlos, sentir que en mis brazos se quedaran sin escapar. Es muy difícil imaginar que un día tomarán su propio camino y que hoy los estoy preparando para ello, aunque el alma se me vaya un poco también.

    Recuerdo cuando mi pequeño cambiaba la forma de nombrar las cosas por su corta edad, que aunque eran palabras mal dichas las decía y se daba entender, causando gracia a su papá y a mí. También me da nostalgia el pensar en mi niña en clases de ballet, jugando a las muñecas y a la maestra del kínder.

    A mis hijos les tomo muchas fotos, porque tengo tan mala memoria que solo ellas me ayudan a recordar los detalles del momento exacto, a veces se cansan de la mamá fotógrafa y paro. Pero también les explico lo lindo que es poder disfrutar de esas impresiones y entonces posan con una sonrisa, la cual disfruto capturar y extraño al no tenerlos en casa.

    La más grande recompensa para mi corazón es recibir sus abrazos y sus miradas, escuchar decirme “mami eres la mejor mamá del mundo, aunque todos mis compañeros le dicen eso a sus mamás yo sé que tú eres la mejor”.

    Ahora les confieso que lloro… ¿y es que como no? Ser mamá es lo más bonito que me ha pasado en la vida, tener unos hijos tan amorosos es una gran bendición. Aunque el mayor llegue a los 40 años y sea médico o astronauta, y la menor sea la presidenta de nuestro país, siempre serán para mí los bebés que me regalaron sus primeras sonrisas, esas que solo se llevan en el corazón.

    Foto vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: El grupo de chat de mamás en WhatsApp es un arma de doble filo

    #YoConfieso: El grupo de chat de mamás en WhatsApp es un arma de doble filo

    La tecnología ha venido a revolucionar el mundo, los grandes inventos, descubrimientos que nos asombran, la utilidad que se le ha da a dado a los aparatos ha sido sorprendente en los últimos cincuenta años, es tan grande que mi abuela siente que vive en un futuro que no se imaginaba.

    Si de aparatos modernos hablamos, el celular es una maravilla. Si bien su uso ha ido creciendo en los últimos diez años, ahora podemos hacer muchas cosas con ellos: tomar fotos, escuchar radio, poner un álbum musical, sacar sumas en su calculadora, llevar una lista de compras, navegar en internet y por supuesto, hablar por teléfono.

    A esta moderna forma de comunicación le anexamos los mensajes, que tal los grupos de chat de una famosa aplicación de mensajería que todos conocemos. Las mamás de hoy la utilizamos a diario, no importa el modelo de teléfono que uses, porque cumple con la labor de organizarnos mediante grupos de hasta 100 personas máximo, que prefieren escribir o mandar un audio corto para al grupo de personas, en nuestro caso específico, a los grupos de mamás de la escuela.

    En mi caso estoy en dos grupos, el de mi niña de kinder y el de mi hijo de primaria. En los dos grupos hablamos de lo mismo: los hijos y sus actividades. Así por ejemplo, si uno de los compañeritos no fue a la escuela la mamá puede saber que pasó en clase o informa que su hijo está enfermo; también hablamos de la próxima fiesta infantil y nos extendemos la invitación.

    Porque ahora vivimos un momento en el que las invitaciones a las fiestas de los chicos se comparten vía chat y solo en algunas ocasiones especiales se siguen repartiendo en papel, cada quien sus gustos.

    ¿Qué más compartimos en los chats de mamás? Fotos de las excursiones, visitas a los museos, fiestas de cumpleaños, calendarios y eventos de la escuela, saludos, felicitaciones, comentarios y demás temas en los que las mamás nos volvemos expertas. A veces hablamos mucho, otras veces el desierto es más ruidoso, pero lo que no me queda duda es que los grupos de chats se han vuelto aliados de todas las mamás del mundo.

    Lo único que le digo a mi hijo es que los “grupos de mamás en el celular” no son para pedir la tarea cuando se le olvida anotarla. Ya que los niños pueden confundir esta herramienta con su falta de responsabilidad, cuando es su deber traerla todos los días.

    Si bien pude solicitarla a una mamá como ya lo había pasado antes, decidí mantenerme firme y decir “esta vez no”. Se fue sin tarea a la escuela al día siguiente y con una gran nota para la maestra de que no hizo la tarea porque no la anotó, ¿pero saben qué? No ha vuelto a pasar.

    Fue así como entendió que el “grupo de mamás del celular” -como él le dice- no es para resolverle sus olvidos escolares, si no para proveernos apoyo entre las madres.

    ¿Tu cómo usas tus grupos de chat de madres?

    Foto Cortesía Disney Babble Latinoamérica.

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Tener todo organizado, es mi obsesión

    #YoConfieso: Tener todo organizado, es mi obsesión

    Cuando era niña recuerdo que pensaba que cuando fuera grande quería ser bibliotecaria, pensarán “que aburrido”, bueno, es que a mí me encantan las bibliotecas, las librerías, la mezcla de olores de libros viejos y libros nuevos, ver el orden que allí impera y el complejo trabajo de tener todo organizado para que quien lo necesite encuentre el libro en el lugar exacto donde tiene que estar.

    Muchos años compartí recámara con mi hermana, y ella es más bien desorganizada, era un constante pleito el tener la mitad de la habitación en orden y la otra en desorden, supongo que es común entre hermanas, ahora lo recuerdo y me da mucha risa.

    Esa manía de tener todo en orden la he mantenido hasta mi adultez con el acomodo de la ropa de mi esposo. Comienzo por ejemplo con las camisas, a veces las cuelgo en bloques de camisas manga larga, camisas manga corta, camisas sport, camisetas; chamarras y suéteres en la esquina y a la mano si es necesario.

    Otra opción es que hago un arcoíris de camisas de colores, así entonces selecciona la que se quiera poner a como le pinte el día. Los pantalones los organizo en de vestir, casuales, jeans y más alejados los que no me gusta que se ponga. En fin que podría seguir hablando de ese clóset, entre zapatos, cinturones y demás cosas, que para mi satisfacción personal tiene que estar organizado como si fuera de tienda departamental.

    Otro aspecto que tengo que tener en orden para mi paz mental es mi computadora, con mi trabajo como redactora tengo cientos de documentos de texto, así como fotos, apenas hace unos días los puse orden. Pude reorganizar mi información mediante títulos y fechas, también depuré las fotos ya publicadas.

    El álbum de fotos sigue creciendo…

    En mi archivo personal fotográfico estoy peor, comencé con mi acervo de fotos digitales en 2004 y no he parado, tengo casi 20 mil fotos y cada que me enfrento a esa carpeta pienso “tengo que organizar”. Sé que es un trabajo arduo y que solo puedo hacer yo, así que es uno de los trabajos que dejo para cuando tenga tiempo.

    En cuanto a los niños casi siempre tiro la toalla, me pongo a acomodarles carritos, peluches, muñecas, pinturas, libros, juegos de mesa y demás, cada uno en su recámara. Pero más tardo organizando y dejando todo como le gustaría a cualquier mamá, que ellos agarrando cual niño en juguetería y adiós el trabajo de horas o incluso días, bueno, al menos lo intento.

    El stress que me provoca ver los platos en otro lugar de la alacena, los recibos de cuentas en diversos cajones de la casa o los útiles escolares de los hijos en los lugares más inusuales, hacen que confiese que tener todo organizado en mi obsesión.

    Foto Via

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Llegó la hora de recuperar mi figura

    #YoConfieso: Llegó la hora de recuperar mi figura

    Comencé el año comiendo recalentado, pasando por rosca, refrescos, postres y demás cosas deliciosas pero poco o cero nutritivas. Me di permiso de comer, sin exagerar de lo que se me antojara, por eso son vacaciones y fue así como despedí el año entre reuniones familiares y cositas ricas para disfrutar.

    Así que en enero ya recargada de pilas (y de kilos) necesito trabajar en mi detox alimenticio sin quejarme, y es que no me gusta fallarme a mí misma.

    Hace un año escribí este post: “¡Hoy sí comienzo la dieta!… ¡En serio!”, en él hablaba de que extrañaba correr y que quería regresar a mi rutina deportiva en un parque cercano a mi casa.

    Justo ayer revisé mi aplicación del teléfono que contabiliza mis carreras y tiempos, me sentí avergonzada conmigo misma ya que solo fui cuatro veces en todo un año, cuando en mis mejores tiempos de corredora hacía cinco carreras a la semana, me decepcioné.

    Recapitulando por que no iba a correr, tuve muchos pretextos que se me hacían buenos y así iba posponiendo la actividad, entre ellos: “está lloviendo”, “hace mucho sol”, “hay mucho calor”, “anoche me desvelé y necesito descansar o no rindo” y cosas así que pueden parecer válidas de inicio, pero que si las repetimos no hacemos nada para nosotras mismas. ¿Y entonces?

    Después de platicarlo en pareja optamos por una caminadora en nuestra casa, así ya no tenemos pretexto de como esté la mañana, o que si el traslado, o que si el parque está lleno o que no es seguro, entre otras cosas. Por eso llegó la hora de ejercitarme dentro de la casa, ¡ponerme los tenis y a correr aunque sea en fachas mientras veo las noticias! No más pretextos para no mover el cuerpo.

    ¿Detox con jugos? Sinceramente los jugos verdes no son lo mío, de verdad que solo con verlos no me provocan ni tantito. Sé que hay muchas seguidoras de esta tendencia pero lo mío es tomar un rico jugo de naranja o un cafecito con leche por las mañanas para tomar inspiración y hacer mis pendientes laborales y actividades maternales, así que nada, tendré que seguir buscando opciones.

    Continuaré con mi trabajo de medir porciones en los platos de mi familia ya que nos funciona bastante bien. Y es así que la báscula que hoy no quiso encender para darme el peso con el que inicio el 2015 seguramente volveremos a ser amigas y me dará mi mejor peso saludable.

    Foto: Vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Siempre termino de poner sola el árbol de Navidad

    #YoConfieso: Siempre termino de poner sola el árbol de Navidad

    Dime que esto pasa en tu casa también, llegamos al mes de septiembre, un día acudes a una plaza comercial y sorpresa: arbolitos de navidad, luces, esferas, guías, coronas y todo lo que necesites para adornar tu casa en el mes de diciembre, ya está exhibido en los estantes de las tiendas. Pensamos ¿cómo es eso posible?, recordamos que en nuestra niñez, las tiendas se comportaban decentemente y era a mitad de Noviembre cuando los adornos comenzaban a exhibirse. Pero ahora, gracias a los comerciantes, desde septiembre los niños comienzan la cantaleta de ¿mami ya vamos a poner el arbolito?, lo escuchas por las siguientes ocho semanas, para finales de noviembre te encuentras frita de tanta insistencia pre navideña.

    Es así que decides usar tu viejo árbol artificial, les dices a tus hijos que van a recibir el mes de diciembre con la alegría navideña en casa, pero no haces más que pensar en realidad en el trabajo que conlleva y que sabes cómo acabará esa colocación de adornos navideños. Cuando estás lista mentalmente le dices a tu familia que el próximo sábado bajarán los adornos y el arbolito frondoso que espera lo llenen de adornos como todos los años.

    ¡Y el día llegó!

    Los niños se levantan temprano, aún con la pijama puesta te arrastran de la cama mientras pides un poco más de sueño sabatino, sabes que no puedes porque ya eres mamá, así que te tomas tu café por para agarrar energía. ¿Y papá? el sigue durmiendo, sabe que si hay alguien que cuide a los niños muy temprano aunque tenga cuatro horas de sueño esa eres tú, la súper mamá.

    Ya con la cafeína corriendo en las venas pones música que te inspire: “Santa Claus llegó a la ciudad”, “Blanca Navidad”, “Arre borriquito” y demás temas pegajosos alistan una mañana divertida junto a tus hijos para poner por fin el árbol de Navidad como prometiste, nada de posponer la operación “Navidad llegó a mi casa ya”.

    A los niños los ves felices, piensas “vale la pena con tal de ver sus sonrisas”. De las cajas de las cosas de Navidad van sacando las esferas, los adornos, las cintas, la estrella, los muñecos de peluche, la corona y el calendario de adviento. Sorprendiéndose de todo como si fuera nuevo, como si no lo hubieran visto, y así siguen sacando y sacando cosas, dejándolas por todos lados mientras corren y cantan.

    Mientras tú, vas levantando el árbol rama por rama que tienes que abrir para que se extienda, mientras recibes un rasguño en los brazos cada que los colocas, y así todos los tramos que vas poniendo en el tubo que hace de tronco, así es, te llevas casi una hora. Cuando por fin acabas, te preguntas:

    ¿A dónde se fueron tus ayudantes traviesos?

    ¿No que muchas ganas de poner el árbol y los adornos? Los buscas y que los encuentras, allí están sentados viendo una película navideña. Se repite la historia año con año desde que eres mamá, te das cuenta que ya te quedaste sola poniendo el pino de los regalos y que otra vez dices lo mismo “ya me cansé de ponerlo sola”.

    ¿Pero sabes qué? así será mientras los peques crezcan y que el día que ya no se sienten a disfrutar de la película y te ayuden de principio a fin significan que habrán crecido un poco más.

    Será en ese momento en el que dejen de ser los pequeños de la casa y se conviertan en niños grandes y pensarás con nostalgia: “me acuerdo cuando me ayudaban a sacar todos los adornos para decorar la casa y luego se iban a disfrutar con esa película, mientras a mí me tocaba recoger todo lo que habían dejado tirado por todos lados… ¡que bonitos momentos ojalá no hubieran pasado tan rápido!”.

    Seamos felices entonces de que no ayuden mucho todavía, porque eso significará que aún son los pequeños ansiosos que imaginan que adornar la casa con Navidad se hace con magia: la magia de mamá.

    Foto Via

  • #YoConfieso: Tener una mascota nos cambió la vida

    #YoConfieso: Tener una mascota nos cambió la vida

    Hace un tiempo escribí sobre la importancia de tener una mascota en casa, compartía todas las cosas buenas que nos brinda un nuevo integrante en el hogar, que nos llene de gozo y energía. Las opciones son muchas: un perro, un gato, un pez, un hámster, un loro, etc.

    Tiene ya algunos meses que mi esposo y yo veníamos acariciando la idea, tomando conciencia de lo que ello confería: el gasto de la compra, comida, vacunas, veterinario, cama, juguetes, accesorios y demás mundo que existe para las mascotas. Descubrimos cosas que no sabíamos que serían de gran utilidad, como un bloqueador de olores, un tapete de césped para hacer pipí en interiores y demás cositas que va uno conociendo en el día a día.

    Pero sobre todo lo más importante: aceptar que un perro requerirá de nosotros por los próximos 15 años de su vida, que se volverá parte de nuestro diario y que como un niño pequeño necesitará de nosotros la mayor parte del tiempo. Como mamá de dos hijos de alta demanda el temor a lo desconocido, ya estaba superado.

    El plan era -como ya habíamos preguntado en una veterinaria de mi ciudad- acudir a solicitar la raza que queríamos, mi apuesta era un Pomerania lo más pequeño que pudiéramos llevar a casa. Porque mis hijos aunque estaban muy ansiosos de un cachorrito, no estaban acostumbrados a ninguno y les ganaba el miedo a las ganas.

    La recomendación experta

    Era de un perrito de hasta tres meses, para que los peques se acostumbran a la naturaleza del animal sin temores, y con esa idea nos quedamos esperando que llegara el momento.

    Una noche de octubre llegó nuestro perro a casa. Mis hijos estaban durmiendo y por más que les hablé no se movieron ni un centímetro. Un pequeño cachorro que ese día cumplía 4 meses entró a mi casa temblando de miedo, sus colores eran blanco y negro, sus orejas grandes, triangulares y picudas como las de un gato, su primer nombre en casa fue Cat-Dog.

    No fue Pomerania, ni fue comprado, el cachorro llegó a nosotros como un regalo de un familiar de mi esposo y no dudamos en aceptar.

    La mañana siguiente mis hijos despertaron con miedo, pero con muchas ganas de conocer al nuevo integrante de la familia, fue así que dos nombres se pusieron en disputa: Perry y Blanca Nieves… Nuestro pequeño Boston Terrier fue ganándose poco a poco la confianza de mis hijos: mordía, rasguñaba, les brincaba encima para jugar, cosas que los pequeños no estaban acostumbrados y que les parecía amenazante.

    El nombre elegido fue Perry, por “Perry el Onitorrinco” de Phineas y Ferb. Ahora Perry el Boston Terrier reconoce su nombre a la perfección. Ha sido un mes muy arduo donde hemos trabajado la enseñanza de hacer sus necesidades fisiológicas en el jardín y no en las alfombras y tapetes.

    Tiene dos camas, pero aun así prefiere estar sentado junto a nosotros en el mueble de la sala. Estamos conociendo un mundo de marcas de croquetas, vacunas veterinarias, el cuidado de sus ojos y ver su carita triste cuando recibe un regaño.

    ¿Qué es lo mejor que te puede dar un cachorro? ¡Todo su amor!

    He notado el amor que mis hijos le tienen a su “hermano menor”, tras un suceso que puso sus lágrimas al borde, cuando el cachorro brincó el portón en casa de la abuela paterna y se salió hacia la calle. La niña me llamaba con gritos desesperada “Mami, Perry se salió, Perry se salió” mientras el estrés nos ganaba a todos buscando la llave.

    Afortunadamente un vecino cercano nos ayudó a contenerlo. Tras un mes de convivir con mi hijo canino, nos ha enseñado que el cariño se puede dar entre humanos y mascotas, que podemos extrañarlos y preocuparnos por su seguridad, que la vida no la verás igual y que no solo tendrás una mascota si no que todos las demás mascotas del mundo se te harán tan bonitas y buenas que querrás tener cada vez uno más.

    Foto: Any Fuchok

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Amo las zapatillas pero ellas me odian

    #YoConfieso: Amo las zapatillas pero ellas me odian

    Cuando era niña y vi por primera vez los tacones de mi mamá supe lo que era estar enamorada. ¿Qué fascinación provoca en nosotras las mujeres ese par de perfectos zapatos que si bien nos hacen lucir como diosas también nos sacan ampollas? No lo sé, pero ni así dejamos de usarlos.

    Hace unos días estaba en calidad de bulto. Tuve puestos unos botines que tienen solo ocho centímetros en el tacón, anduve entaconada de 8 am a 11 pm en diversos eventos y creo que ya no doy ese trote. En mis tiempos cuando no era mamá, usar zapatillas y hacer un maratón era cosa de todos los días, hoy decidí volver a guardarlos en lo más profundo de mi closet. #LibreSoy. 

    ¿En qué  momento pase de zapatillas de 10 cm a tenis, sandalias y flats?

    Cuando trabajaba en oficina no había nada que me hiciera quitarme las bellas pero mortales máquinas de tormento humano, como dice la canción “Antes muerta que sencilla”. Fue así como logré acumular un grosero número de pares solo para mi uso y disfrute, y como no, si solo aguantaban los pocos kilos de una mujer que no se imaginaba que sería mamá.

    “Tac, tac, tac”, así se escucha el ruido de los tacones por el piso en la oficina, ni idea que estamos dando paso a callos por la presión de la punta; juanetes (martillos) debido a que se fuerzan los dedos y problemas en la columna vertebral por la inclinación del cuerpo hacia adelante. Son los riesgos a la salud más importantes por uso de estos bellos instrumentos de placer femenino, llamados sutilmente zapatillas, tacos altos, tacón de aguja, stiletto o pumps, de cualquier forma la palabra la decimos con amor y suavecito.

    Y un día, cuando me convertí en mamá y tuve que cargar a mi pequeño bebé, abrí el closet y pensé “¿qué rayos voy a hacer con tantas zapatillas?”, en ese momento las sandalias que utilizaba al final del embarazo, por eso de los deditos gordos, se convirtieron en mis mejores amigas, y así poco a poco, fui cambiando mi estilo para dar paso a flats, tenis, sandalias de diario y de vestir.

    Mis zapatillas se fueron empolvado y quedando en el olvido, no sé quiénes estarían más tristes, ellas o yo, y para que tuvieran un mejor uso y no se quedaran sin lucir cual hermosas que eran, las fui regalando par por par, hasta que me quedé con las consentidas que uso para ocasiones espaciales. Hoy abro mi closet y veo muchas sandalias de piso, flats, tenis, tacones medianos y muy pocos tacones altos, en ese orden.

    Y no lo digo de manera triste, sólo que el recuerdo de mis días en zapatillas en la oficina lo cambié por un recuerdo diario de caminar de la mano con mis hijos y verlos más cerca a los ojos. Amo las zapatillas, y aunque ya no somos las mejores amigas cuando nos encontramos me hacen sentir feliz, sexy y femenina… aunque luego me pasen la factura.

    Foto: Flickr/Sharon Durthaler

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: He vivido la presión de ser la madre perfecta

    #YoConfieso: He vivido la presión de ser la madre perfecta

    Vivimos en un mundo donde los estereotipos predominan. Nos esforzamos en ser mejores cada día en todos los aspectos: en los estudios, en el deporte, en comer los alimentos más saludable, en tener el mejor coche… eso y más, pero hacerlo todo bien, casi perfecto.

    Eso nos agobia, nosotras como madres tenemos el compromiso de criar niños seguros y felices, ¿pero cómo saber cuándo nuestras expectativas van creciendo sin control a modo de querer convertirnos en una madre perfecta? esto que a la larga puede llegar a afectarnos emocionalmente como mujeres y claro está, también dañar a nuestra familia.

    Yo alguna vez quise ser la madre perfecta y esto era lo que más me preocupaba:

    • Comida perfecta

    Buscaba que la alimentación de mi familia fuera la mejor: la más nutritiva, cero grasas, cero comida chatarra, adiós refrescos embotellados, bienvenido el aceite de oliva, el consumo de harinas dosificado. Buscaba recetas, decoraba los platos, integraba productos nuevos a mi comida diaria… dejé de un lado las recetas de mi mamá que me habían hecho tan feliz de pequeña y que incluían muchas calorías pero también muchas sonrisas. Hoy ya comemos con más libertad, considerando que no es malo comer unas papas o unas galletas mientras equilibremos con la comida que mamá hace en casa que siempre es la mejor para la familia, mientras que las comidas en casa de la abuela son las que más gozan los nietos, increíble ¿verdad?

    • Casa perfecta

    Todo en orden, no podía ver juguetes tirados, eso de “deja que se caiga la casa si estás enferma” no entraba en mi plan organizacional de vida. Cojines de la sala en su lugar, en el refrigerador no podía estar la mayonesa porque su lugar era la alacena, la ropa sucia en el bote correcto, los cargadores de los celulares en un solo lugar ¿así o más rígida? ¡No sé cómo no me explotó la cabeza!

    • Tareas perfectas

    Lo que le pidieran a mi hijo en la escuela lo llevaba correcto, si era un disfraz de Halloween yo buscaba el que consideraba más bonito, que si la piñata del cumpleaños de Cars buscaba la más grande, que si el pastel de la nena pues el más delicioso de mi ciudad para que compartiera con sus amiguitos, que si la clase de natación llegábamos puntuales para cumplir los ritmos perfectos. Lo escribo y me sorprendo.

    • Hijos perfectos

    ¿Qué mamá no ve guapos a sus hijos? ¿Quién no quiere que siempre estén como de portada de revista de moda infantil? Bueno, yo era de esas mamás, y creo que mis hijos me aguantaron mucho en su tierna infancia cuando los tenía listos y ‘peinados con raya en medio’ tal cual estuvieran para foto. Hoy disfruto verlos correr descalzos y en ropa interior por toda la casa.

    • Madre perfecta

    Intenté cumplir con todos mis roles a la perfección: madre, esposa, hija, hermana, amiga, profesionista y lo que se acumulara. Cuando todos ellos estuvieron cumplidos entonces me volteé a ver y traté de poner a la Any perfecta y no pude. ¡Estaba haciendo de mi vida una pesadilla y no me estaba dando cuenta!

    Tuve una gran caída emocional y me puse en orden conmigo misma, me planté que la perfección no existe y que la vida hay que vivirla un día a la vez, en calma, relajados. Despedirse de la rigidez, atendernos a nosotras mismas para poder entonces ofrecer a la familia nuestra mejor versión, la que ellos se merecen.

    Recordar que no solo somos mamás, si no que antes fuimos mujeres, que si bien ahora estamos viviendo nuestro mejor papel lo representemos sin temor a equivocarnos, de gozar las sorpresas y de disfrutar a nuestros hijos cuando nos pidan comer un helado de dos bolas sin complicarnos la cabeza por temor a una enfermedad de la garganta que aún no existe.

    ¡Ser imperfecta es la más grande belleza!

    Foto: Flickr/RenaudPhoto

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: ¡Quiero vacaciones de las vacaciones!

    #YoConfieso: ¡Quiero vacaciones de las vacaciones!

    Solo pensar en el momento llena de gozo el alma, y es que, ¿quién no desea disfrutar de tiempo con la familia? salir de la ciudad, sentir el sol, reconfortantes paseos, agua dulce de los ríos o agua salada del mar, bebidas deliciosas y todo dentro de una frase con nombre y apellido: “Vacaciones de Verano”. Todavía estamos en los últimos días de disfrute que nos marca el calendario escolar, muchas familias viajan esta semana a puntos turísticos para recargar energías, ¡al menos eso es lo que se pretende!

    Las vacaciones a mi gusto tienen tres etapas

    Los días previos. Son aquellos cuando comenzamos a preparar las maletas, hacer check con la ropa de los niños, no olvidar el protector solar, la cámara de fotos y demás cosas. ¿Llevas la ropa interior suficiente de la nena? ¿Los pañales contabilizados del bebé? ¿Las medicinas por si le da tos o gripe? Desde allí comienza el stress, pero todavía disfrutamos el placer de la organización. Buscar la ropa fresca, las sandalias más coquetas, todo lo que te sabes que te servirá en el destino y que no tengas necesidad de salir a comprarlo, vaya porque a nosotras no se nos va nada.

    Los días de vacaciones. Llegaste al sitio, el hotel está muy bello, el calor más fuerte de lo que pensabas pero eso es lo bonito, disfrutar del verano como Olaf. Un día disfrutas de la alberca, otro día atacas el buffet, otro día las zonas turísticas, otro día la ciudad, y así… la playa se vuelve tu hit cuando en ese momento checas el calendario de tu celular y notas que solo te quedan dos días en el lugar ¿cómo pasó el tiempo tan rápido?

    Te tiras cual iguana al sol a disfrutar de una piña colada… otra más… los niños llegan corriendo y dicen “mami, mami, métete a la alberca”, volteas a ver al padre con cara de “¿What?” cuando tras tus lentes oscuros lo observas que solo te dice mediante señas “relevo”, ok bueno ni hablar, ¿cuál descanso?.

    Así tu día, desayuno de waffles, huevos, chilaquiles, frijolitos, fruta, pan, café… más alberca, jugar con los niños, platicar con el marido, más agua de alberca, más brincos, vuelves a comer, sales a caminar, las horas siguen pasando y el cansancio de las vacaciones aunado a la tristeza de dejar el paraíso se hacen presentes.

    El último día de la estancia es la mamá quien se pone las pilas con las maletas (como siempre) y pone junta la ropa limpia, separada la ropa sucia, guarda zapatos, sandalias, trajes de baño, cepillos de dientes, compras, regalos para la abuelita, cámara, llaveritos que los niños necearon en la plaza comercial y la lista sigue… ¿No se nos olvida nada? Pides ayuda a gritos, mientras la familia poco coopera o ve televisión tras quemarse la espalda por falta de bloqueador, y es que no lo reconoces, ¡traen un color muuuy serio!

    Mientras el esposo dice: “Ya metiste los boletos, checaste el horario, no nos vaya a dejar el autobús/avión”, claro que también eso está organizado por la súper mamá que no deja que nada se le escape, ¡Dios nos dio ese súper poder!

    Los días post vacaciones. ¡Aaawww! Nos cargamos un dolor de cuerpo que ¡Dios nos cuide!, pero bien que nos atrevimos a la moto de agua, caminamos como desesperadas buscando cosas bonitas por los pasillos de la plaza comercial, y nadamos como náufragos alrededor de toda la alberca con nuestros niños.

    ¿Y la panza? Bonita, redonda y brillante que parece que tenemos al menos cuatro meses de embarazo, eso de comer libremente en vacaciones no debería estar permitido por el gobierno, ahora nos tocará aplicarnos con una dieta marca ‘morirás’ y hacer unos 5 kilómetros diarios sin excusas ni pretextos para volver al camino saludable.

    El marido de regreso al trabajo y como por arte de magia se carga de la energía que de allí emana y desaparece la sonrisa vacacional; los niños siguen felices brincando porque la energía no acaba para ellos, y es que así funciona esto del verano, como un sueño del que no queremos despertar.

    Y es por eso que digo: ¡quiero vacaciones de estas vacaciones!

    PD. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

    Foto: Flickr/Neil Rickards

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: ¡Adiós talla cero!

    #YoConfieso: ¡Adiós talla cero!

    Yo confieso pero no me consuela, esa es la verdad. ¿Pero por qué Dios hizo la comida poco saludable tan deliciosa? ¿Por qué los tacos al pastor no son light? ¿Por qué los pasteles de chocolate no saben a la medicina más fea para que no los quisiéramos ni oler? Son de esas incongruencias de la vida que aún no entendemos.

    Cuando estaba soltera sin hijos no sabía lo que era un plato balanceado, comía lo que mi mamá cocinaba sin pensar que lo había hecho con manteca de cerdo (como le enseñó mi abuela). Ni pensar lo que le estaba haciendo a mis venas y mucho menos a mi estómago que estaba feliz hacia adentro, cuando podía presumir de un ombligo sexy y carismático a la hora de ponerme un traje de baño.

    Toda la ropa me lucía bien, al menos así me sentía: sexy, guapa, varita de nardo, con ganas de explotar mi talento y con ganas de comerme al mundo… bueno, ¡que los sueños se realizan o se posponen pero no se olvidan!

    Y así, sin saber que ese pantalón talla 26 quedaría en el olvido de mi closet, allá arrumbado esperando mejores tiempos… que creo nunca regresarán.

    Un día, la chica que se sentía sexy, guapa, varita de nardo y con ganas de comerse al mundo se convirtió en mamá, y con 12 kilos arriba sufrió la primera depresión post parto cuando creyó que saliendo el niño se pondría de nuevo sus jeans favoritos… ¡gran error! Tuvieron que pasar nueve meses, y con ayuda de la lactancia materna exclusiva y prolongada puede bajar los 12 kilos que me había hecho subir el primogénito. Eso sí, las caderas un poco más pronunciadas donde antes no había mucho; en la fiesta de mi primer hijo pude lucir como estaba antes de embarazarme, ese fue un logro que todavía no olvido.

    De tan flaca, tan flaca…

    Pues uno empieza a comer con un “supuesto permiso de flaqueza”, hasta que ves que ya no pesas lo mismo, y que a todo lo que le entraste con gusto y alegría ya te han hecho subir 10 kilos. Los cachetitos aparecen y los rollitos de la espalda no sabes cómo  esconderlos así que adiós a las blusas pegadas. Tan linda te ves que viene el premio, ¡otro embarazo! y a subir lentamente otros 12 a 15 kilos más… mientras tanto a seguir disfrutando los antojos propios del embarazo, ¡uff!

    Y de nuevo el mismo ciclo: nace el crío, bajas con ayuda de la lactancia y te estancas. Luchas por hacer ejercicio pero acabas tan cansada la jornada que lo único que quieres levantar de peso es el del edredón de la cama y a dormir. ¿Correr por las mañanas en el parque? ¿Qué es eso? ¡Correr por la mañana pero para ir a llevar a tus hijos a la escuela, eso sí es correr! Haces un esfuerzo por comer todo lo verde, las ensaladas, las verduras, los jugos… hasta que se te presenta un hot cake dominical y piensas: “bueeeno, solo por hoy”. Así te vas, por la vida, entre comiendo sanamente en casa y dándote gustos los fines de semana.

    Pero es que, ¿Qué sería de la vida si no pudiéramos comer un rico helado de fresa? ¿Tomar un refresco que no sea de dieta? ¿Probar una rebanada de pastel en una fiesta? yo creo que sí podemos hacerlo y también creo en la famosa frase “con medida”, por ejemplo la rebanada de pastel compartirla con tu hijo e hija en vez de pedir una rebanada para cada quien y así quitarse el antojo.

    Estoy resignada a pensar que no volveré a tener el cuerpo de soltera, me gusta aceptar que tengo el cuerpo de una madre con dos hijos que se permite disfrutar de las cosas ricas de la vida aunque ya no sea una talla cero, soy una talla de mamá real.

    Foto Flickr/Yarden Sachs

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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