Los sábados por la noche acabamos más que cansadas, es el día de la semana en que agarramos ruta de parques de recreo, plazas comerciales, supermercado y si se puede hasta el cine. La energía de los niños es inagotable, no así la de nosotras las madres, que a las tantas de la noche ya pedimos esquina del pesado día.

Lo único que buscamos es darnos una ducha, dormir a los niños y nosotros detrás de ellos cayendo como troncos en la cama.

Y así, tras caer en los brazos de Morfeo, comenzamos a soñar que estamos en un spa o en una playa, disfrutando de sol y de la tranquilidad del mar, el ruido de las olas nos acaricia hasta que sentimos que se nos mueve la tierra y la arena nos traga, escuchamos ruido de fondo y nuestra tranquilidad se termina.

¿Qué es lo que pasa? ¡Nos preguntamos ansiosas! Y no es otra cosa que los brincos de los niños que llegan a nuestra cama, quienes pareciera que con reloj en mano se levantan lo más temprano posible, un día que podemos decir que fue hecho para estar en pijamas.

Sale la voz de zombie

Nos sale una voz de fondo, una voz a modo de susurro que suena más parecida a la de un zombie que dice “niñooos, váyanse a dormiiir que hoy es domiiingooo”. Los niños ni caso nos hacen, entran a la recámara de los padres, los despiertan con risas, llevan sus juguetes y se estacionan al pie de la cama.

Si mamá no hace caso a los ruidos y ya se puso la almohada sobre la cabeza entonces optan por besos y abrazos, a los que la autora de sus días no puede negarse aunque el sueño haya estado fenomenal.

Historias como esta, son las que vivimos domingo a domingo todas las mañanas quienes somos madres de niños en edad escolar. Solo hay algunas afortunadas quienes orgullosas cuentan que sus peques las dejan dormir al menos un par de horas extras los fines de semana.

¿Pero que impulsa a los niños a levantarse los domingos a primeras horas de la mañana como si fueran a la escuela? ¡No es otra cosa que el reloj biológico! Su cuerpo está tan acostumbrado a la rutina mañanera que ni nosotras nos salvamos de este hecho, lo que todavía no entiendo es ¿porqué entre semana cuando hay clases es más complicado despertarlos?

Y mientras tanto los años pasarán y todos nuestros domingos familiares serán así, pero eso sí, llegará el día en que todos en el hogar disfrutaremos de un completo sueño reparador al unísono. Sin prisas para desayunar, sin prisas para sacar a la mascota, sin prisas para ver las caricaturas, ¡pero eso sí, con las ganas de querernos como todos los días!

Foto Flickr/Lars Plougmann

Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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