Etiqueta: ser madre

  • Ser madre es un plus

    Ser madre es un plus

    Cuando hemos llevado una vida laboral antes de ser mamás, muchas de nosotras nos tomamos un tiempo para poder disfrutar de nuestro bebé, pero ¿Qué pasa cuando deseamos reintegrarnos al trabajo y en el currículum no es posible integrar nuestro aprendizaje como madres?

    Si bien no es reconocido ni remunerado como un trabajo u oficio, es cierto que las mujeres tenemos un cambio de vida tras ejercer la maternidad: adoptamos capacidades que no sabríamos que podríamos realizar y que bien deberíamos anexar a nuestra forma de vida. Esas capacidades son:

    • Dotes de organización
    • Tomar la iniciativa cuando las circunstancias lo exigen
    • Desprender energía positiva
    • Motivación a los compañeros
    • Capacidad de gestión
    • Sin miedo de asumir riesgos
    • Persona polivalente y con inteligencia emocional

    ¡Todas ellas tomadas del aprendizaje de criar niños! Mi sentí muy identificada con este video de la fundación Hirukide, quien promovió este video como un homenaje a todas las madres en su día. ¡Te encantará!

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  • La mamá mas mala del mundo

    La mamá mas mala del mundo

    El periodista Mariano Osorio nos comparte una hermosa reflexión sobre el trabajo de las madres. Si ves a tu madre en esta enseñanza o si te gustaría emularla te invitamos a compartir este contenido para que llegue a más mamás. Cada que lo leo no puedo dejar de pensar en mi mamá y que como muchas de sus leyes se han convertido ahora en las mías ¡y lo que aún me falta ver con mis hijos! Te aseguro que te encantará.

    Yo tuve la mamá más mala de todo el mundo. Mientras que los niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado.

    Cuando los demás tomaban refrescos gaseosos y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer emparedado. Mi madre siempre insistía en saber donde estábamos. Parecía que estábamos encarcelados. Tenía que saber quienes eran nuestros amigos.

    Insistía en que si decíamos que íbamos a tardar una hora, solamente nos tardaríamos una hora. Me da vergüenza admitirlo, pero hasta tuvo el descaro de romper la ley contra el trabajo de los niños menores. Hizo que laváramos trastes, tendiéramos camas, y aprendiéramos a cocinar y muchas cosas igualmente crueles.

    Creo que se quedaba despierta en la noche pensando en las cosas que podría obligarnos a hacer. Siempre insistía en que dijéramos la verdad y solo la verdad. Para cuando llegamos a la adolescencia ya fue mas sabia, y nuestras vidas se hicieron aun mas miserables, se volvió posesiva.

    Nadie podía tocar el claxon para que salieramos corriendo. Nos avergonzaba hasta el extremo, obligando a nuestros amigos a llegar a la puerta para preguntar por nosotros. Mi madre fue un completo fracaso. Ninguno de nosotros ha sido arrestado. Cada uno de mis hermanos ha servido a su patria, y ”A quién debemos culpar de nuestro terrible futuro? Tienen razón, a nuestra madre.

    Vean de todo lo que nos hemos perdido. Nunca hemos podido participar en una demostración y actos violentos y miles de cosas mas que hicieron nuestros amigos. Ello nos hizo convertirnos en adultos educados y honestos. Usando esto como ejemplo, estoy tratando de educar a mis hijos de la misma manera.

    Verán doy gracias a Dios por haberme dado “La mamá mas mala del mundo”.

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  • Antes de ser mamá

    Antes de ser mamá

    Esta bella reflexión del locutor Mariano Osorio es una de las favoritas de las mamás mexicanas. Nos narra el antes y después de convertirnos en madres, con esa narrativa tan propia del comunicador veracruzano, quien es conocido por sus temáticas dirigidas a la familia y su bienestar.

    ¡Comenta que te parece en los comentarios!

    Antes de ser Mamá;
    yo comía mi comida caliente
    mi ropa lucía planchada y limpia todo el día
    podría sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.

    Antes de ser Mamá;
    me dormía tarde tan tarde como quería
    y jamás me preocupaban las desvelas
    cepillaba y cuidaba mi pelo
    lucia uñas largas y hermosas
    mi casa estaba limpia y en orden
    no tenia que brincar juguetes olvidados por todos lados.

    Antes de ser Mamá;
    no me apuraba si algunas de mis plantas era venenosa
    ni pensaba lo peligroso de las escaleras
    o las esquinas de mis muebles
    no dejaba tiempo de consultas mensuales con el médico
    ni consideraba si quiera la palabra vacuna..

    Antes de ser Mamá;
    no tenia que limpiar comida del piso
    ni lavar huellas de pequeños deditos marcados en los vidrios
    dormía toda la noche y los fines de semanas
    eran totalmente relajados.

    Antes de ser Mamá;
    no me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica
    no tuve jamás que detener lágrimas en mis ojos
    una piernita que sería inyectada.

    Antes de ser Mamá;
    yo nunca sentí un nudo en la garganta
    al mirar a través de unos ojos llorosos y una carita sucia
    no conocía la felicidad total
    con solo recibir una mirada
    no pasaba horas mirando la inocencia dormir en una cuna.

    Antes de ser Mamá;
    nunca sentí que mi corazón se rompiera
    en un millón de pedazos
    al no poder calmar el dolor de un niño
    nunca supe que algo tan pequeño
    podía afectar tanto a mi mundo.

    Antes de ser Mamá;
    yo no conocía el sentimiento que provoca
    tener mi corazón fuera de mi cuerpo
    yo no sabía que tan especial me sentiría
    al alimentar a un bebe hambriento
    ni sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo.

    Antes de ser Mamá;
    no imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor
    no imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería
    ni imaginaba la satisfacción de ser mamá
    no sabía que yo era capaz de sentir tanto
    y hoy no imagino mi vida sin esa pequeña sonrisa pícara y traviesa
    sin esa huella de chocolate en la pared
    sin ese olor pureza
    sin escuchar de unos pequeños labios
    esa palabra breve e inmensa a la vez
    ¡Mamá!

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  • Ser Madre, de Isabel Allende

    Ser Madre, de Isabel Allende

    Uno de los textos más bonitos que describe la maternidad y sus caminos, fue hecho por la escritora chilena Isabel Allende, de quien Wikipedia indica que «es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras desde 2004, que obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país en 2010, y que es autora de superventas, la tirada total de sus libros alcanza 65 millones de ejemplares y sus obras han sido traducidas a 35 idiomas. Es considerada la escritora viva de lengua española más leída del mundo.»

    Es mamá de Paula (1963) y Nicolás (1967), ambos nacidos en Chile, quiénes le dieron la inspiración para que ella creara este texto que ha sido referencia para muchas madres de habla hispana sobre el amor de una madre, ese sentimiento eterno y complicado que se refleja en estas letras que hoy te comparto.

    Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en Madre.

    La naturaleza la ha dotado a mansalva del instinto maternal con la finalidad de preservar la especie. Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula y llorona sería arrojarla.

    Pero gracias al ‘instinto maternal’ la miraembobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años. Después se preocupará por ella toda la vida.

    Ser Madre es considerar que es mucho mas noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.

    Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, y que tomen leche.

    Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias, sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada…

    Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega, hacerse la dormida para no fastidiar, aunque no siempre es facil y alguna vez te pillan despierta.

    Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas.

    Es llorar cuando ve a los hijos contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo.

    Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.

    Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan. Es decir, que ‘son cosas de la edad’ cuando la mandan a volar.

    Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida.

    El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho y decirles lo mucho que la quieren. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano.

    Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.

    ¿Qué te parece?

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  • El instinto materno camino al parto

    El instinto materno camino al parto

    Cuando estamos a punto de ser madres y las dudas y nervios nos invaden, podemos sentir que el mundo se nos cierra y que se nos avecina un gran problema en vez de la luz de nuestras vidas, que es lo que se convierte nuestro hijo al momento de verlo a los ojos.

    Las experiencias de las madres, las abuelas y las amigas, si bien sirven no hay nada mejor que seguir el instinto propio, el instinto natural, que nos hace elegir entre una lactancia materna exclusiva a una lactancia artificial.

    Así también sucede con el parto humanizado, donde nosotras tenemos en nuestra voz, la opción de seguir la completa indicación del médico (que bien puede sugerir un parto medicalizado o una cesárea sin razón) o seguir ese sexto sentido del que estamos dotadas las madres, solo nosotras y si la salud de ambos no está en juego, tenemos la fuerza de elegir con nuestra voz, ¡no la apagues!

    Mi primer parto no fue malo, pero la inexperiencia me hicieron tomar malas decisiones, no tan naturales como sucedió con mi segundo parto con la nena.

    Esta segunda luz, fue más querida, menos temida, más natural. La voz la tuve yo, tomé mis propias decisiones que fueron respetadas por mi ginecólogo y pediatra. Es importante elevar los deseos para que se cumplan.

    Tu instinto te dirá que hacer, la humanidad ha crecido así, el parto natural, la lactancia y la crianza han sido los bastiones desde las épocas ancestrales para llegar hasta estos tiempos, que no son malos, solo que hay que aprender a escuchar nuestra voz interior que nunca se equivoca.

    Si bien mis partos han sido naturales, me quedé con muchas cosas que quise hacer, ojalá que para ti, si es que estás en la espera, logres que sea como lo deseas. ¡Tu puedes mamá!

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  • Nacía mi hijo, nacía una madre. ¡El día que me volví mamá!

    Nacía mi hijo, nacía una madre. ¡El día que me volví mamá!

    Hoy festejo tres años de mi primogénito, y a la vez también festejo por tres años de maternidad.
    Les comparto un escrito donde les platiqué a unas amigas como fue el desarrollo de mi parto, ¡un cuento de miedo y felicidad!:

    «Chicas, ya no pude venir a poner mi post de «Me voy corriendo al hospital» como hubiera querido, pero ahora sí ya puedo decirles que tengo a mi precioso bebé en casa, lo tuve el 28 de abril a las 9.45 de la mañana. Fue un parto super difícil y aquí les cuento la historia.

    Ya ven que mi último post fue el viernes a medio día y lo titulé «Creo que ya tengo mis primeras contracciones», pues sí, esas eran, y consideraba que podían ser una falsa alarma o nervios. El caso es que me siguieron durante todo el día y el doc estuvo super pendiente de mí por teléfono al igual que mi esposo que seguía en el trabajo, mi mamita estuvo conmigo desde la tarde y ya no se me despegó.

    El caso es que creo que eran como la 8 de la noche y me fui a caminar con mi mamá cerca de la zona por donde vivo hasta que los pasos nos llevaron a una iglesia, estaba terminando la misa, y allí hablamos un momento con el padre y le pedí que nos diera la bendición a mi hijo y a mí porque estábamos con las primeras contracciones. Fué muy bonito, Diosito sabe que pasos tienes que dar y nos llevó para sentir esa paz espiritual antes del parto y la verdad nos sentimos muy bien, hizo el padre una oración donde me tocó la cabeza a mí y otra oración donde me tocó la pancita, fue muy emotivo.

    Ya de ahí regresamos a la casa pasito a pasito y nos pusimos a ver tele para que me distrajera pero nada, el dolorcito seguía, ya no me quedó otra más que levantarme y volví a salir a la calle de la privada donde vivo y seguir caminando porque cada vez eran más fuertes las contracciones. Caminando nos encontró mi esposo, creo que eran como las 12 de la noche, el pobre se tuvo que salir del trabajo y nos llevaba cena, con esa idea entramos a la casa, servimos la mesa y todo, eran unos taquitos de carne asada que olían delicioso, ya me los saboreaba, cuando me siento en mi silla y ¡zas! que me sale un chorro de agua con sangre y casi casi me desmayo, pensé «¡ya se me rompió la fuente!»

    Salió mi esposo disparado por el teléfono, mientras yo me paraba de la silla y me ponía contra la pared y me seguía saliendo aguita, como cuando uno hace pipí, no crean que un super chorro. Inmediatamente localizó al doc y le hizo preguntas, que si era agua con sangre, que si que cantidad… mientras yo seguía petrificada sobre la pared del comedor con mi mamá a lado.

    Me quité el calzoncito y el short y de inmediato me fuí a cambiar porque el doc nos dijo que ya era el momento de irnos al hospital pero que antes pasaba a la casa a revisarme. Cuando llegó ya estaba lista con mis pants y mi famosa maleta, con dolores más fuertes y me dijo que me tenía que revisar, que subiéramos a la habitación. Allí me hizo un tacto dolorosísimo, y me dijo que tenía 2 cm de dilatación, pero que veía que ya no aguantaba y que si quería nos íbamos al hospital para ponerme algo contra el dolor. Mi umbral del dolor es bajísimo, no aguanto un pedicure o las luces del cabello sin estarme quejando, pero eso sí, yo muy macha quería mi parto natural… pero con la grandísima ayuda de la epidural, y así lo hicimos.

    Ya en el hospital los dolores se acrecentaron, y me pusieron la epi, que me hizo descansar un poco. Mi mamá y mi esposo se turnaron para cuidarme en la madrugada. Quizá a eso de las 6, el doc me volvió a hacer el tacto y me dijo que estaba contento porque había pasado de 4cm a 7cm muy rápidamente, que él le calculaba que a las 9 o 10 am nacía mi pequeño. Yo estaba como una loca y ya no aguantaba los dolores, el doc me autorizaba más epidural, aunque ya platicando ahora con mi mamá creo que me ponía dosis super pequeñas solo para tranquilizarme, y claro, que yo en ese momento me sintiera mejor y creyera que me ponían más… en fin.

    A las 9 de la mañana llegó mi hora cero. Me trasladaron a la sala de expulsión. Mi esposo fue por un lado a ponerse en trajecito verde que se ponen los médicos, mi mamá se me perdió y me dió mucho coraje porque el doctor me había autorizado que ella entrara también, pero como no supe que se quedó haciendo ya no pudo entrar después. En esa sala fría del Hospital Ángeles, estaba mi esposo, mi ginecólogo, su ayudante (otro ginecólogo más joven), el anestesista y la enfermera, claro, y mi chiquito y yo, listos para la expulsión!.

    ¡Fue traumático! No lo puedo explicar de otra manera, ni tampoco quiero asustar a las futuras mamás, soy primeriza y la verdad aunque lees y lees y ves el Discovery Home & Health todos los días, el famoso programa de Sala de Maternidad, ¡no hay como tu propia experiencia!

    Para empezar los dolores eran los perores que había tenido en mi vida, le pedía a mi doc más anestesia y recuerdo que me dijo, «te voy a poner más (anestesia) solo porque me caes bien», y esa fue la última vez que me introdujo el santísimo líquido, frío, que recorrió mi columna, ¡pero que sentía que ya no servía para una fregada!

    Algo pasó, según mi doc no estab pujando, y yo sentía que lo hacía con todas mis fuerza y nada. El doc tuvo que hacer uso de una técnica de la cual no recuerdo su nombre, pero consiste en presionar el abdomen para ayudar a bajar al bebé, pues mi doc es un hombre grande y robusto y sentía que me moría cuando se subía sobre mi panza y me hacía presión y me decía «¡puja hija!», yo daba unos alaridos que ahorita de acordame me da risa y hasta pena.

    Mi esposo no soltaba la cámara, y estaba pendiente grabando todo el momento. Así estábamos entre el pujadero y la presión hasta que asomó un pedacito de cabeza y el doc le cortó un mini mechoncito de cabello que le pasó a mi marido y el me lo puso frente a mi cara en la bata del hospital para que lo viera, me quedé inmovilizada, pensé: «¿Tiene pelo?!… ¡pero nos habían dicho que venía pelón!». Yo no se, pero como que eso me dió fuerza y seguí pujando y encontré unas agarraderas que no había visto y de allí me tomé para pujar y surtió efecto.

    Luego entre lágrimas de dolor y sacando fuerzas del alma para pujar escuché emocionado al doc que decía, «ahí viene la cabeza, sigue pujando», y ahí seguía yo y paraba cuando me lo indicaban. Hasta que en una de esas me dice «ahí viene… puja… puja!!» y zas, que siento que sale la cabeza y con ella media vida mía, y luego escuché «ahora deja de pujar», ¿yo? hecha un mar de llanto y también con un poco de alivio por la salida de la misma. «Ahora vas a pujar otra vez, con esta sale», dijo de nuevo, y que vuelvo a pujar con la otra mitad de mi alma y que ¡zas!, salieron los hombros y con ellos todo mi pequeñito… solo escuchaba la voz de emoción de mi marido que con cámara en mano decía «ahí está… ¡ahí está Chiquitín!».

    Y sí, ahí estaba Chiquitín, quien fue recibido por su pediatra y se lo llevaron a auscultación y mi marido se fue detrás de él con todo y cámara porque le dije que no se le despegara (¡no lo fueran a cambiar!), y yo mientras… ahí… con las piernas hacia arriba y los doctores entre ellas prosiguiendo con el trabajo, la expulsión de la placenta, que ni fuerzas tuve para expulsarla y ellos me movieron el flácido estómago como si fuera una falda para que saliera, la verdad ni cuenta me di… luego reparé que me habían hecho la episiotomía, porque sentí como atravesaba el hilo por mi piel, pero sin dolor.

    A los minutos regresó mi esposo y me dijo que el niño estaba bien, que solo lo iban a poner 5 minutos en la incubadora para que agarrara calorcito. Al poco tiempo terminaron la sutura y mi doc se despidió y le di las gracias y le pedí perdón por todos mis gritos y mis llantos, y me dijo sonriente que no me preocupara, que había estado bien y que ya estaba lista para el próximo, ¿que qué? ¡para nada!, ¡en ese momento no deseaba volver a tener un hijo ni en sueños!

    Me llevaron a la habitación y rápidamente se empezó a llenar de gente, yo… pues que puedo decir… más que darles un consejo a todas las que van a tener un bebé: Díganles sin pena ni verguenza  a sus familiares que no quieren visitas al menos el primer día… es pesadísimo, todos te preguntan, «¿como fue?, ¿como te sentistes?» y bla bla bla… yo lo único que quería era descansar, y pasar las primeras horas solo con mi esposo y nuestro hijo, ese era mi sueño y no se me cumplió, ¡y todo por no hablar a tiempo!, y claro chicas, también apoyadas por su mamá o una amiga, pero hasta ahí, ese es mi humilde consejo..

    De allí visitas y más visitas hasta que me llevaron al niño y todo el mundo opinaba como debía darle pecho, hasta una tía que nada que ver me masajeó los senos, ¿se creen?, yo estaba tan cansada que no acaba de reaccionar… la verdad soy una persona que trato de ser siempre cortés hasta en estos momentos, donde la prioridad era obviamente yo ¡y no pude correr a nadie!, ¡ni tampoco nadie entendió que quería estar sola con mi esposo y mi bebé!, en fin así pasé la tarde entre visita y visita y apenas eran las primeras horas…

    Ya para la noche nos quedamos solos, porque le pedí a la reina de mi madre que se fuera a descansar, porque la pobrecita se había pasado todas las contracciones del día anterior conmigo y aparte todo ese día en la habitación sin descansar también. Y ya así, aunque tuve que prescindir del apoyo de mi mamá, pude disfrutar al menos de esa forma de mi nueva familia. Pasamos una noche un poco difícil, entre el llantito y el pecho y las visitas de las enfermeras, pero bueno, al menos fue nuestra primera noche familiar. Así hasta el día siguiente que salimos del hospital como a las 11am que me dieron de alta y comenzamos nuestra nueva aventura como familia y con rumbo a nuestro hogar que ya nos esperaba impaciente, pero esa es otra historia.»

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