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  • #YoConfieso: mi super poder es abrazar

    #YoConfieso: mi super poder es abrazar

    Todas las noches practico la rutina de sueño en casa, lo que combinado con el colecho nos hace descansar mejor como familia, pero como no todos los días son iguales, he tenido noches donde mis hijos no logran conciliar el sueño.

    Las razones han sido varias: preocupación por un examen, excitación por un suceso que les ha ocurrido en la escuela, la emoción por una fiesta al día siguiente, y muchos otros pensamientos que se han agolpado en su cabeza y no los han dejado dormir.

    Es ahí donde hace aparición la super mamá (o sea yo) con sus super poderes. Tras notar que está dando vueltas y vueltas en la cama viene una plática como esta:

    – ¿Qué pasa hijo, no puedes dormir?
    – No sé por qué no puedo mami, ya es tarde y mañana hay que ir a la escuela
    – Ven, te abrazo. Verás que antes de acabar de contar 100 ya estarás dormido.

    Acto seguido, se cambia junto a mamá, entonces mamá carga la energía de su super poder de abrazarlo de cucharita. Los brazos cálidos de mamá envuelven con su super cariño al pequeño insomne, quien comienza a contar del uno al 100 en forma lenta y pausada.

    “Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… ocho…”,  escucho todavía en voz alta, los siguientes números que van escapando lentamente de su boca y creo que no llego a escuchar más allá del 15. El super poder de mamá ha hecho efecto.

    ¿Pero cómo? El pobre niño dando vueltas por mucho rato tratando de concentrarse para dormir, ¿y mamá lo logra en pocos minutos? Bueno, ese es uno de nuestros super poderes.

    El poder del abrazo

    Las mamás sabemos que cuando abrazamos a nuestros seres amados fortalecemos la autoestima de quien lo recibe, comunica sin decir palabras, muestra nuestro amor, solidaridad y apoyo tienen la virtud de calmar nuestros nervios, y por supuesto nos llena de paz y bienestar. Cuando el poder del abrazo viene de parte de una madre, los beneficios se incrementan al doble.

    Es por eso que a todas las personas, grandes y chicos, nos encanta recibir abrazos a lo largo del día. ¿Cuántos de ellos le has dado a tu hijo hoy? ¿Cuántos has recibido tú? ¡Llénate de energía positiva y comparte con los que amas tu super poder de mamá!

    Foto: vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Dejé de dar dulces en las fiestas de mis hijos

    #YoConfieso: Dejé de dar dulces en las fiestas de mis hijos

    Con nueve años de experiencia como mamá he pasado por muchas fiestas propias: nueve de mi hijo mayor y seis de mi hija menor, y sin contar las fiestas donde han sido invitados a lo largo de sus cortas vidas.

    Y entre que acompañamos a nuestros hijos a unas horas de diversión, siempre nos fijamos en la organización de la mamá del peque cumpleañero: que si la comida, la piñata, el tema elegido y demás simplezas que hacen más divertida una fiesta ¿Y cómo no? ‘Teniendo tan cerca la fecha de la próxima fiesta de nuestros hijos’ nos fijamos aún más.

    Una de las cosas que he podido constatar en TODAS las fiestas, es la misma plática entre las mamás tras entregarles el dulcero, algo así como: “¡Ay! Todavía más dulces… los voy a guardar en el refrigerador con todos los demás que se acumularon este mes, porque no se los doy todos a mi hijo, los separo, le elijo algunos cuantos y todos los demás los tiro a la basura o los regalo”, ¿te suena conocido?

    Todas las mamás decimos esta frase, y lo peor es que cuando nos toca hacer nuestra fiesta seguimos repartiendo dulces que acaban congelados en el refrigerador, entonces ¿por qué no acabar con esta práctica, o al menos disminuirla?

    Yo que siempre quiero hacer las cosas diferentes, desde hace unos años intenté cambiar la dinámica para no seguir repartiendo caries en forma de dulces, los cuales probablemente los invitados no se coman y acaben como dicen en el basurero y decidí no regalar más dulces.

    “¿Pero cómo? ¡Si es una fiesta de cumpleaños!” Me dijo mi esposo en una ocasión, y es cierto, las fiestas de cumpleaños son sinónimos de dulces y azúcar, y también de niños corriendo acelerados por todos lados gracias a ellos. Entonces se me ocurrió algo muy sencillo que te invito a considerar.

    La piñata es un clásico de las fiestas infantiles, entonces lo que he hecho es que busco dulces que los niños de verdad coman pero una cantidad que sea la mitad a lo que habías pensado ofrecer (media bolsa por ejemplo), la otra mitad de contenido la cubrí con juguetes plásticos que luego encuentras a buen precio en las tiendas como soldaditos, muñequitas, yoyos, etc. Es decir, la piñata rellena con la mitad de dulces y la mitad de juguetes.

    Una opción mucho mejor, son las piñatas hechas con un marco cúbico de madera delgado, forrado de celofán transparente y rellena de globos de colores ¡los niños las disfrutan muchísimo, así que ¿Cuáles dulces?

    Otra parte donde los dulces hacen presencia es al final, cuando otorgamos a los invitados el “dulcero” o “cotillón”, que es una bolsa enorme rellena de dulces. Mi opción es regalar algo que tenga que ver con la fiesta, por ejemplo, mi hija tuvo su fiesta de cumpleaños temática de “Salón de belleza y spa”.

    ¿Qué regalamos en vez de dulcero? Un set con el tema de la fiesta, el nuestro incluía brillo labial, pintura de uñas con chispas, lima, crema, una borla de baño, uno stickers para las uñas, un moño para el cabello y otros detalles más que sus invitadas recibieron muy felices. ¡La idea es hacer algo diferente donde no inviertas demasiado!

    Los dulces son deliciosos, pero hay que dárselos con medida a nuestros peques. Mis hijos comen dulces pero muy pocos, solo que ahora lo que hacemos es no regalarnos en nuestras fiestas para ayudar un poquito a la salud de todos.

    Y si, confieso que ya no regalo dulces en las fiestas de mis hijos.

    Foto vía

     

     

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Mis hijos creen que soy una gran chef ¡y no es cierto!

    #YoConfieso: Mis hijos creen que soy una gran chef ¡y no es cierto!

    Cada comida que me toca preparar en casa durante la semana termina con frases como esta “¡Qué rico mami!”, “¡Te quedó delicioso!”, “¿Puedo probar más?”.

    Palabras que elevarían el ego de cualquier mamá que prepara la comida para sus hijos. La verdad de todo esto es que cocino porque no me queda de otra, vaya, es que lo tengo que hacer.

    Entre el pollo, las verduras, la carne, la pasta, las especias y miles de recetas que no hago, cada día que pasa me doy golpes contra la pared pensando que cocinar.

    Tengo que tomar en cuenta que le guste al niño, que no le caiga pesado al papá con la grasa o el picante por la gastritis, o que a la niña que hay días que come en grandes cantidades, justo ese día sea uno de los que oliendo la comida se llena.

    Se me acaban las comidas que les gusten a todos, incluyéndome a mí, que para colmo soy la que queda a lo último si de tratar de cumplir un antojo de comida casera se trata, primero que coman ellos.

    Y sí, lo acepto, no soy la chef maravillosa que mis hijos creen, más bien soy una malabarista de la comida por necesidad, y es que algo que debería ser un placer es algo que no se me dio por instinto.

    A veces pienso si mi madre no tuvo que ver con esto. Recuerdo que cuando niña mi mamá repetía por lo bajo que a ella no le gustaba cocinar, que no sabía cómo es que le quedaba la comida rica.

    Esta frase quizá se instaló en mi subconsciente y logró que ahora en mi adultez repitiera el patrón. Todo es posible, porque los niños repiten acciones de los padres y seguro ese fue mi caso.

    Mis menús son repetitivos, seguros al paladar de uno o del otro, que le gusten a tres de cuatro integrantes, pero sobre todo que se alimenten con la comida hecha en casa, que es la comida segura de mamá.

    Un día el pollo con verduras que a veces alucinan, otro día bistecs a la mexicana con plátano frito y arroz, otro día sopa de pasta con pollo, otro día taquitos también de pollo. Como decía mi papá, un día nos saldrán alas.

    Confieso que no me gusta cocinar, que lo poco que aprendí en casa de mi mamá es a hacerlo con cariño, pero que a la vez mis hijos entiendan que la casa no es un restaurant y que si un día no te gusta y no lo quieres comer lo acabarás comiendo más tarde seguramente.

    Que si un día se sirve en la mesa agua de piña y no la quieres beber entonces tomarás agua. Que la mesa es para convivir y platicar de nuestro día, no para ver televisión.

    Sé que lo mío no es hacer grandes platos, cenas navideñas o esos fabulosos postres que se ven tan fácil en redes sociales. Seguramente en un futuro haremos un delicioso pastel de chocolate solo por diversión, pero hoy no.

    Así sea un huevo revuelto con sal, confieso que el ingrediente que hace que a mis hijos les parezca delicioso es que fue sazonado con amor, el amor de mamá.

    Foto: vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Tengo miedo de no entender la tarea de mi hijo

    #YoConfieso: Tengo miedo de no entender la tarea de mi hijo

    Conforme pasan los años y mi hijo va creciendo las tareas escolares se van haciendo más complicadas para él, y lo confieso ¡también para mí!

    Atrás quedaron aquellos días donde las tareas eran hacer palitos y bolitas en el cuaderno, el pintar con muchos colores los dibujos que les mandaban las maestras para promover la grafo motricidad fina y gruesa, y es que por más que lo deseemos nuestros hijos tienen que crecer, aunque los extrañemos en cada paso que dan.

    Y bueno, un día esta mamá sentía que las tareas aún no eran problema para ella, que podría seguir asesorando por muchos años más los trabajos de los cursos de la escuela primaria, por ya no decir de las cosas lindas del kinder.

    Hoy mi hijo va a la mitad de su curso de tercer año, y sus deberes pintan un poquito más difíciles conforme pasan los bimestres, y es que así tiene que ser, si no donde estaría el avance.

    ¿Cómo nos organizamos para trabajar?

    Cuando llegamos de la escuela cuentan con unos minutos para refrescarse y cambiarse la ropa, lo siguiente es sentarnos a comer en familia y contarnos como nos fue el día. Dejamos pasar al menos media hora para una tranquila digestión y nos ponemos juntos a hacer la tarea. Aclaro, no es que yo se las haga, más bien me pongo el traje de la Miss Mami, que es como me dicen a veces entre juegos, y los apoyo en lo necesario, tal cual lo hace su maestra en la escuela.

    Con mi hija de kinder funciona rápido, pero con el de primaria nos llevamos más tiempo. Una tarde trabajando su tarea de inglés me preguntó por una oración, yo con mucha seguridad respondí a su duda. Él por su parte me respondió con la correcta pronunciación y porqué mi palabra estaba dicha de forma incorrecta, ya que la oración planteaba tal cosa.

    No lo voy a negar, me dio mucha pena, creo que él lo notó y le dije, “tienes razón hijo, si el maestro te dijo que era así está bien”.

    Apoyar a los maestros

    Hace un par de años, la profesora que le enseñaba inglés nos dijo a las mamás: “Señoras, ayúdenles a sus hijos con la tarea pero no se las hagan, sobre todo la de esta materia que sabemos que no es nuestra idioma de origen, si tienen dudas con la pronunciación apóyense con herramientas de internet, pero no pongan en duda lo que están haciendo sus hijos porque la tarea que les dejo es algo que repasaron hoy en clase y lo tienen fresco en su memoria”. Así que mi hijo corrigió a su madre en una tarea que ella daba por aprendida.

    La verdad es que las madres aprendemos todos los días de nuestros hijos, y los deberes escolares apenas son una parte de ellos. Ahora que soy mamá me enfrento con muchas técnicas modernas y efectivas que yo no estudié cuando niña. Entre ellas la letra cursiva, el aprender matemáticas con regletas, lectura y comprensión de libros que no son los escolares, exposiciones ante grupo desde que inician la primaria, y por supuesto, el aprender a escribir y a leer cuando sales del kinder.

    Sé que para llegar a estos puntos hay muchos maestros, psicólogos y demás personas que trabajan en la educación infantil que han considerado que se puede hacer este programa para enseñar, y de esta forma preparar adultos más capacitados en su futuro laboral.

    Los niños crecen tan rápido que cuando veamos ellos estarán trabajando y nosotras pensaremos “¿Este era el pequeño que me corregía la pronunciación en inglés hace unos años?” ¡Así es, la vida es un suspiro para las madres!

    Espero seguir a la altura de la necesidades escolares de mis hijos, y cuando de verdad no pueda, sé que la maestra nos apoyará para al menos guiar a esta mamá en sus dudas y así encaminar a mis niños cuando lo necesiten.

    Foto: vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Diciembre es mi mes favorito del año

    #YoConfieso: Diciembre es mi mes favorito del año

    ¡Soy tan feliz cuando llega diciembre! Mi amor por este mes tan especial inició cuando era niña, básicamente por ser el mes de mi cumpleaños, exactamente el 27 de diciembre cuando mamá de alta demanda se pone rockera y festeja donde se encuentre, los últimos años lo he celebrado fuera, pero siempre rodeada de mi familia.

    Cumplir años en la época de Navidad no es lo mejor en ocasiones, recuerdo que había fiestas en las que no iban mis amiguitos por ser justamente la temporada de vacaciones. Entonces me tocaba celebrar con mis papás y mis hermanos con un rico pastel la mayoría de las veces, la verdad es que es añadir una celebración más al ya divertido diciembre.

    También de este mes es mi mamá, quien nació un 26 de diciembre 19 años antes que yo, como sabemos así se acostumbraba antes, las mamás eran muy jovencitas. El cumple de mi mamá es otro motivo de felicidad para nosotros sus hijos, he sido parte de las fiestas que sus hermanos le han organizado de forma sorpresa en su ciudad natal.

    Ciudad que visitábamos para pasar la Noche buena en casa de mi abuela, su madre. Mi mamá proviene de una familia muy alegre y unida que le llevaba serenata la noche del 25 de diciembre.

    Sin duda tiene una magia muy especial, en diciembre es el cumple de muchos de los integrantes de mi familia extendida, quienes no pierden la oportunidad de hacer una reunión para coincidir y poder darnos el abrazo en ésta época de unión y gratitud.

    Tantos eventos que celebrar: las posadas con amigos, el festival navideño de la escuela, las vacaciones de los niños, la compra del arbolito, su colocación y decoración de la casa.

    También preparar galletas con los niños, pasear en las tiendas, escoger los detalles para los seres queridos, así como disfrutar de películas temáticas de la temporada. Pero cuando de comida se trata hay que probar los platillos de la abuela, preparar el pavo navideño y los romeritos para la cena de Noche buena. 

    Claro que no nos podemos olvidar de la reunión familiar para celebrar el fin de año, la llegada de Santa Claus y la preparación para recibir a los Reyes Magos. Hay tantos eventos que celebrar que es imposible estar de gruñón en esta época tan bonita.

    Pero sobre todo sucede algo muy especial, la gente se vuelve más agradecida, más empática, incluso perdona. Da valor a las creencias y al verdadero significado de la Navidad: la unión en el amor de los seres humanos.

    Foto: vía

  • #YoConfieso: El colecho me hace bien a mí

    #YoConfieso: El colecho me hace bien a mí

    Cuando escribo mi post de “Yo confieso” del mes, siempre pienso en cómo externar los sentimientos. La verdad es difícil sentarse a ‘confesar’ frente a una computadora algo tan de uno y más cuando se trata de un tema como el colecho, que no es otra cosa que compartir la cama familiar con los hijos.

    Tengo dos hijos, el mayor de ocho y la pequeña de cinco, con el mayor compartí mi cama cuando era un bebé recién nacido. Al principio, me preparé con una cuna, linda, bonita y grande, parte de haber sido el primer bebé.

    A los pocos días de nacido, con todas las levantadas a darle pecho nocturno, estuvo a punto de caerse de mis brazos al yo quedarme dormida. Lo que me llevó a decidir que tanto por su bien como por el mío compartiríamos la cama.

    Su papá fue muy cuidadoso y me apoyó en todo, cambiamos nuestros estilos de dormir abarcando toda la cama y le abrimos su nuevo espacio al bebé. Con los años, pasó a dormir en su cuna unida literalmente a mi cama sin barrotes, más tarde y poco a poco comenzó a dormir en su propio cuarto, sin prisas y sin correrlo de mi cama.

    Llegó la nena y de la misma manera durmió en mi cama desde que era una bebé. La cuna solo la utilizamos durante sus siestas, así que no hemos tenido noche en sus cinco años de vida que no hayamos dormido una cerca de la otra.

    Y, sí, también junto a su papá, quien igualmente disfruta de tener a su pequeña a su lado, dándole patadas y manotazos a los que ya nos hemos acostumbrado.

    Hace unos días me puse a pensar que a mi hija ya no le queda mucho tiempo en mi cama. Me di cuenta de que más o menos a su edad fue cuando mi hijo comenzó a dormir en su propio espacio, el solo pensarlo me puso muy mal.

    Sentí un poco de angustia al darme cuenta de que el momento de abrazarla toda la noche, sentir su olor a niña, que me pida el brazo para dormir mientras me destapa y yo me congelo, se acerca a su fin a paso lento pero firme.

    El colecho para mí es un bien familiar

    Creo que el colecho no solo le hace bien a los bebés, sino también a los padres. Son muchas las situaciones que nos llenan el corazón, como por ejemplo escuchar y al mismo tiempo reír porque la pequeña brinca por hipo en las noches, sentir y escuchar el sonido del corazón latiendo, sabiendo que una vez estuvo dentro del cuerpo de mamá.

    Y con esos recuerdos de mi hija me voy despidiendo de dormir a su lado, solo me queda agradecer al colecho sus beneficios. El que me facilitara la lactancia con mis dos hijos, el poder descansar más tiempo al poder vigilar a mis niños, sin tener que trasladarme, el poder compartir un mayor contacto físico y emocional cuando estaban enfermos o sensibles. Fomentarles buenos hábitos de sueño y que todavía les perduren y, ya de postre, despertar de mejor ánimo por la mañana todos juntos.

    Disfruta del colecho, el calorcito de tu hijo antes de dormir emana una paz incomparable. Como dicen por ahí: “no hay niño más bonito que el que está durmiendo”.

    Yo por lo pronto todavía disfruto de mi Pulguita, hasta que llegue el momento de ‘mamá, quiero dormir en mi cama’.

     

    Foto Via

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: La abuela que quiero ser

    #YoConfieso: La abuela que quiero ser

    A unos días de festejar a los viejitos de la casa, agradezco por la vida y salud de mis abuelas, de recordar el cariño de mis abuelos que ya partieron y de añorar el cariño de mi padre hacia sus nietos, cada uno con su carácter su historia y su forma de ser tan especial. Mi imaginación vuela y me pregunto cómo seré yo de abuela, ¿seguiré con mi estilo estricto con el que educo a mis hijos o dejaré correr y ensuciarse de lodo en la ropa a mis futuros nietos?

    En una plática de mamás con mi hermana recuerdo una queja suya hacia mi madre, sobre que consentía mucho a su hija y que le restaba autoridad a la hora de regañarla. Mi mamá por su lado exponía que mi hermana regañaba muy feo a su hija y que ella se metía porque no le gustaba la forma.

    Yo me pregunto si mi mamá no se acordaba de cómo nos regañaba cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, ¡le teníamos pavor a los gritos, regaños y métodos que ella usaba! Ahora mi mamá nos dice que nosotros tenemos todas las lecturas educativas para mamás y que ella educó con instinto y como aprendió de su mamá, ¡y en eso le doy toda la razón!

    Con todo lo que ahora sé sobre crianza con apego, el colecho, la lactancia materna exclusiva, prolongada y en tándem, y demás corrientes educativas, me lleno de mucho conocimiento que intento todos los días transmitir a mis hijos.

    Siempre estoy tratando de hacer de mi niño un hombre amoroso, sensible y empático, a formar a mi hija como una futura mujer fuerte, amante de la naturaleza y de la familia. También busco junto a ellos crecer e inspirarlos para ser más conscientes de nuestro planeta, de la ecología, de la unión familiar, de la fe, de la alimentación sana.

    Podría seguir y seguir con esa lista que todas las mamás tenemos guardada en nuestros corazones de las enseñanzas que queremos para nuestros chicos.

    Llegará un momento en que estas semillas que plantamos a diario den sus frutos, y es allí que nuestro papel de abuelas nos cambiará el panorama.

    Quiero ser una abuela dinámica, divertida, llevar a mis nietos a Disney World, tener energía para ir con ellos al cine, prepararles su comida favorita, cuidarlos en ocasiones que sus papás necesiten una escapada romántica, verlos crecer y ser felices en su vida adulta.

    Porque como dice mi mamá con respecto a mis hijos: “yo los voy a consentir porque soy su abuela, a mis hijos ya los crie”, y no me queda otra más que asentir, porque voy que pinto para lo mismo y de esta forma disfrutaré de los pequeñitos que el futuro tiene reservado para mí en un lugar enorme en mi corazón.

     

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    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: Soy mamá y me atrevo a ponerme bikini

    #YoConfieso: Soy mamá y me atrevo a ponerme bikini

    Mi primer traje de baño coqueto me lo puse siendo una adolescente de 14 años, me lo regaló una hermana de mi mamá. Recuerdo que cuando me lo puse me dio tanta vergüenza la posibilidad de exhibirme en esa “cosa” como si fuera ropa interior y “¡que me vieran todos!”.

    De verdad que solo de acordarme me río, y es que el bikini es una de las creaciones más coquetas que han revolucionado al mundo. Y aunque usar el traje de baño de dos piezas es lo mismo que estar en ropa interior, las mujeres no lo sentimos así, es casi una transformación de persona, en donde se incorpora lo femeninas y hasta sexys.

    Y allí empezó mi diversión con los bañadores, súper cómodos, frescos, dinámicos, me encantan los de color negro en sus diferentes diseños, y feliz los lucía en la playa o la alberca sin rastro de panza o estrías. Hasta que ¡pum! llegó la panza de mi hijo mayor, y allí también lucí con orgullo el bikini a tope, me sentí la embarazada más guapa del mundo mostrando una redonda felicidad.

    Cuando nació mi hijo pasó un tiempo para que volviera a usar un traje de baño, ya sabes, no me sentía segura con la flacidez, los kilos extra, las estrías y demás marcas propias del embarazo.

    Así que recibí de mi esposo un guiño de “ponte tu traje de baño y vamos los tres a la alberca” y así a disfrutar en familia sin que me importara lo demás, que lo mejor de ello es estar juntos divirtiéndonos.

    Ya con la figura recuperada otro ¡pum! el embarazo de la nena, y allí también me sentí la más guapa embarazada del mundo mundial, y es que si uno no se lo cree ¡no esperemos que nadie más nos lo venga a decir!

    Lucí mi barriga como mejor pude, otro coqueto bikini negro, sombrero de ala ancha, lentes oscuros y ¡vámonos a la playa!

    Hoy ya con mis hijos jugando hasta empanizarse de arena, la situación cambia, ya no tengo panza con bebé que presumir, solo queda una panza arrugada, con rayas blancas, celulitis que no quisiera que existiera y demás cariños que mis ojos no pueden evitar ver.

    Pero aún con todo eso, mi consciente me dice “Quiérete, ¡eres linda!”, y pienso que habrá tanta gente en la playa o la alberca que lo que menos harán será volteara verme y mucho menos evaluarme. Ya sea que si estoy en línea o si tengo el estómago plano, lo que si se nota a kilómetros es la seguridad, las ganas de ser feliz, el amor a la familia y como disfruto ese momento. Si tú eliges usar un bañador completo ó short, camiseta ó blusa y faldita de baño, entonces que sea por tu elección.

    Difícilmente nos veremos como las veinteañeras que no son mamás, lo importante es mostrar con orgullo tu maternidad en traje de baño, así que ¡si lo que quieres es lucir ese hermoso bikini date gusto!

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    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: ¡No estoy loca! Mis emociones son voces en mi cabeza

    #YoConfieso: ¡No estoy loca! Mis emociones son voces en mi cabeza

    Como dice la famosa canción “Mudanzas” de la cantante mexicana Lupita D’alessio: “Porque soy mujer como cualquiera, con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor, soy como gaviota, pero felina como una leona…” y así más cosas lindas, súper feministas que abogan por una mujer fuerte capaz de enfrentarse a todo.

    Así me siento muchas veces, en un remolino de sentimientos y muchas veces ni yo misma me comprendo o ¡me aguanto!

    Y es que ser mujer es mucho de esto, dejarnos llevar por lo sentimientos, por los estados de ánimos, un día amar con locura a los hijos y el otro día desear con desesperación unas vacaciones con el marido a solas.

    Es parte de nuestra naturaleza desear comer el postre más delicioso del mundo y a los 30 minutos llegar a una tregua con uno misma y comenzar una dieta de aire, fruta y agua para borrar los millones de calorías ingeridas con desesperación, en el que fuera un hermoso pastel de chocolate.

    Así nos medimos en intensidad con todas las emociones humanas, damos entrada a nuestra vida a la alegría, el desagrado, el temor, la tristeza y la furia. Sentimientos tan fuertes y poderosos que pueden elevarnos el ánimo a la séptima potencia o bien derrotarnos y sumirnos en la más profunda depresión con la tristeza.

    Y si así te sientes como mamá y como mujer, ¿te has puesto a pensar como les irá a tus hijos cuando navegan con estos sentimientos?

    Yo sé que como madres siempre estamos pendientes de sus necesidades, pero cuando nos piden apoyarlos con las tareas y un poco de nuestra atención. Debemos sacar las antenas y valorar sus palabras y acciones para no dejarlos caer en el remolino emocional.

    Escucha, conoce y aprende de las voces que te hablan en tu cabeza que, a la vez, te enseñarán a reconocer las señales que emiten tus hijos cuando las pequeñas voces les hablan a ellos y desaten su furia o su tristeza, que si bien es parte de nuestra naturaleza humana no es bueno ponerse cómodos con ellas y dejar que se asienten en nuestros pensamientos.

    Presta oído a las voces de tu cabeza, para que todo lo positivo se refleje de manera intensa y cuando las cosas negativas digan “presente” les demos el pase de salida y un “gracias por las enseñanzas que me dejaste”.

    ¿Y tú? ¿Qué poder les das a las voces en tu cabeza?

     

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    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: No carburo sin café

    #YoConfieso: No carburo sin café

    ¿Las mañanas entre semana son casi siempre iguales? Despertar con ganas de quedarse en la cama cinco minutos más, enrollarse en la sábana, voltear a ver la hora en el celular y notar que los cinco minutos concedidos se volvieron 10 y que ahora tienes que correr más rápido para despertar a los niños.

    Les llevas su leche a la cama, le pones el uniforme a uno y lo mandas al baño a que se cepille los dientes y se peine, mientras vistes al segundo quien sigue con un ojo cerrado y el popote de la leche en la boca. Vas corriendo al baño de nuevo, arreglas el peinado del primero y pasas el peine al segundo. Ya casi listos para salir te das cuenta que todavía traes puesta la pijama y corres a cambiarte o tu hijo mayor te mata si se te ocurre ir a dejarlo vestida así al colegio.

    Sales al sol y te sientes cual vampiro al amanecer, “¿donde rayos dejé mis lentes?” te preguntas ansiosa. Empieza tu andar por los semáforos y calles si vas en coche mientras te das cuenta que aún andas en chanclas.

    Si la escuela te queda cerca y te toca llevarlos a caminando vas pensando a qué hora te lavaste la cara o si solo fue en una idea… así que mejor desechas el pensamiento y apuras el paso.

    Llegas al colegio, les das un besito y “¡nos vemos en la tarde chicos!”, el día apenas comienza. Regresas a casa y ves todo el tiradero que se produjo el día anterior y piensas “¿de verdad aquí vivo? ¡Si es un campo de guerra!”.

    Pero es justo en ese momento que sabes que ha llegado el mejor momento de la mañana, la hora de abrir los ojos, darle gusto al paladar y disfrutar de un delicioso café que de verdad te levante y te de la energía para comenzar tu día.

    ¿Cuál es tu favorito?

    Hay muchas variedades, Latte, Mocha, Americano, Cappuccino, Espresso en sus distintas combinaciones, frío, caliente, con helado, con cubos de hielo, con chocolate, con caramelo, con vainilla, con chocolate blanco y la lista sigue.

    No soy una experta en café y sus combinaciones, pero sí soy experta en su disfrute matutino y en como notar cuando el efecto de la cafeína literalmente me despierta. Es una realidad que me abre los ojos y cuando noto eso, ha llegado el momento de la inspiración para trabajar, sea cual sea la actividad del día.

    Se ha dicho mucho del café, por ejemplo, se que la cafeína aumenta la capacidad mental, la percepción y disminuye el cansancio, por eso me gusta mucho tomarlo antes de escribir un post para que así la inspiración fluya.

    Cuando estaba embarazada de mis hijos, el ginecólogo no me prohibió la ingesta de la bebida, solo me recomendó que lo tomara descafeinado para no sobre estimular al niño, obviamente hice total caso a su recomendación, aunque después leí algunos artículos que indicaban que una mujer embarazada puede tomar hasta dos tazas diarias ya que no genera ninguna consecuencia negativa a ella o al bebé.

    Las restricciones que siempre saltan son para los que padecen problemas gastrointestinales, mientras que el exceso de cuatro tazas de café pueden alterar cualquier lesión estomacal. En cuanto a que los niños deban o no tomarlo ya queda a criterio de sus mamás, recuerdo que cuando era pequeña le pregunté a mi mamá porque no lo podía tomar y me dijo que “los niños no tomaban café porque si no crecían”.

    No volví a escuchar al respecto, pero ahora se sabe que la cafeína no produce efectos tóxicos o dañinos en la infancia, obviamente en cantidades apropiadas para un menor, solo en los niños hiperactivos debe ser restringida por su consumo estimulante.

    Y bien, yo confieso, soy una coffe fan, voy a ir por uno, ¿gustas?

    Foto Any Fuchok

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: No me gusta cocinar

    #YoConfieso: No me gusta cocinar

    No me gusta cocinar pero sí comer rico, soy todo un caso. Mi historia de desapego con la cocina tiene años de cocción.

    Cuando era adolescente mi mamá me decía: “Any, acércate a ver como hago el caldo de pollo con verduras” o “Ven a ver como se corta el pollo en piezas”, y allí iba una muy jovencita Any, con flojera de por medio a ver como la mamá hacía lo que en esa casa se comería por la tarde, mientras tanto yo bostezaba y pasaba por mi cabeza un “uff, ¿que estarán haciendo mis amigas?”.

    Y es que ¿a qué chica de secundaria le gusta aprender de pollos crudos y verduras por cocer?, pensamientos como esos eran los que me pasaban por la mente y ¿saben qué? ¡Hoy me arrepiento! (lloro mientras me acuerdo).

    Y así pasaron más ocasiones, la de aprender el Mole, la de probar las especias, la de reconocer los cortes de carne de res, los de aprender los secretos a la hora de poner en la olla express el frijol negro, la de practicar las recetas de la abuela materna y demás, lo que no dejé pasar fue la de probar todas las delicias culinarias de mi madre y de lavar los platos sin faltar aunque no fuera del mejor modo, lo admito, adolescente tal cual ¿qué lé ibamos a hacer?

    La ‘nueva’ yo

    Una joven mujer moderna me llegó al espejo, una que tenía que enfrentarse al mundo y trabajar tras salir de la universidad nacía en mí, de esos sentimientos cuando piensas “¡Estoy lista, puedo hacerlo sola!”, ¿a qué horas iba a tener tiempo para conocer de la comida si mi mamá era la experta y yo no tenía prisa? Así seguí cavando mi tumba como la mejor chef del mundo.

    Años y más años, comiendo en casa, con los amigos y a veces hasta sopa instantánea en el trabajo, seguía sin reconocer el cilantro del perejil, pero eso sí, me comenzaba de hacer un camino en los medios de comunicación impresos de mi localidad, sentía que mi carrera profesional estaba reflejando poco a poco los años de quemarme las pestañas con los libros de estudio, así que la vida seguía con un sabor muy light mientras me sentía toda una joven ejecutiva.

    Y entonces recibí un golpe en la cabeza, me llegó el amor, y cuando vine a ver me encontré en la cocina de un departamento sin saber que cocinar el primer día de vida en pareja, no se si fue un “toing”, un “pum” o un “bang”, pero el golpe con la realidad fue inmenso, solo sabía hacer sandwich de jamón con queso, quesadillas, huevos en distintas variedades y ahí se acabó la lista.

    ¿Y ahora que hago?

    Me ví en la urgente necesidad de aprender a hacer un arroz blanco, unos bisteces a la mexicana o un caldo de pollo con verduras, fue allí que recordé una lección perdida de “como cortar un pollo en 6 pasos”.

    Lloré, me enojé y me insulté. Acto seguido le llamé a mi mamá por teléfono y le dije: “mami, ¿cómo corto un pollo?”, mi mamá se rió pero no me regañó, por el contrario, me dio la receta completa de cómo hacer un sencillo pero rico caldo de pollo con verduras, incluso creo que esa primera receta sobrevive en un cajón de mi cocina actual, y no porque no lo sepa hacer si no para tenerla de recuerdo de ese momento tan shockeante de mi vida, cuando me dí cuenta que era una inútil en la cocina.

    Hoy la lista inicial ha crecido, con dos hijos y un esposo sibarita me vi en la imperiosa necesidad de aprender a hacer más que sandwiches, hoy por ejemplo el frijol me cuesta menos trabajo en la olla express (aunque la última vez se me quemó), a los huevos dejé de ponerles sal extra, las quesadillas las combino con varios quesos, las pastas me quedan al dente mientras mi hijo me dice que hago una spaguetti delicioso, mi hija adora las tostadas de frijolitos con queso y ¡mi esposo se volvió en un adorador del famoso caldo de pollo con verduras!

    Sigo sin cocinar un Mole y mucho menos unos “Taquitos Rojos” que son la especialidad de mi mamá. No cocino grandes platos pero a los principales clientes del restaurant familiar mis comidas le saben a gloria.

    ¿A tí te gusta cocinar?

    Foto Flickr/estherproject

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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