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  • Los 7 peores hábitos de las mamás

    Los 7 peores hábitos de las mamás

    No somos madres perfectas, de hecho, somos tan imperfectas que nos la pasamos leyendo libros, visitando blogs, consultando portales, llamando al médico, a la abuela y a la mejor amiga cuando tenemos dudas sobre la crianza de nuestros hijos. Todo esto porque la verdad es que no hay un manual de instrucciones que nos entreguen cuando nace nuestro bebé, mucho de todo es a puro instinto.

    Con el paso de los años uno va aprendiendo, malo que eso no pasara, pero aun así hay detalles que no debemos dejar pasar, son esas pequeñas cosas que hacen que la relación con nuestros hijos se arruine sin darnos cuenta. ¿Te imaginas cuáles son?

    1.- Juzgar a otros padres (¡o madres!)

    Como dije antes, nadie nace sabiendo, aprendemos a la par de nuestros chicos, ellos a ser hijos y nosotras a ser madres. Cada quien con su estilo de vida, unas a favor de la lactancia y otras con el apoyo de la fórmula, y así miles de ejemplos. Lo único aquí es el respeto a la crianza de cada niño y al crecimiento de cada familia.

    2.- El peor distractor del mundo

    Me refiero al teléfono celular o teléfono móvil con acceso a internet. Si bien es un gran medio de comunicación, no debemos estar metidos en las redes sociales viendo las fotos de otros niños y dando “me gusta” cuando tenemos a nuestros propios hijos haciendo gracia y media frente a nosotros. ¿No crees que haya que tener lógica con esto?

    3.- ¿Groserías? ¡No por favor!

    Un día te llega un reporte de la escuela de tu hijo donde te indican que le dijo groserías a sus compañeros, y tú te preguntas ¿dónde lo ha escuchado? Lo más probable es que sea en casa, pero a veces las groserías son parte de nuestro vocabulario y no nos damos cuenta. Si como adulto decides decir groserías es tu decisión, solo intenta decirlas frente a otros adultos, evitando que tus hijos o demás niños pequeños las escuchen.

    4.- Fan del control

    Yo aplico perfecto en este punto, y de verdad que lucho para que no pase, al menos no muy seguido. Me gusta llevar con agenda las cosas, seguir rutinas, programar salidas, entre otras cosas. Así que intento cambiar cuando a mis niños tanta rigidez les agobia. Por lo que me pongo las pilas de mamá divertida y menos general del ejército, sobre todo los fines de semana y las vacaciones, para ser una mamá más relajada.

    5.- Vivir sin límites

    Estoy a favor de los límites que les ayuden a crecer con criterio correcto, como los horarios para dormir entre semana, el trato cálido a los animales, el consumo de productos chatarra que tanto disfrutan. Mis respuestas para algunas situaciones son “sí pero el fin de semana podrás comer tu fritura favorita”, “sí cuando acabes la tarea podrás ver un rato de caricaturas”, porque estoy criando niños, no son pequeños adultos.

    6.- Guardarse los sentimientos

    A veces no expresamos a diario el amor que sentimos por los hijos. Conozco muchas mamás que les cuesta mucho trabajo expresar sus sentimientos, les resulta difícil decir te amo o te quiero hija. Muchas veces porque a sus propias madres les costaba expresarlo, pero no debemos escudarnos con ese ejemplo. Rompe el molde y dile a tu pequeño cuanto significa para ti, llena su corazón de amor como te hubiera gustado recibir.

    7.- ¿Fumas? ¿Tomas?

    Es una decisión que has tomado como adulto. Evita las situaciones donde te vean consumiendo estos productos, por salud en primera instancia, por la imagen y el ejemplo para los pequeños. Recuerda que cosas de adultos con adultos, evita dar un ejemplo de un comportamiento que no quieres que tus hijos tengan.

     

    Foto: vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • #YoConfieso: El grupo de chat de mamás en WhatsApp es un arma de doble filo

    #YoConfieso: El grupo de chat de mamás en WhatsApp es un arma de doble filo

    La tecnología ha venido a revolucionar el mundo, los grandes inventos, descubrimientos que nos asombran, la utilidad que se le ha da a dado a los aparatos ha sido sorprendente en los últimos cincuenta años, es tan grande que mi abuela siente que vive en un futuro que no se imaginaba.

    Si de aparatos modernos hablamos, el celular es una maravilla. Si bien su uso ha ido creciendo en los últimos diez años, ahora podemos hacer muchas cosas con ellos: tomar fotos, escuchar radio, poner un álbum musical, sacar sumas en su calculadora, llevar una lista de compras, navegar en internet y por supuesto, hablar por teléfono.

    A esta moderna forma de comunicación le anexamos los mensajes, que tal los grupos de chat de una famosa aplicación de mensajería que todos conocemos. Las mamás de hoy la utilizamos a diario, no importa el modelo de teléfono que uses, porque cumple con la labor de organizarnos mediante grupos de hasta 100 personas máximo, que prefieren escribir o mandar un audio corto para al grupo de personas, en nuestro caso específico, a los grupos de mamás de la escuela.

    En mi caso estoy en dos grupos, el de mi niña de kinder y el de mi hijo de primaria. En los dos grupos hablamos de lo mismo: los hijos y sus actividades. Así por ejemplo, si uno de los compañeritos no fue a la escuela la mamá puede saber que pasó en clase o informa que su hijo está enfermo; también hablamos de la próxima fiesta infantil y nos extendemos la invitación.

    Porque ahora vivimos un momento en el que las invitaciones a las fiestas de los chicos se comparten vía chat y solo en algunas ocasiones especiales se siguen repartiendo en papel, cada quien sus gustos.

    ¿Qué más compartimos en los chats de mamás? Fotos de las excursiones, visitas a los museos, fiestas de cumpleaños, calendarios y eventos de la escuela, saludos, felicitaciones, comentarios y demás temas en los que las mamás nos volvemos expertas. A veces hablamos mucho, otras veces el desierto es más ruidoso, pero lo que no me queda duda es que los grupos de chats se han vuelto aliados de todas las mamás del mundo.

    Lo único que le digo a mi hijo es que los “grupos de mamás en el celular” no son para pedir la tarea cuando se le olvida anotarla. Ya que los niños pueden confundir esta herramienta con su falta de responsabilidad, cuando es su deber traerla todos los días.

    Si bien pude solicitarla a una mamá como ya lo había pasado antes, decidí mantenerme firme y decir “esta vez no”. Se fue sin tarea a la escuela al día siguiente y con una gran nota para la maestra de que no hizo la tarea porque no la anotó, ¿pero saben qué? No ha vuelto a pasar.

    Fue así como entendió que el “grupo de mamás del celular” -como él le dice- no es para resolverle sus olvidos escolares, si no para proveernos apoyo entre las madres.

    ¿Tu cómo usas tus grupos de chat de madres?

    Foto Cortesía Disney Babble Latinoamérica.

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • Las lecciones que un hijo nos dá

    Las lecciones que un hijo nos dá

    Al convertirnos en padres aquirimos conciencia sobre la dificultad de educar y enseñar las cosas de la vida a nuestros hijos. Esa conciencia, que como adultos tomamos respecto a que los niños dependen totalmente de nosotros para sus necesidades básicas, se vuelve parte de nuestro día a día. Es así, que con los años vemos crecer a nuestros hijos, tan listos, tan simpáticos, ¡tan guapos! solo como una madre enamorada los puede ver.

    Pero ¿qué pasa cuando de repente, los niños que apenas hace unos días les estábamos cambiando los pañales nos dan lecciones de vida? El momento en que esos seres magníficos llamados “padres” que parecían saberlo todo, se dan cuenta que aún tienen mucho que aprender de los mejores maestros: los hijos.

    Tengo dos pequeños en casa, un niño de siete y una nena de cuatro años. El mayor es un adulto pequeño, al que la escuela se le da muy bien. En las últimas semanas me ha mostrado tres situaciones, en las que yo he tenido que aprenderle y agradecerle. Todo esto por el hecho de educarme con casi 30 años de diferencia entre él y yo.

    Si bien, la educación de hoy logra que los niños estén más alertas a lo que pasa en el mundo moderno. Son ellos los que con su sabiduría infantil e inocencia, hacen que sus padres aprendan lecciones que ellos ya tendrán bien definidas para el resto de sus vidas, estos son tres ejemplos que les quiero compartir:

    Lección #1 El plato del buen comer

    Pobre de mí sí me quiero dar un gusto con un refresco con gas, porque me habla de todo el daño que hace en el cuerpo si lo tomo. Me habla de leguminosas, proteínas, grasas de origen animal y demás cosas que aprendí en mi adultez, y que él ve en su clase de segundo año de primaria. ¿Qué tal la jarra de la bebida saludable? ¿Sabían que existía? ¡Yo no! Es algo que mi hijo mayor me ha enseñado y que pude compartir con mis allegados. Me sentí muy orgullosa de él, su aprendizaje y sus ganas de llevar una vida saludable en casa.

    Una tarde de fin de semana comimos un plato con carne, en la noche se nos olvidó lo que comimos y pedimos para cenar otros alimentos que incluían carne. Mi hijo muy serio dijo que el plato del buen comer no recomendaba eso. Nosotros como papás nos sentimos muy apenados, y con esto, ya tenemos en casa un “Policía del Buen Comer”. Lección aprendida.

    Lección #2 Dejar el teléfono móvil

    Soy una mamá moderna de pies a cabeza, mi teléfono celular es parte integral de las cosas que hago en mí día a día, resuelvo tanto situaciones de trabajo, como familiares. Cuando no tengo acceso a mi laptop, mi móvil es la extensión a todo lo que hago y dirijo como mamá y empresaria. ¿Pero qué pasa cuando tengo que hacer uso del teléfono en presencia de mis hijos?

    He aprendido tras un reclamo de “no me pones atención por estar con tu teléfono” cuál es su verdadero lugar, dejar en claro que no es más que una herramienta de apoyo y así la debo usar. Cuando tenga la necesidad de utilizarlo con los niños presentes, deberán ser llamadas cortas y urgentes. Las pláticas de chats o navegar en redes sociales, quedaron para ocasiones en las que no interrumpa el valioso tiempo con los niños. Lección aprendida.

    Lección #3 Valorar el esfuerzo de lo trabajado

    Mi hijo tiene guardada una pequeña piñata que realizó con sus manos en el curso de verano, la piñata no va a ganar un premio por ser la más bonita o ser la más grande. De hecho ha estado guardada por varios meses sin que nadie la toque, ni el mismo, hasta hace unas semanas que le sugerimos ponerle dulces y romperla junto a su hermana menor.

    Cuando le hicimos la sugerencia él se nos quedó viendo como si estuviéramos locos y nos soltó una frase: “Mami, ¿porque voy a romper mi piñata si me costó mucho trabajo hacerla? Quiero tenerla para recordar que me costó trabajo”. Casi le faltó anexar “¡En qué cabeza cabe!”. Nosotros entendimos que esa manualidad representaba para nuestro hijo, el valor a su esfuerzo, y no la rompería por un puñado de dulces. ¿Cuántos de nosotros como adultos le damos valor a las cosas que hacemos por más sencillas que parezcan? Lección aprendida.

    ¿Qué lecciones has aprendido de los grandes maestros que tienes en casa? ¡Cuéntanos!

    Foto Via