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  • Cuenta hasta 10

    Cuenta hasta 10

    Ayer por la tarde di una orden en casa que no se cumplió y mi paciencia se salió de control.

    La historia en corto fue así: Tuve que salir a hacer un pago, le pedí a mi hija que cuando regresara quería que estuviera bañada y que si quería podía seguir viendo sus caricaturas en la televisión. La orden parecía quedar entendida. Salí, hice mi diligencia y regresa. Llego a casa y la niña en el mismo lugar que la dejé vigilada de un adulto que sabía la orden pero sin bañarse.

    Me encendí como un cerillo. A veces ni todos los libros ni todos los consejos hacen que uno recupere el aplomo y grité y regañé como tenía mucho que no hacía. Subí y la bañé de muy mala manera. Al final la consecuencia fue que no podía seguir viendo la televisión.

    Ella entre triste y que no lloraba. Cuando me tranquilicé me sentí tan mal.

    Ese horroroso sentimiento de culpa que tenemos las madres cuando nos salimos de nuestras casillas. Cuando sentimos que hasta las órdenes mas sencillas se nos sale de control. ¿Cómo es que a estas alturas y con todo el «aprendizaje de mamá» que tengo pude comportarme así, como mi hija, mi cachito de sol que olvidó la orden de su mamá porque estaban mas divertidas las caricaturas de My Little Pony.

    Mientras tomaba mi propio espacio para tratar de calmar mi enojo, ella jugaba sola en su recámara, de lejos la veía. A los minutos vino hacia mi cama y se acostó junto a mi, poco a poco, con miedo. Y así es, con miedo, justo el sentimiento que no quiero que mis hijos tengan hacia mi.

    No hay duda que no existe la mamá perfecta, así trabajemos en ello todo los días.

    Este episodio me hizo recordar estos comerciales de antaño que se llamaban «Cuenta hasta 10», muy famosos en los años 80´s ¿Los recuerdas?

    La noche fue larga, dormí poco, pero la mejor sensación fue tenerla dormida a mi lado, viendo la paz en su rostro. Realmente ni hizo nada malo, la mala fui yo. Y así en silencio la abrazaba mientras la veía descansar, pensando en lo mucho que la quería y que siempre habrá otras formas de reprender antes de gritar.

    ¿Como canalizas el enojo cuando tu hijo no obedece tus órdenes? ¡Cuéntanos! Dale like a nuestra página de Facebook.

    Foto vía

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  • Frases que hieren a tu hijo ¡Por favor, no las digas!

    Frases que hieren a tu hijo ¡Por favor, no las digas!

    A todas nos ha pasado, en mayor o menor medida… o en mayor o menor grosería, lamentablemente.

    Llega un momento en que los niños nos acaban la paciencia, ya sea mientras les apoyamos con la tarea del colegio cuando ya le has explicado muchas veces la tabla de multiplicar o cuando sigue haciendo mal las sumas, o que tal cuando te esforzaste toda la mañana en dejar limpia su habitación y cuando llega de la escuela en cinco minutos acaba con todo el trabajo ¡en el que tu tardaste horas!

    Nos salen los gritos, el coraje, el enojo y con todo ello las frases que los hieren y que los lastiman para siempre, más que un golpe.

    Mamás amigas que me pidieron no aparecer en esta “lista de la vergüenza” me confiaron cuales han sido las frases más hirientes que le han dicho a sus hijos, no fue fácil, en realidad todas se arrepintieron de lo dicho al instante, porque tenemos que tener en cuenta que cuando lo decimos queda la marca, como una cicatriz imborrable. Esta es la lista:

    • “¡Eres estúpido!”
    • “¿Eres tonto, o qué?”
    • “Tu hermano lo hace mejor que tu”
    • “Ya basta”
    • “¡Deja de hacer eso ahora!”
    • “Deja de comer así que pareces un cerdo”
    • “¡Que inútil eres!”
    • “¡Cállate!”
    • “¿No tienes cerebro?”
    • “Ojalá no hubieras nacido” (¡esta es la peor!).

    Los gritos y las palabras hirientes son maltrato sicológico. Si creías que porque no le pegabas a tu hijo y que “solo le gritabas” has un alto y piénsalo dos veces. Se que todas llegamos a un momento de frustración donde estallamos al no saber cómo canalizar el enojo, pero cuando eso suceda demos espacio al pensamiento racional, ¡al que le estamos gritando es a nuestro hijo!, a aquel pequeño que hace unos años esperabas con tanto anhelo y que se ha convertido en tu mayor felicidad.

    A que así como le gritas a tu pequeño no le gritas al vecino, a tu madre o a tu mejor amiga, ¿verdad? El maltrato que les damos a los niños la mayoría de las veces no se le infringe a un adulto, porque en teoría estamos “educando” pero para todo hay formas.

    No somos madres perfectas, pero si te llega el momento en que explotas toma un respiro. Pide disculpas a tu hijo por tus gritos y palabras. No es malo pedir perdón y menos hacia las personas a las que más amamos, él sabrá que mamá lo ama y su actitud será otra. Tengamos paciencia, estamos criando mejores seres humanos y aún son niños. Si a los adultos se nos dificulta la vida imagínate a ellos que apenas comienzan a vivir.

    Moldemos la autoestima de nuestro hijo con palabras de amor, cambiemos el “¿Eres tonto, o qué?” por un “¡Eres muy inteligente hijo!”, cuando los niños se sienten amados por sus padres en el futuro serán adultos felices con su persona y a la larga con sus propias familias. 

    ¿Qué les estás enseñando a tus hijos?

    Foto Flickr/Snap Man

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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