Le doy vueltas y vueltas a este post. El no saber como iniciarlo, que palabras adecuadas usar para no herir a nadie, y sobre todo, el que se me baje el coraje, espero de verdad no molestar a nadie ni mucho menos ofender algún grupo.
Hoy por la tarde comentaba en Twitter:
«Mi hijo está jugando afuera y lo vigilan, mi hija duerme, y aún así no me relajo para leer por estar con el pendiente, tengo que ir a ver…»
Inmediatamente mi peque subió y escribí de nuevo.
«Esa conexión madre-hijo es mágica! Subió a buscar una pelota y me dijo «mami aquí estoy» #amoamihijo»
Igual, siempre aflora el sexto sentido de la mamá. A los pocos minutos bajé con la nena semi dormida y me encontré con la muchacha que me ayuda y mi hijo, ella le decía que ya era hora de meterse porque estaba anocheciendo.
Vi al peque con cara triste y le pregunté a ella que pasaba, y me dijo: «Es que el niño de a lado le dijo que Santa no existe», me quedé helada, «pero él le dijo que sí existe y lo llevó a ver el infable y la carta que tiene en sus manos», ella se refería a un inflable de Santa que tenemos en el jardín. Ni que decir que se me revolvió el estómago.
Vi a mi hijo, lo vi tan chiquito, tan sacado de onda, ¿triste? también, no me dijo nada. El vecinito solo me veía desde la banqueta de su casa, junto a la mía, ni se me acercaba, solo me veía. Abracé a mi hijo y le dije que el vecinito ya se iba a meter a su casa porque estaba anocheciendo, «ya es tarde hijo, mañana juegan», mi hijo tan lindo ya quería llevarle una leche de chocolate, de esas de cajita que le encantan, pero ya no lo dejé.
No lo niego, sentí mucho coraje contra ese niño, ¡con ganas de regañarlo!, también pensé en ir a hablar con su mamá, pero que rayos le decía? «oiga vecina su hijo le está diciendo al mío -que es más pequeño- que Santa no existe, ¡no se me hace justo!, si usted cría a su hijo así que bueno, pero que no vaya por la vida arruinándole las ilusiones a los demás niños»… bueno, quizá algo así y en no muy buen tono… lo escribo y se me sale lo leona, lo enojada, y perdón, lo encabronada que estoy, porque no es justo, no.
Nuestro vecino no es ni mucho menos un niño malo como Sid el de Toy Story, es un niño como de seis o siete años con problema de lenguaje, son vecinos nuevos como con tres meses aquí y no son de la ciudad. Apoyé a la mamá en cosas de vecinos y ella una vez que el peque se puso mal nos llevó al hospital y dió varias vueltas conmigo, la verdad no son una mala familia, lo único que rompió esa armonía fue la manera de romper la ilusión de mi hijo de esa forma.
Y es que no entiendo. ¿Cuál es la idea de decirle a otros niños que Santa Claus no existe? ¿Que podercito sienten los niños que lo saben al arruinarles la ilusión a los más pequeños? Ese niño pretendía que mi hijo llorara, se enfadara o de verdad le dijera «ah sí, gracias por advertirme que mis papás me están engañando».
Creo que este post no tiene ni pies ni cabeza, solo deseo que nadie les quite la ilusión a sus peques, que el sueño de Santa o los Reyes Magos termine en el momento indicado y que cuando así suceda pedirle a esos niños ya mayores no ir por la vida sintiéndose superiores por saber la «gran verdad».
Acabo de recordar cuando mis padres me lo dijeron, tenía como 10 años, se sentaron en mi cama y yo frente a ellos y me explicaron amorosamente que ellos hacían la magia, que como hermana mayor ahora yo sabía «el secreto» y que tenía que ayudar no diciéndoselos a mis hermanos, mi regalo esa Navidad fue una hermosa bicicleta. Dos años más me trajeron un par de cosas y listo. No fue traumático y sí fue hermoso, siempre les agradeceré a mis padres ese momento tan lindo, que a decir verdad, ya como desde los ocho años no faltaba el niño que decía que «Santa eran los papás» y ya me fijaba en las cartas que nos dejaban y que era muy parecida la letra de mamá y Santa, cosas así, pero bueno,¡ ya era 8 años y no 3!
Esta noche solo se que no lo dejaré jugar con ese niño nunca más.