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  • Querida mamá: ¡Gracias por todo!

    Querida mamá: ¡Gracias por todo!

    Si quieres darle gracias a tu mamá por todo lo bueno que ha hecho por ti en la vida ¡este es el texto ideal! Me encanta compartir esta reflexión del locutor Mariano Osorio, quién con esa sensibilidad que lo caracteriza nos narra el agradecimiento de un hijo a su madre.

    ¡Disfruta tanto como yo al leer pero ten a la mano un pañuelo!

    Mamá, el otro día, observando mi ombligo, me detuve a pensar qué pequeño y curioso testimonio de una conexión, tan importante. Una conexión que me recuerda como comenzó mi vida…. Como comencé a ser yo. Hoy es difícil imaginar que alguna vez fuera tan pequeño, que dependía completamente de alguien…. Y ese alguien, eras tu mamá.

    Tú me mostraste mi primera mariposa y mi primer arco iris, estabas a mi lado cuando ensayé mis primeros pasos, fuiste la primera persona que me hizo reír, y escuchaste que la primera palabra que dije: fue… ‘Papá’. Perdóname mamá.

    Me encanta que la gente diga que me parezco a ti, porque es verdad, tenemos los mismos ojos, las mismas orejas, y la misma nariz. Y si los miras de cerca, veras que hasta los dedos de nuestros pies, son parecidos. Aunque si lo piensas bien, no es tan sorprendente, siempre seré una parte de ti porque tú me creaste.

    Has esculpido mi rostro con un millón de besos cariñosos, me has enseñado todas las cosas importantes de nuestro mundo, y mi lugar en él, todo lo aprendí de ti, mientras te escuchaba y te observaba. Has compartido conmigo todos los valores que te hacen tan especial, la bondad, el perdón, la honestidad, la perseverancia, la consideración, y principalmente… la paciencia.

    También me enseñaste que incluso el día más terrible, parece mejor con un vaso de leche tibia y galletas. Tu serena filosofía de leche tibia y galletas mama, me ha ayudado a atravesar los momentos más difíciles, mucho más a menudo de lo que puedas imaginarte. Lo que trato de decirte mamá, es que eres la base sobre la que se ha formado mi personalidad, y solo me queda una palabra:… «Gracias».

    Gracias por haberme colmado siempre de abrigo, de seguridad y de amor, por haberme dado todo lo que necesitaba para crecer y desarrollarme, gracias, porque siempre estabas dispuesta a llevarme a todos lados, gracias por las exquisitas comidas de las que te ocupabas con tanto amor, día tras día, año tras año, y te agradezco especialmente mamá, por aquel increíble aroma de pan recién tostado por las mañanas, gracias por dejar a tu tesoro de dos años jugar con tus posesiones más valiosas, y por no haber dicho: te lo dije, te lo dije, todas las veces que hubieras querido. Gracias por levantarme cada vez que necesitaba un abrazo, o ver algo desde la mejor ubicación, lo que seguramente no ha sido nada bueno para tu espalda mamá.

    Gracias por volar a rescatarme cada vez que me oías gritar: «quiero a mi mamá». Siempre has sabido que decir, o que callar, para hacerme sentir mejor. Gracias, por tantos cálidos y amorosos abrazos, porque arreglabas juguetes, y corazones rotos, una y otra vez, gracia mamá.

    Gracias por alentarme a buscar la belleza dentro de mí y a mantenerme siempre en pie, gracias por asegurarme que podría crecer y alcanzar el éxito en cualquier cosa que me propusiera, si creía en mí, de la misma manera, en que tú lo hacías.

    Pero mamá, los dos sabemos que aunque nuestra relación ha sido maravillosa, no siempre fue tranquila y perfecta. Porque yo, que soy la alegría de tus ojos, no siempre te hice reír. Perdóname por las veces que te hice enojar, o por haber hecho que te preocuparas por mí, y por todas las noches de insomnio que te causé. Perdóname por haberme revolcado en el barro, después de que me hubieras puesto mi mejor ropa, y mis zapatos nuevos, y por preguntar: ¿Falta mucho, falta mucho? Cada vez que salíamos.

    Discúlpame por intentar huir tantas veces del baño, y por ponerme difícil a la hora de ir al colegio, o cuando no me dejaste hacerme aquel tatuaje. Me arrepiento de todas la ocasiones en que me puse insoportable, especialmente en los mejores restaurantes, hoy me siento mal por las veces que te desperté a las cinco de la mañana, el día de mi cumpleaños o en Navidad, o por todas aquellas noches en que no había manera de que me durmiera.… Perdóname por no haberte dado más tiempo para ti misma, aunque fueran unos pocos momentos tranquilos para pensar,… Para soñar.

    Ahora comprendo a cuantas cosas renunciaste por mí, porque mi tiempo para jugar siempre estuvo primero que tu tiempo para descansar, mis comidas eran más importantes que las tuyas, y mi entrenamiento para dejar los pañales estaba absolutamente antes que nada. Cada vez que tratabas de relajarte, yo irrumpía en tu habitación exigiendo: mamá me muero de hambre, mamá me aburro, mamá no encuentro a mi mascota en ninguna parte, ¡levántate y ayúdame a buscarla ahora mismo!

    Hoy comprendo cuantas cosas he logrado gracias a ti mama, y quisiera tener más de una vida para devolverte todo lo que me has dado. Me mostraste un mundo lleno de amor y maravillas, me enseñaste a encontrar mi propio camino, y me has hecho mucho más feliz, de lo que puedas imaginar.

    Quiero que todo el mundo lo sepa: mi mamá es la mejor mamá del universo… ¡Gracias mamá,… gracias por todo!

    Foto vía

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  • #YoConfieso: He vivido la presión de ser la madre perfecta

    #YoConfieso: He vivido la presión de ser la madre perfecta

    Vivimos en un mundo donde los estereotipos predominan. Nos esforzamos en ser mejores cada día en todos los aspectos: en los estudios, en el deporte, en comer los alimentos más saludable, en tener el mejor coche… eso y más, pero hacerlo todo bien, casi perfecto.

    Eso nos agobia, nosotras como madres tenemos el compromiso de criar niños seguros y felices, ¿pero cómo saber cuándo nuestras expectativas van creciendo sin control a modo de querer convertirnos en una madre perfecta? esto que a la larga puede llegar a afectarnos emocionalmente como mujeres y claro está, también dañar a nuestra familia.

    Yo alguna vez quise ser la madre perfecta y esto era lo que más me preocupaba:

    • Comida perfecta

    Buscaba que la alimentación de mi familia fuera la mejor: la más nutritiva, cero grasas, cero comida chatarra, adiós refrescos embotellados, bienvenido el aceite de oliva, el consumo de harinas dosificado. Buscaba recetas, decoraba los platos, integraba productos nuevos a mi comida diaria… dejé de un lado las recetas de mi mamá que me habían hecho tan feliz de pequeña y que incluían muchas calorías pero también muchas sonrisas. Hoy ya comemos con más libertad, considerando que no es malo comer unas papas o unas galletas mientras equilibremos con la comida que mamá hace en casa que siempre es la mejor para la familia, mientras que las comidas en casa de la abuela son las que más gozan los nietos, increíble ¿verdad?

    • Casa perfecta

    Todo en orden, no podía ver juguetes tirados, eso de “deja que se caiga la casa si estás enferma” no entraba en mi plan organizacional de vida. Cojines de la sala en su lugar, en el refrigerador no podía estar la mayonesa porque su lugar era la alacena, la ropa sucia en el bote correcto, los cargadores de los celulares en un solo lugar ¿así o más rígida? ¡No sé cómo no me explotó la cabeza!

    • Tareas perfectas

    Lo que le pidieran a mi hijo en la escuela lo llevaba correcto, si era un disfraz de Halloween yo buscaba el que consideraba más bonito, que si la piñata del cumpleaños de Cars buscaba la más grande, que si el pastel de la nena pues el más delicioso de mi ciudad para que compartiera con sus amiguitos, que si la clase de natación llegábamos puntuales para cumplir los ritmos perfectos. Lo escribo y me sorprendo.

    • Hijos perfectos

    ¿Qué mamá no ve guapos a sus hijos? ¿Quién no quiere que siempre estén como de portada de revista de moda infantil? Bueno, yo era de esas mamás, y creo que mis hijos me aguantaron mucho en su tierna infancia cuando los tenía listos y ‘peinados con raya en medio’ tal cual estuvieran para foto. Hoy disfruto verlos correr descalzos y en ropa interior por toda la casa.

    • Madre perfecta

    Intenté cumplir con todos mis roles a la perfección: madre, esposa, hija, hermana, amiga, profesionista y lo que se acumulara. Cuando todos ellos estuvieron cumplidos entonces me volteé a ver y traté de poner a la Any perfecta y no pude. ¡Estaba haciendo de mi vida una pesadilla y no me estaba dando cuenta!

    Tuve una gran caída emocional y me puse en orden conmigo misma, me planté que la perfección no existe y que la vida hay que vivirla un día a la vez, en calma, relajados. Despedirse de la rigidez, atendernos a nosotras mismas para poder entonces ofrecer a la familia nuestra mejor versión, la que ellos se merecen.

    Recordar que no solo somos mamás, si no que antes fuimos mujeres, que si bien ahora estamos viviendo nuestro mejor papel lo representemos sin temor a equivocarnos, de gozar las sorpresas y de disfrutar a nuestros hijos cuando nos pidan comer un helado de dos bolas sin complicarnos la cabeza por temor a una enfermedad de la garganta que aún no existe.

    ¡Ser imperfecta es la más grande belleza!

    Foto: Flickr/RenaudPhoto

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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