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  • #YoConfieso: Tengo miedo de no entender la tarea de mi hijo

    #YoConfieso: Tengo miedo de no entender la tarea de mi hijo

    Conforme pasan los años y mi hijo va creciendo las tareas escolares se van haciendo más complicadas para él, y lo confieso ¡también para mí!

    Atrás quedaron aquellos días donde las tareas eran hacer palitos y bolitas en el cuaderno, el pintar con muchos colores los dibujos que les mandaban las maestras para promover la grafo motricidad fina y gruesa, y es que por más que lo deseemos nuestros hijos tienen que crecer, aunque los extrañemos en cada paso que dan.

    Y bueno, un día esta mamá sentía que las tareas aún no eran problema para ella, que podría seguir asesorando por muchos años más los trabajos de los cursos de la escuela primaria, por ya no decir de las cosas lindas del kinder.

    Hoy mi hijo va a la mitad de su curso de tercer año, y sus deberes pintan un poquito más difíciles conforme pasan los bimestres, y es que así tiene que ser, si no donde estaría el avance.

    ¿Cómo nos organizamos para trabajar?

    Cuando llegamos de la escuela cuentan con unos minutos para refrescarse y cambiarse la ropa, lo siguiente es sentarnos a comer en familia y contarnos como nos fue el día. Dejamos pasar al menos media hora para una tranquila digestión y nos ponemos juntos a hacer la tarea. Aclaro, no es que yo se las haga, más bien me pongo el traje de la Miss Mami, que es como me dicen a veces entre juegos, y los apoyo en lo necesario, tal cual lo hace su maestra en la escuela.

    Con mi hija de kinder funciona rápido, pero con el de primaria nos llevamos más tiempo. Una tarde trabajando su tarea de inglés me preguntó por una oración, yo con mucha seguridad respondí a su duda. Él por su parte me respondió con la correcta pronunciación y porqué mi palabra estaba dicha de forma incorrecta, ya que la oración planteaba tal cosa.

    No lo voy a negar, me dio mucha pena, creo que él lo notó y le dije, “tienes razón hijo, si el maestro te dijo que era así está bien”.

    Apoyar a los maestros

    Hace un par de años, la profesora que le enseñaba inglés nos dijo a las mamás: “Señoras, ayúdenles a sus hijos con la tarea pero no se las hagan, sobre todo la de esta materia que sabemos que no es nuestra idioma de origen, si tienen dudas con la pronunciación apóyense con herramientas de internet, pero no pongan en duda lo que están haciendo sus hijos porque la tarea que les dejo es algo que repasaron hoy en clase y lo tienen fresco en su memoria”. Así que mi hijo corrigió a su madre en una tarea que ella daba por aprendida.

    La verdad es que las madres aprendemos todos los días de nuestros hijos, y los deberes escolares apenas son una parte de ellos. Ahora que soy mamá me enfrento con muchas técnicas modernas y efectivas que yo no estudié cuando niña. Entre ellas la letra cursiva, el aprender matemáticas con regletas, lectura y comprensión de libros que no son los escolares, exposiciones ante grupo desde que inician la primaria, y por supuesto, el aprender a escribir y a leer cuando sales del kinder.

    Sé que para llegar a estos puntos hay muchos maestros, psicólogos y demás personas que trabajan en la educación infantil que han considerado que se puede hacer este programa para enseñar, y de esta forma preparar adultos más capacitados en su futuro laboral.

    Los niños crecen tan rápido que cuando veamos ellos estarán trabajando y nosotras pensaremos “¿Este era el pequeño que me corregía la pronunciación en inglés hace unos años?” ¡Así es, la vida es un suspiro para las madres!

    Espero seguir a la altura de la necesidades escolares de mis hijos, y cuando de verdad no pueda, sé que la maestra nos apoyará para al menos guiar a esta mamá en sus dudas y así encaminar a mis niños cuando lo necesiten.

    Foto: vía

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • Ser una mamá de alta demanda

    Ser una mamá de alta demanda

    Antes de ser mamá no me imaginaba lo diferente que sería mi vida al tener que criar a dos pequeños que dependen totalmente de mí y que hace una década ni si quiera estaban en mi proyecto. Aún sin saber lo que sería ser mamá me lancé a la aventura de la búsqueda de un bebé, hasta que una mañana en mi nueva casa la ansiedad no pudo más y me decidí a comprar una prueba de embarazo que tras hacerla resultó positiva… lloré y lloré.

    Lloré de alegría, de miedo, de ansiedad, de pánico al parto, de imaginar que había algo dentro de mí que ya crecía, lloré de inmensa felicidad.

    Y así pasé muy consentida por 40 semanas hasta que el bebé de alta demanda hizo su aparición un caluroso mes de abril. Lloraba, pedía teta sin descanso, dormía como un rey, se despertaba queriendo lactar más, tenía los horarios volteados, no había día o noche, él vivía entre comer, dormir y ensuciar el pañal, se repetía el círculo muchas veces al día.

    Llegaba la noche en la que me duchaba corriendo para no separarme de mi angelito que tenía un sexto sentido para darse cuenta que mamá no estaba junto a él… me había convertido en una mamá de alta demanda.

    Mamá primeriza

    Por lo tanto seguía llorando, temerosa de no bajar de peso y sentirme enorme, de no estar alimentándolo bien pues aunque lo tenía muy estudiado el tema de la lactancia materna también era nuevo para mí, pasar de pezoneras plásticas a almohadillas para contener la leche, que si debía andar con faja toda la cuarentena… todo resultó ser tan abrumador que ni la paciencia de mi mamá y el amor del papá de mi hijo aplacaban el sentimiento de creer estar haciendo mal las cosas.

    Pero con los días viene la calma, el baby blues fue desapareciendo y la guerrera que vive en mi no se dejó vencer por el revoloteo de las hormonas en todo mi cuerpo.

    Si tuve la fuerza y el valor de pasar por un parto natural ¡podía hacerlo todo! Me informé mucho sobre mi nueva etapa de vida, si mi bebé era de alta demanda también tendría una mamá de alta demanda que lo apoyaría en todo momento, porque para él también la vida era nueva.

    Hoy ya no tengo un hijo de alta demanda, ese bebé tan exigente se ha convertido en un estupendo chico de siete años muy independiente y feliz, con el que practiqué colecho, porteo, lactancia exclusiva, prolongada y tándem con su hermana menor.

    Una mujer diferente

    Soy hoy una mujer que no sabía que existía en mí, una mamá que regaña en el momento necesario, que da gritos de vez en cuando pero que no pega porque no cree que los golpes sean la mejor opción. Que cría a sus hijos con igualdad, que explica de los valores humanos, las idiosincracias y hasta de la maldad de la gente.

    Ser mamá es el mejor trabajo del mundo, con jornadas de 24 horas, los 365 días del año sin considerar vacaciones o fines de semana… y lo tomamos con tanto amor aceptando como único pago un abrazo y una voz que nos diga “¡Te amo mami!” 

    Foto: Flickr/Cia de Foto

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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