Cuando lo regaño me siento una mala mamá. Creo que ha todas les ha pasado esta situación:
El bebé durmiendo (después de mucho trabajo en conjunto con la madre para lograrlo), la mamá agotada tras varios intentos ¡y el logro!, casi caminando de puntitas y hablando bajito (exagerado), cuando un juguete, una risa o carcajada, o que tal un maaami estruenduoso por toda la casa… de repente un llanto: ¡buaaa!…
¿A poco no se te sube la sangre a la cabeza, calor por todo el cuerpo y con ganas de volverte Homero Simpson ahorcando a Bart? ¡Uff, que intenso!
S junta el stress y se crispan los nervios al ver todo el trabajo en ceros, y la verdad es que sí, ¡nos dan ganas de ahorcar al mayor!
Esto me ha estado pasando todos los días, duermo con mucho trabajo a la nena, y el grande con sus risa y juegos termina despertándola, me da mucho coraje y lo regaño.
Le digo de la mejor manera que su hermanita tiene sueño, que si grita y tira sus juguetes ella se pondrá triste y llorará.
Él entiende en un segundo y a los tres ya hace otro ruido… le veo con ganas de ahorcarlo y me vé con miedo y hace silencio, ¿hay una mamá más mala?
Lo peor que me puede pasar es ver el miedo en los ojos de mi hijo, y me arrepiento enseguida. Ahora solo le pido que juegue con más cuidado y en silencio… ¿pero como le puedo pedir silencio a un niño!, si es eso: ¡un niño!
De nuevo la bebé duerme, el juega cerca de mí y no en su área, quiere estar cerca de mamá aunque lo regañe, se acerca y me habla susurrando.
¡Ay hijito, me siento peor por como hablas despacito para no despertar a tu hermanita y a la postre no molestarme!
¡De verdad que no hay un manual para hacer estas cosas!
Foto Vía
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