Erase una vez, una niñita que hace unos días estuvo muy enferma, lo que no saben, es que esa niñita hace ocho días se soltó. No del estómago, ni de una cadena, así dicen todas las mamás y demás familiares cuando los bebés comienzan a caminar solitos y sin ayuda.
Esto pasó el domingo, cuando regresamos a casa por la tarde, la pequeña Ana Carolina sin más miedo ni más muebles de por medio se puso a caminar por toda mi habitación y la de su hermano.
Héctor y yo no pudimos aguantar la emoción, queríamos ahogar nuestros gritos pero era muy difícil, al escucharlos ella se cayó… pero se levantó como pudo… ¡y siguió caminando!
Han sido dos semanas de verla recorrer mi casa, llegar a puntos donde solo sus ojitos podían alcanzar, levantar todo del piso porque hasta una mosquito en el suelo le llama la atención ¡y se lo quiere llevar a la boca!
Es de verdad emocionante, y también de verdad triste, el ver que mi bebé está dejando de serlo frente a mis ojos, que rápido se me ha pasado este año, es increíble, creo que no he disfrutado a mi hija como me hubiera gustado… y así, en un pestañeo ya tendrá los XV años y estaré organizando su fiesta ¡Mi nenita!
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