
Mi hijo sigue creciendo, y aunque muchas veces lo sigo viendo como mi bebé hay acciones que me demuestran que está dejando de serlo.
Tiene una semana que ya no quiere sentarse en su periquera a la hora de la comida. Por la tardes me pide que lo siente en una de las sillas del comedor, y aunque le falta todavía un poco para estar a la altura de la mesa él se sienta de lo más feliz y allí come.
No recuerdo desde que mes comenzó a comer en su silla alta, creo que a los seis. El sabe que es «su silla» y así ha sido por más de un año.

Ahora le pongo un pañito en la nueva silla para que no la manche y asunto arreglado, ¿para que pelear si veo que lo disfruta? Por otro lado siento que la periquera «lo extraña», lo que pienso es que en día de estos la voy a desaparecer y la guardaremos para darle uso en un futuro no muy lejano.
La hora de la comida debe ser un momento apropiado para la socialización, el diálogo y la relación afectiva con el niño, hay que crear una atmósfera agradable para toda la familia.
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