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  • #YoConfieso: La abuela que quiero ser

    #YoConfieso: La abuela que quiero ser

    A unos días de festejar a los viejitos de la casa, agradezco por la vida y salud de mis abuelas, de recordar el cariño de mis abuelos que ya partieron y de añorar el cariño de mi padre hacia sus nietos, cada uno con su carácter su historia y su forma de ser tan especial. Mi imaginación vuela y me pregunto cómo seré yo de abuela, ¿seguiré con mi estilo estricto con el que educo a mis hijos o dejaré correr y ensuciarse de lodo en la ropa a mis futuros nietos?

    En una plática de mamás con mi hermana recuerdo una queja suya hacia mi madre, sobre que consentía mucho a su hija y que le restaba autoridad a la hora de regañarla. Mi mamá por su lado exponía que mi hermana regañaba muy feo a su hija y que ella se metía porque no le gustaba la forma.

    Yo me pregunto si mi mamá no se acordaba de cómo nos regañaba cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, ¡le teníamos pavor a los gritos, regaños y métodos que ella usaba! Ahora mi mamá nos dice que nosotros tenemos todas las lecturas educativas para mamás y que ella educó con instinto y como aprendió de su mamá, ¡y en eso le doy toda la razón!

    Con todo lo que ahora sé sobre crianza con apego, el colecho, la lactancia materna exclusiva, prolongada y en tándem, y demás corrientes educativas, me lleno de mucho conocimiento que intento todos los días transmitir a mis hijos.

    Siempre estoy tratando de hacer de mi niño un hombre amoroso, sensible y empático, a formar a mi hija como una futura mujer fuerte, amante de la naturaleza y de la familia. También busco junto a ellos crecer e inspirarlos para ser más conscientes de nuestro planeta, de la ecología, de la unión familiar, de la fe, de la alimentación sana.

    Podría seguir y seguir con esa lista que todas las mamás tenemos guardada en nuestros corazones de las enseñanzas que queremos para nuestros chicos.

    Llegará un momento en que estas semillas que plantamos a diario den sus frutos, y es allí que nuestro papel de abuelas nos cambiará el panorama.

    Quiero ser una abuela dinámica, divertida, llevar a mis nietos a Disney World, tener energía para ir con ellos al cine, prepararles su comida favorita, cuidarlos en ocasiones que sus papás necesiten una escapada romántica, verlos crecer y ser felices en su vida adulta.

    Porque como dice mi mamá con respecto a mis hijos: “yo los voy a consentir porque soy su abuela, a mis hijos ya los crie”, y no me queda otra más que asentir, porque voy que pinto para lo mismo y de esta forma disfrutaré de los pequeñitos que el futuro tiene reservado para mí en un lugar enorme en mi corazón.

     

    Foto Via

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • Así son las abuelas modernas y su amor sin límites

    Así son las abuelas modernas y su amor sin límites

    ¿Qué sería de nuestras vidas sin los abuelos? Esos seres maravillosos que hizo Dios para consentirnos cuando éramos niñas, disfrutar de su cariño. Llenos de sonrisas, con una cabecita blanca y unos lentes que no podían perder porque no veían; y si esto sucedía la tarde se les complicaba. Las tardes de domingo cuando sabíamos que la visita  a la casa de la abuela era parte de la rutina creada por nuestros padres, pero que cuando estábamos con allí se convertía en un momento maravilloso.

    Veo fotos de mi abuela materna cuando joven, su piel blanca, sus ojos azules, su media sonrisa con un fondo de cansancio. Su pelo corto color rojo oscuro el cual por coquetería lo ha llevado así por años, ya sé de donde viene el gen, su pasión por la limpieza, el olor a jabón y a que el piso de su casa tenía que estar más limpio que el propio baño, que ya es mucho decir. Con sus 77 años, viuda, y siete hijos vive tranquila en su casa viendo pasar la vida y aún con fuerza para recibir nietos y bisnietos.

    Mi abuela paterna también es de esas cabecitas blancas, muy de su casa, con ideas tradicionales sobre el matrimonio como “todos los hombres lo hacen”, “siempre debes estar maquilladita cuando llega tu marido” y cosas por el estilo. Soy su nieta mayor y eso me ha ganado un cariño extra en su corazón, como toda buena abuela recibe con brazos abiertos a hijos, nietos y bisnietos, feliz con sus 79 años capoteando enfermedades con una sonrisa cálida.

    Así son las descripciones de mis abuelas, mujeres mexicanas nacidas en 1937 y 1935, aún fuertes y dando batalla a lo que se le presente, cocinando y dando consejos, creyentes en su fe y abnegadas madres y esposas.

    ¿Qué pasa con las abuelas de hoy?

    Conozco a muchas abuelas jóvenes, modernas e independientes. Mujeres que crecieron en los años sesentas y setentas con otra educación e ideología, pero siempre enmarcadas en las tradiciones de las familias de la provincia mexicana. Una mezcla que hoy hace que las abuelas del siglo pasado difieran de las abuelas de hoy.

    Mi mamá es una abuela joven, que se preocupa por su figura, se da gustos con la comida, trabaja de manera independiente, sale con sus amigas, disfruta de sus nietos, no interfiere en la vida matrimonial de sus hijos pero no por eso los abandona a su suerte. Igual que su madre cocina delicioso aunque ella lo dude. Habla golpeado, como si regañara, pero eso con sus hijos, porque con sus nietos el regaño se transforma en llamada de atención, porque jamás tratará a sus nietos como trataba a sus hijos, porque como dice ella “los nietos son para consentir, porque para educarlos ya lo hice con ustedes, ahora ese es tu trabajo”, ‘¡Toing!

    Mi suegra es otra mujer sumamente independiente, lucha por lo que quiere, ama a sus hijos y respeta sus espacios, es sonriente y bailadora; una mujer que para nada me recuerda a las abuelitas del siglo pasado. Cambia de look tanto como quiere y le gusta comer sanamente.

    ¿Dónde están las abuelas del siglo pasado donde la abnegación y entrega estaban en primer plano? Creo que esa generación es la de nuestras abuelas, las mamás de nuestras madres, que si bien formaron grandes mujeres que nos educaron, poco a poco van dando paso a las abuelas modernas que saben usar un celular y que tienen un perfil de Facebook que manejan a la perfección para poder ver las fotos de sus nietos y presumirlas con orgullo.

    ¿Tu mamá es una abuela moderna?

    Foto: Flickr/TheArches

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • Mi mamá «malcría» a mi hijos

    Mi mamá «malcría» a mi hijos

    Es una frase que he escuchado en muchas ocasiones en las pláticas entre amigas que son madres. La queja surge cuando es la abuela materna la que apoya en la crianza de los nietos, ya que por diferentes razones la madre no lo puede cuidar, especialmente por el trabajo.

    Entonces la madre se ve en la siguiente situación:

    “Cuando regreso de trabajar muy cansada paso por mis hijos a casa de mi mamá que es la que me apoya para ir por el mayor a la escuela, y cuida a la menor que todavía no asiste. Llego a su casa, saludo a mi madre, a veces como en su casa y cuando tenemos que irnos a nuestra propia casa los niños ya no me hacen caso, tiene que ser mi madre la que de las órdenes porque he perdido mi imagen de autoridad frente a ellos.

    Si los reprendo mi mamá sale en su defensa consintiéndolos y diciéndome que no los regañe así porque están pequeños, quedo como una tonta frente a mis hijos y mi mamá no entiende que soy yo la que tiene que formarlos en autoridad. Me enojo con ella aunque sé que me ayuda mucho al cuidar a mis hijos. No sé qué hacer.

    Quisiera encontrar la forma correcta de decirle a mi mamá que respete mi lugar como mamá sin que se sienta triste, para que mis hijos no corran con ella al momento que yo doy una orden”.

    Mi amiga es una mujer trabajadora que tiene un turno de 9 a 6 de la tarde, pasa poco tiempo con sus hijos y son sus padres la que la apoyan, su esposo trabaja jornadas completas y apoya con el gasto familiar. Es una buena persona y buena madre.

    Casos como este abundan en nuestra sociedad, en que los abuelos maternos apoyan siempre con cariño a la hija pero a la vez adoptan una autoridad frente a los nietos tratándolos como sus hijos con la dosis amorosa que como abuelo conlleva, es decir nada de regaños y mucho de consentimiento, ¿verdad que te ha pasado?

    Cuando mi hijo mayor tenía como tres años y los regaños comenzaron a aparecer, casi no podía hacerlo frente a mi madre. Cuando yo reprendía me salía contraproducente porque enseguida escuchaba un “Ay Any, no lo regañes así…”  esa frase frente a mi hijo, quien mejor se iba con la abuela “buena gente” que con la “mamá regañona”, yo le respondía “¡Pero mami, si tu nos regañabas más fuerte a mis hermanos y a mí!”, y mi mamá respondía con su frase matadora “Sí pero eran otros tiempos, yo no sabía que esos regaños eran malos” y que como yo leo mas sobre maternidad entonces mejor buscara otra forma de regañar.

    Para ese momento mi hijo ya estaba cargado en brazos de la abuela quien mejor se lo llevaba a otra parte, así sucedieron varias veces, y yo en la novatada y en que no quería contrariar a mi mamá dejé que pasara, hasta que leí que debía retomar mi lugar como mamá y que ella tenía que respetar mi autoridad, que aunque ella era mi madre yo era la responsable de la crianza de ese niño. Así que la siguiente ocasión en que quiso coartar mi autoridad se lo dije, lo entendió y no volvió a contradecirme, al menos frente mis hijos.

    Las abuelas toman atribuciones incorrectas por ayudar

    Hoy, algunos años después vi que lo hizo con mi hermana y su niña, y mi hermana también tuvo que decirle lo mismo: “¡mami deja que regañe a la niña, me quitas autoridad!”, eso mientras la pequeña salía corriendo a los brazos de la abuela “alcahueta” y mi hermana hacía corajes. 

    Me pregunto si seré alguna vez una abuela así… Creo que como madres siempre intentamos darle a nuestros hijos lo mejor en crianza y valores, mientras que las abuelas como ya están más relajadas en ese tema se dedican solo a cuidar, proteger y consentir a sus nietos, que es la extensión de lo que ellas más quieren: sus hijos, y entonces, ¿cómo no protegerlos de sus mamás que los regañan si rayan la pared con crayolas o si tiran el cereal sobre la alfombra costosísima?

    Intentemos entender a nuestras mamás, aman en dosis extras a nuestros hijos, tanto que los malcrían sin darse cuenta que les ocasionan daños en el carácter. Hablemos con ellas sobre la importancia que tiene para nosotras el educar correctamente a los chicos y que entiendan que es mamá la que manda aquí y en China. 

    Insiste en ello las veces que sea necesario, seguramente lograrás que tu madre acepte tu solicitud y con ello una mejor relación familiar donde persista la armonía.

    Foto: Flickr/susivinh

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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