El periodista Mariano Osorio nos comparte una hermosa reflexión sobre el trabajo de las madres. Si ves a tu madre en esta enseñanza o si te gustaría emularla te invitamos a compartir este contenido para que llegue a más mamás. Cada que lo leo no puedo dejar de pensar en mi mamá y que como muchas de sus leyes se han convertido ahora en las mías ¡y lo que aún me falta ver con mis hijos! Te aseguro que te encantará.
Yo tuve la mamá más mala de todo el mundo. Mientras que los niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado.
Cuando los demás tomaban refrescos gaseosos y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer emparedado. Mi madre siempre insistía en saber donde estábamos. Parecía que estábamos encarcelados. Tenía que saber quienes eran nuestros amigos.
Insistía en que si decíamos que íbamos a tardar una hora, solamente nos tardaríamos una hora. Me da vergüenza admitirlo, pero hasta tuvo el descaro de romper la ley contra el trabajo de los niños menores. Hizo que laváramos trastes, tendiéramos camas, y aprendiéramos a cocinar y muchas cosas igualmente crueles.
Creo que se quedaba despierta en la noche pensando en las cosas que podría obligarnos a hacer. Siempre insistía en que dijéramos la verdad y solo la verdad. Para cuando llegamos a la adolescencia ya fue mas sabia, y nuestras vidas se hicieron aun mas miserables, se volvió posesiva.
Nadie podía tocar el claxon para que salieramos corriendo. Nos avergonzaba hasta el extremo, obligando a nuestros amigos a llegar a la puerta para preguntar por nosotros. Mi madre fue un completo fracaso. Ninguno de nosotros ha sido arrestado. Cada uno de mis hermanos ha servido a su patria, y ”A quién debemos culpar de nuestro terrible futuro? Tienen razón, a nuestra madre.
Vean de todo lo que nos hemos perdido. Nunca hemos podido participar en una demostración y actos violentos y miles de cosas mas que hicieron nuestros amigos. Ello nos hizo convertirnos en adultos educados y honestos. Usando esto como ejemplo, estoy tratando de educar a mis hijos de la misma manera.
Verán doy gracias a Dios por haberme dado “La mamá mas mala del mundo”.
La historia de todos los días: Has estado toda la tarde lidiando con los chicos, que si la menor no quiere comer lo que hiciste hoy y le respondes que “la casa no es un restaurante y que aquí comemos todos lo mismo” o que el mayor tiene mucha tarea por hacer ese día y tú y él se pasan horas entre libros y cuadernos.
Y así se nos pasa el tiempo: entre que pides que no se suban al sillón de la sala, que hay que lavarse las manos después de comer, que el refrigerador no se deja abierto, que si el timbre de la puerta suena no tienen que salir corriendo a abrir sin avisar a mamá, que si ya llegó la hora del baño y ninguno de los dos quiere hacerlo porque es sinónimo de irse a la cama al poco tiempo… tardes como estas ocurren a diario en donde a las mamás nos toca muchas veces hacer el papel de “mala” frente a los niños.
Ayer mi hija menor me pidió un dulce y ni si quiera había querido comer, en casa los dulces están permitidos los fines de semana. Como me negué a dárselo me dijo muy seria“eres mala”, le contesté “si lo soy”, me replicó“eres fea”, “también lo soy” le respondí, sentí un hueco en el estómago,¿pero qué me queda?, en la casa la que educa y hace que se cumplan las reglas soy yo, y para lo bueno y malo que resulte esto también me convierto en la más fea y la mas mala según mi hija.
¿Qué pasa con el papá de mis hijos? El es “el bueno”, el que consiente, el que juega desde fútbol con el niño hasta con las muñecas de Frozen con mi hija. El que les trae postres, el que los llena de besos cuando llega y cuando se va, el que se sienta en las piernas a la princesa para comer juntos, el que a veces les ayuda en la tarea y el que se los lleva a su trabajo si se lo piden. ¿Y yo? ¿Y mamá?
Yo también hago todo eso: doy besos, juego con ellos, hago la comida que pueda gustarle a todos, doy abrazos, estoy pendiente de la tarea, de su ropa, de la casa, de la familia entera, de hablar con las abuelas, de las juntas del colegio y etc, etc, etc (tu y yo sabemos que la lista sigue), ¡peeero! a todo ello hay que sumarle que soy la que tiene que regañar, porque ese no es el trabajo de papá, que como los ve tan poco, su trabajo en realidad es consentirlos y que su imagen de súper papá no se vea dañada, o sea, ¿cómo?
Cuidado con la educación y crianza
Yo creo queno podemos ser “papás barcos”, ser blandos no les ayuda a los niños en su crianza, debemos saber el momento indicado para regañar a los niños.
Como lo comenté en un post anterior, con castigos, no con gritos y golpes, aún sabiendo que justo en ese momento tu hijo te va a querer un “poco” menos porque no le diste permiso de jugar el Xbox porque tiene que estudiar para el examen de mañana en el colegio, o decirle a tu nena que no puede estar sacando la ropa del closet y dejarla tirada por toda la habitación…
Con mis niños tan pequeños aún me falta un gran camino por recorrer, pero nadie dijo que ser madre sería fácil. Me tocarán todavía más situaciones donde tenga que reprender a mis hijos y sea en ese momento su papá su persona favorita, y es que, yo confieso: mamá regaña y papá consiente.
¿Tu cómo le haces para mediar esta situación?
Foto: Flickr Niklas Hellerstedt
Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.
¿Pero es que hay alguien que de verdad pueda decir que es una «buena madre»? Ni la mía, ni mis vecinas, ni las de mi familia, ya que todas llegamos a carecer de «algo» en alguna etapa de nuestras vidas, ¡Quiero creer!
Ahora que ya tengo unas semanas con el tiempo dividido y me he venido al grupo de las «mamás que trabajan»me he dado cuenta que a veces esto es como un ring de boxeo.
Las que «trabajan fuera» consideran que están haciendo lo mejor para sus hijos, proveyéndoles el sustento, apoyando al padre con los gastos de la casa, ofreciendo a los hijos momentos de calidad, estando con ellos todo el tiempo libre que les deje el horario laboral.
Por el otro lado están las que «trabajan en casa», quiénes también consideran que estar allí es lo mejor para tener todos los aspectos de comodidad y limpieza cubiertos, hacer la tarea con los chicos, ofrecerles una buena alimentación a todos los integrantes de la familia, estar al 100% y no perderse de nada, poder criarlos como debe de ser. En fin que por los dos lados la mala madre es la de enfrente y uno se esfuerza por ser la mejor.
Foto Any Fuchok.
La carga de la madre es casi total
En estos tiempos donde tanto análisis hay para todos, si vas con un psicólogo te preguntará siempre «¿Cómo fue tu infancia?», «¿Qué relación tuviste con tu madre?», porque así es, con la madre, porque el padre pocas veces resulta culpable de nuestra psique adulta, ya que ellos o andan de viaje, o trabajan largas horas, muy ocupado el señor, y es así como la crianza acaba en los brazos amorosos y entendidos de la madre, porque así es la naturaleza maternal y porque así son estos tiempos modernos.
Mis razones de porque creo que soy una mala madre. No voy a enumerarlas, vaya, que si no me hundo en la depresión, más bien analizaré unas cuantas…
La comida no es mi hit, hago lo que puedo, lo que me gusta, intento llevarles comida saludable y muchas verduras, pero la mayoría de las veces veo caritas de «no me gusta» y acabo regañando por dos o tres bocados de pollo con arroz.
En mis prioridades postergadas tengo las vacunas, tengo meses llevando a los niños y cuando no es que pierdan un día de escuela es que ahora quién me cubre mi turno en la oficina, si me cubren igual tengo que llevar a los niños esa tarde y a la vez pasar horas con ellos considerando que tengan malestar, ¿Eso no es ser una mala madre? Mala, muy mala.
Grito. Sí, grito cuando la paciencia se me agota y llevan rato peleando por un juguete, cuando la nena le vuela un coche al mayor y éste le dice «robalona de carritos» y ella dice «mamaaá ve Hetor». Lo de «compartir» ya se volvió en cantaleta de todos los días, y de decirlo cantadito y bonito llega una hora en que les digo que «o se calman y comparten o me voy a quejar con el doctor que me ayudó a que salieran de mi panza!» Santo remedio, por un rato.
Sigo con más razones… ¡No gracias! La verdad es que estés o no trabajando el esfuerzo de una madre para mantener el amor y la armonía de un hogar, nunca es valorado en su totalidad, es más bien como «lo que tenemos que hacer». Una vez leí que si nos pagaran por todos los «servicios» que ofrece una madre en casa sería una de las profesiones mejor pagadas de la actualidad, ya saben, uno la hace de enfermera, sicóloga, maestra, ayudante de limpieza, chofer, cocinera, lavandera, amiga y no olvidemos al esposo al que también apoyamos con lo mismo y le sumamos lo de secretaria, amante, mensajera ¡y más!
Según la publicidad de la televisión ¿Qué necesitamos para ser buenas madres? Tenerles paciencia, vernos jóvenes y delgadas, sonreir mucho, compartir con las amigas, tener sexo gozoso con el esposo, salir de vacaciones, ser exitosas y no vernos ni sentirnos cansadas, ¡nada de fodonguez por favor!
¿Qué rico verdad? ¡Ojalá así pudiéramos ser todas las madres de familia! Pero hay tantas variantes para que este molde de ‘Buena Madre’ no se refleje en nosotros que no acabaríamos en este post.
Con una docena de libros comprados preparándose para la llegada del primer hijo, todas las páginas webs visitadas con info sobre bebés, la opinión de otras madres… el que optes por críar con apego, dormir con tus chiquitos en colecho, estar a favor de la lactancia materna y prolongada, no dejarlos llorar, utilizar el porteo… ¿Eso te hace una hippie y mala madre?
Pues sí, eso digo, que soy una mala madre y estoy orgullosa de serlo. No espero que mis hijos me lo agradezcan, yo se que estoy criando una familia con todo mi amor y mi mejor esfuerzo para que mediante crezcan se conviertan en adultos seguros y felices. Quiero seguir siendo una mala madre.