Debe ser un común denominador en las madres, no solo en madres con hijos pequeños si no en madres con hijos adolescentes: el conteo para respirar con paciencia se hace prolongado, es mejor eso que un regaño, manazo, grito o nalgada.
Hace algunos años en la televisión mexicana recomendaban a los padres no perder el control cuando los hijos incurrían en alguna falta, el modo práctico era contar del uno al diez con respiraciones pausadas y profundas, pero «del dicho al hecho hay mucho trecho»… dice el dicho.
Yo, que abogo por la crianza con apego, no puedo negar que los chiquillos me han sacado canas verdes, que les he dado alguna nalgada o un fuerte regaño, y es que ¡rayos!, ¡no soy la madre perfecta!… solo intento ser una buena madre.
Nosotras somos las que debemos tener el control, somos las que con apoyo de lecturas y otras madres nos reeducamos para criar más amorosamente a nuestros hijos, para que ellos en un futuro no muy lejano, cuando lleven las riendas de este mundo de cabeza sean capaces de enderezarlo, de hacerlo más verde, más amigable y menos violento ¿y saben qué? eso comienza desde la casa, con la educación que nosotras les demos hoy.
El otro día salió en el diario una invitación a una conferencia para padres con hijos adolescentes problemáticos, y mi esposo me comentó que todavía nos venía esa etapa dificil con los niños, yo le respondí que si queremos evitarnos ir a ese tipo de conferencias en un futuro tenemos que trabajar desde ahora que ellos son pequeños y darles las bases adecuadas para su mejor formación, ¿estamos de acuerdo?
Como decía, no hay madres ni padres perfectos, pero hoy con tantas herramientas de comunicación podemos apoyarnos y resolver dudas, hacer una cofadría de amigos, padres y madres, con las cuales compartamos puntos de vista en cuanto a educación y crianza, para así tener hoy unos niños sonrientes y seguros, los adultos sonrientes y felices del mañana.
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