Dice mi amigo Fher que solo falta que su mamá me escuche para decirme que no aguanto nada, que en sus embarazos ella hacía muchas cosas físicas, trabajo en casa, entre otras cosas sin estar haciendo la llorona.
Yo le dije que ella ya no se acuerda bien porque su primer embarazo fue hace más de 30 años, ¡claro en tono de broma! pero es que ¿que tienen las mamás de las otras generaciones con estar criticando (o señalando) las experiencias de las más nuevas?!
Y no solo la mamá de mi querido amigo, también mi mamá dice que ella bla bla bla, mi suegra bla bla bla, amigas mayores bla bla bla. Nosotras las nuevas nos volvemos frágiles e incomparables a lo «maravillosas y fuertes» que ella fueron en sus embarazos. ¿Será?
¡Pues será el sereno, a cada quien como le va en la fiesta!

Y de que me siento como un trailer sí es verdad, la pequeña se mueve mucho más, en la noche cuando me quiero dormir ella se despierta a tamborilear por dentro, cuando me quiero levantar de la cama siento que dejo un hueco en ella (como Homero en la caricatura de Los Simpsons).
Le tengo que hacer a mi marido el sonido de «pi, pi, pi», como cuando los camiones hacen una maniobra, esto para que me ayude a levantarme… ¡por Dios!, pero es que apenas van cinco meses, con el mayor me sentía así como a los ocho!
Ya no menciono el cansancio de criar a un niñito de dos años alias «Terremoto».
Y no falta, no falta quien te diga «¡Y lo que te falta!», la frase favorita de las «mamás expertas».
La escuché tantas veces en el embarazo de mi hijo mayor y me llegó a caer tan mal que decidí no repetirla a ninguna de mis amigas barrigonas, porque la verdad, no es mucha la experiencia y si las ganas de fregar!
¡Regala muchas sonrisas!
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