El sábado por la noche nos tocó a mi familia y a mí ser parte de estas terribles estadísticas.
Llevamos al niño al parque a las 20 hrs. y dejamos nuestro vehículo estacionado en el paso peatonal que a esas horas y en fin de semana acepta la colocación de coches para los que vayan a dicho lugar.
Estuvimos media hora allí, tiempo en el que rompieron uno de los cristales y saquearon el vehículo, el mío y el de cuatro personas más, a otro le llevaron el estéreo, a una pareja su laptop y el otro ya no supimos.
Gran shock de nosotros y aún más en mi estado de embarazo ¿y que hacer? quejarse, ¿llorar? es increíble que aunque el parque esté ubicado junto al Palacio Municipal y el Centro Administrativo de Gobierno de mi estado Tabasco en México, ninguno de los dos lados no cuente con vigilancia para la ciudadanía.
Llegó un «policía» del Centro Administrativo y nos empezó a preguntar datos solo para levantar «un reporte», nos enojamos, porque si ese «poLEcía» hubiera estado haciendo rondines por ahí al menos los desgraciados ladrones se la hubieran pensado más.
Cuando llegamos a la casa esa noche teníamos dos llamadas perdidas, era una señora que había encontrado parte de mis identificaciones y tarjetas del otro lado de la ciudad, ¡increíble!, le agradezco a la señora Felícita, porque entre las tarjetas que encontró estaba la credencial de mi hijo de la escuela y me aterraba pensar incluso en un secuestro, ya ven que las escuelas piden la credencial para cuando alguien desconocido pasa por ellos.
Ahora lo que no nos deja dormir son las llaves, que esas no las encontró ella ni nosotros en la búsqueda por el rumbo donde levantó las tarjetas. Pedimos a Dios que nos proteja de un asalto en la casa.
Habíamos pasado un día tan bonito, comprandole cositas a la niña, paseando con el niño que estaba muy cariñoso, venimos a pasar el calor del medio día en la casa, fuimos a misa donde había una boda y pensábamos en lo afortunados que somos de tener una familia linda y sana, con nuestros problemas, con la crisis, pero nada que nos hiciera sufrir.
En fin, que estamos tristes y deprimidos, ¡ahora resulta que sale más caro el bendito cristal que rompieron que lo que se llevaron en mi bolsa! Lo de valor económico y sentimental.. mi iPhone, con fotos de mi hijo y mi familia…
Foto Vía
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