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  • Cómo iniciar a los niños en la espiritualidad

    Cómo iniciar a los niños en la espiritualidad

    La forma en que fuimos criados en nuestra infancia muchas veces decide el rumbo que tendrá nuestra vida, ese camino incluye muchas veces la religión, que nos marcará la fe con la que profesemos en nuestra adultez.

    Cuando somos niños estamos atentos a todo lo que nos muestren nuestros padres, su forma de actuar, de dirigirse a otras persona, incluso de comer o de si nos tapamos o no la boca cuando estornudamos, es por eso que debemos estar atentos a nuestra persona porque aunque no lo parezca estamos enseñando a nuestros hijos el cómo es un adulto.

    Algo muy importante es la religión. Ya sea que profeses en la fe como cristiano, musulmán, hindú, budista, judío o una religión incluso indígena es importante a mi parecer la constancia y el respeto.

    Me gustaría poder conocer un poco más de las religiones del mundo, gracias a esta era globalizada podemos acceder a sus creencias e ideales que debemos tener como seres humanos. En casa cuando pequeña fui educada bajo la fe católica, como en todo y mediante fue creciendo tuve algunas discrepancias con algunos puntos que a mi parecer no eran lógicos, ¿pero sabes qué? ahora que soy madre decidí criar a mis hijos bajo la misma fe, que ahora la percibo de una manera distinta que cuando niña.

    Lenguaje simple, historias que entiendan

    Lo que me propuse fue iniciar a mis hijos contándoles las historias bíblicas a manera de cuentos y en un lenguaje simplificado para ellos. Funciona bastante bien y los niños piden cada día una historia nueva, mi recomendación es comenzar con la historia de la creación del mundo y Adán y Eva, una historia tan mágica y grande que seguramente les impactará.

    Creo que todas las religiones son buenas y si valoramos también tienen muchas cosas en común: creen en la vida después de la muerte, la recompensa del paraíso para los buenos, el castigo de la gente mala, ritos y órdenes similares entre otros puntos.

    Hablar de religión es un tema difícil, lo cierto es que los niños aprenden de nosotros y muy especialmente cuando les hablamos de un ser supremo que existe pero que no se puede ver, por eso como madres tenemos que informarnos sobre cómo inculcarles a nuestros hijos el amor a Dios sin que suene a fantasía en este mundo tan moderno donde las cosas como la creación del mundo en siete días es difícil de creer en las mentes infantiles, porque recuerda, cuando no los contaron a nosotras de niñas lo dimos por un hecho maravilloso y cierto, sin preguntas que pusieran en jaque a nuestros papás, porque si ellos no los contaban es porque “sencillamente era cierto y los papás no mienten” , ¿qué difícil verdad?

    Como en todo es un tema de debate, hay mamás con criterio muy respetable que deciden no regir su vida ni la de su familia bajo ninguna religión, con razones como la libertad de elección de los propios niños, para que cuando ellos crezcan y comprenda elijan lo que de verdad les convenza como adultos y no lo que les fue impuesto cuando pequeños, y de eso se trata eso se trata este siglo, de la libertad de elección de todos.

    Pero si lo que tú deseas es integrar a tus hijos en una religión te comparto estos puntos que te pueden ser de utilidad en el trayecto:

    • Selecciona una historia que ellos puedan comprender dependiente de la edad de tus hijos.
    • Hagan dibujos por ejemplo: “¿Cómo se imaginan el Paraíso de Adán y Eva?”.
    • Practicar juntos oraciones sencillas.
    • Te hará preguntas que probablemente no sepas responder adecuadamente,  “¿Por qué murió Cristo en la cruz si era amado por su Padre?”, ante la duda de cómo responder puedes decirle que anotarás la pregunta y se la preguntarán próximamente a uno de los líderes de tu iglesia o congregación.
    • El aprender a ser agradecidos es importante. Una oración al despertar o dormir y hasta agradecer por los alimentos hace niños más cálidos.
    • Algunos círculos enseñan como tarea diaria versículos de la Biblia aunque los niños sean pequeños.

    En esta temporada de Pascua y Semana Santa podemos trabajar para ser mejores humanos en la humildad, el perdón, el servir a los demás, el amor al prójimo y a Dios.

    ¿Qué tips nos compartes para iniciar a los niños en la espiritualidad?

    Foto: Flickr/amslerPIX

    Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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  • «Santa Claus no existe», le dijeron a mi pequeño y le rompieron el corazón

    «Santa Claus no existe», le dijeron a mi pequeño y le rompieron el corazón

    Le doy vueltas y vueltas a este post. El no saber como iniciarlo, que palabras adecuadas usar para no herir a nadie, y sobre todo, el que se me baje el coraje, espero de verdad no molestar a nadie ni mucho menos ofender algún grupo.

    Hoy por la tarde comentaba en Twitter:

    «Mi hijo está jugando afuera y lo vigilan, mi hija duerme, y aún así no me relajo para leer por estar con el pendiente, tengo que ir a ver…»
    Inmediatamente mi peque subió y escribí de nuevo.
    «Esa conexión madre-hijo es mágica! Subió a buscar una pelota y me dijo «mami aquí estoy» #amoamihijo»
    Igual, siempre aflora el sexto sentido de la mamá. A los pocos minutos bajé con la nena semi dormida y me encontré con la muchacha que me ayuda y mi hijo, ella le decía que ya era hora de meterse porque estaba anocheciendo.

    Vi al peque con cara triste y le pregunté a ella que pasaba, y me dijo: «Es que el niño de a lado le dijo que Santa no existe», me quedé helada, «pero él le dijo que sí existe y lo llevó a ver el infable y la carta que tiene en sus manos», ella se refería a un inflable de Santa que tenemos en el jardín. Ni que decir que se me revolvió el estómago.

    Vi a mi hijo, lo vi tan chiquito, tan sacado de onda, ¿triste? también, no me dijo nada. El vecinito solo me veía desde la banqueta de su casa, junto a la mía, ni se me acercaba, solo me veía. Abracé a mi hijo y le dije que el vecinito ya se iba a meter a su casa porque estaba anocheciendo, «ya es tarde hijo, mañana juegan», mi hijo tan lindo ya quería llevarle una leche de chocolate, de esas de cajita que le encantan, pero ya no lo dejé.

    No lo niego, sentí mucho coraje contra ese niño, ¡con ganas de regañarlo!, también pensé en ir a hablar con su mamá, pero que rayos le decía? «oiga vecina su hijo le está diciendo al mío -que es más pequeño- que Santa no existe, ¡no se me hace justo!, si usted cría a su hijo así que bueno, pero que no vaya por la vida arruinándole las ilusiones a los demás niños»… bueno, quizá algo así y en no muy buen tono… lo escribo y se me sale lo leona, lo enojada, y perdón, lo encabronada que estoy, porque no es justo, no.

    Nuestro vecino no es ni mucho menos un niño malo como Sid el de Toy Story, es un niño como de seis o siete años con problema de lenguaje, son vecinos nuevos como con tres meses aquí y no son de la ciudad. Apoyé a la mamá en cosas de vecinos y ella una vez que el peque se puso mal nos llevó al hospital y dió varias vueltas conmigo, la verdad no son una mala familia, lo único que rompió esa armonía fue la manera de romper la ilusión de mi hijo de esa forma.

    Y es que no entiendo. ¿Cuál es la idea de decirle a otros niños que Santa Claus no existe? ¿Que podercito sienten los niños que lo saben al arruinarles la ilusión a los más pequeños? Ese niño pretendía que mi hijo llorara, se enfadara o de verdad le dijera «ah sí, gracias por advertirme que mis papás me están engañando».

    Creo que este post no tiene ni pies ni cabeza, solo deseo que nadie les quite la ilusión a sus peques, que el sueño de Santa o los Reyes Magos termine en el momento indicado y que cuando así suceda pedirle a esos niños ya mayores no ir por la vida sintiéndose superiores por saber la «gran verdad».

    Acabo de recordar cuando mis padres me lo dijeron, tenía como 10 años, se sentaron en mi cama y yo frente a ellos y me explicaron amorosamente que ellos hacían la magia, que como hermana mayor ahora yo sabía «el  secreto» y que tenía que ayudar no diciéndoselos a mis hermanos, mi regalo esa Navidad fue una hermosa bicicleta. Dos años más me trajeron un par de cosas y listo. No fue traumático y sí fue hermoso, siempre les agradeceré a mis padres ese momento tan lindo, que a decir verdad, ya como desde los ocho años no faltaba el niño que decía que «Santa eran los papás» y ya me fijaba en las cartas que nos dejaban y que era muy parecida la letra de mamá y Santa, cosas así, pero bueno,¡ ya era 8 años y no 3!

    Esta noche solo se que no lo dejaré jugar con ese niño nunca más.

    ¡He dicho!

    Foto vía

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