Etiqueta: comedor

  • ¡Mi toddler ya no quiere su silla alta!

    ¡Mi toddler ya no quiere su silla alta!

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    Foto: Any Fuchok.

    Mi hijo sigue creciendo, y aunque muchas veces lo sigo viendo como mi bebé hay acciones que me demuestran que está dejando de serlo.

    Tiene una semana que ya no quiere sentarse en su periquera a la hora de la comida. Por la tardes me pide que lo siente en una de las sillas del comedor, y aunque le falta todavía un poco para estar a la altura de la mesa él se sienta de lo más feliz y allí come.

    No recuerdo desde que mes comenzó a comer en su silla alta, creo que a los seis. El sabe que es «su silla» y así ha sido por más de un año.

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    Foto: Any Fuchok.

    Ahora le pongo un pañito en la nueva silla para que no la manche y asunto arreglado, ¿para que pelear si veo que lo disfruta? Por otro lado siento que la periquera «lo extraña», lo que pienso es que en día de estos la voy a desaparecer y la guardaremos para darle uso en un futuro no muy lejano.

    La hora de la comida debe ser un momento apropiado para la socialización, el diálogo y la relación afectiva con el niño, hay que crear una atmósfera agradable para toda la familia.

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  • ¿Comer en restaurant con bebés? ¡Tarea titánica!

    ¿Comer en restaurant con bebés? ¡Tarea titánica!

    Tenemos costumbre que todos los domingos por la mañana salimos a desayunar a algún restaurant, el fin de semana mamá descansa de la cocina y papá la consiente comiendo fuera. Así lo hacemos desde que nació mi hijo, y que orgullo sentíamos al ver lo bien que se portaba… pero ahora… ¡es una tarea titánica convencerlo que se quede sentado!

    Que lejanos se han vuelto esos tiempos donde se quedaba quieto en el portabebé, o cuando empezó a comer sólidos y empezaba a disfrutar de la silla alta (trona o periquera), siempre con sus ojitos atentos a todo lo que pasaba a su alrededor.

    Ahora es un show sentarlo en las periqueras de los restaurantes, hay que distraerlo de mil formas: dándole pan, contando las luces en el techo, jugando con la cucharita del café, llevándole un juguetito, en fin… adiós al pequeño ángel, bienvenido el pequeño tornado.

    Recuerdo como mis papás contaban la historia de mi hermana, cuando ibamos a comer a uno de los restaurantes favoritos de la familia y ella pequeña, entre los tres y seis años, siempre, pero siempre, tenía que derramar el vaso de jamaica en la mesa, ya ni se enojaban, era como de cajón la travesura. Casi siempre era por la torpeza de sus tiernas manitas tratando de agarrar una papa frita o quizá tomar el vaso de refresco por ella misma.

    ¿Será que todas los papás pasan por lo mismo con los niños en la mesa? ¿Aplicas?

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