No hago más que pensar en que se nos acaba una etapa maravillosa solos con el peque.
Hoy lo llevamos juntos mi esposo y yo al colegio, el niño sigue feliz, tranquilo, como si nada, de repente unos ataques de «chechera» (así decimos en mi pueblo cuando un niño está consentido).
Tuvo un festival con música y trajes tradicionales de nuestro estado, mañana los papás estamos invitados a ir a una degustación de comida típica de la región. E
n fin, que cuando regresamos hoy mi esposo y yo a casa, me invadió una angustia al darme cuenta que pronto dejaremos de ser tres y que nuestras actividades cambiarán, nuestra rutina será otra y por supuesto, nuestro niño será otro.
Lloré, mucho, y aún lo hago. Lo escribo y me pongo tensa, tengo que parar de escribir.
Solo quiero pensar que es normal sentirme así debido a que se acerca la hora de la llegada de mi nueva bebé.
Deseo de verdad que las hormonas no me estén jugando chueco y levantar mi actitud de manera positiva para que mi familia no me vea ni me sienta down.
La verdad es que me siento hasta mala madre. Se nos cierra un ciclo con Héctor, el primer gran amor de estos padres de alta demanda.
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Foto Any Fuchok
