De inicio no se cuáles son las palabras exactas para describir lo que siento.
Impotencia, rabia, dolor, coraje, frustración, enojo…
Son palabras que se quedan muy cortas para todos los sentimientos que tengo en mi interior.
El viernes por la tarde asaltaron mi casa, y no solo mi hogar si no mi intimidad, la de mis hijos, mis cosas más valiosas, esas que se llevan en el corazón y que a los malditos rateros les importa un rábano.
Ayer por la noche lloré mucho, porque de entre las cosas que se llevaron lo que más me duele son mis momentos especiales que con tanto amor guardamos en fotos y videos. El nacimiento de Carito, vacaciones en familia, sus cumpleaños… una herencia fotográfica que ahora está en manos de delincuentes que se introdujeron a mi casa cuando salí el viernes a una piñata con mis hijos y ahí aprovecharon para desvalijar mi casa.
A quién le hallan robado entiende mis palabras, entiende este profundo odio que tengo a estas personas que se metieron a mi casa de la forma más vil, que se robaron las pertenencias personales que nadie nos regaló, que con el trabajo de mi esposo hemos adquirido en diferentes momentos de nuestras vidas.
Lo peor es que las autoridades no ayudan en más, porque a pesar de que pierdes las horas poniendo la denuncia, te piden que demuestres en base a documentos que lo que te robaron era de verdad tuyo, es decir, llevar facturas y comprobantes, ¿Cómo es eso posible? Casi seis horas poniendo la demanda y ellos requiriéndote papeles…
¿Mientras los ladrones? bien gracias, con nuestras cosas rematándolas con otros desgraciados que compran cosas robadas. Con las fotos de mis hijos y momentos familiares a la vista de quien sabe que ojos malditos.
Dolor e impotencia
Escribo porque no puedo quedarme callada, porque esta queja tiene que servir de algo, porque no puedo dejar de pensar si hubieran metido y nosotros hubiéramos estado aquí, ¿Qué hubiera pasado? ¿Estaríamos bien? ¿En el hospital? ¿Muertos?
Trato de estar de mejor humor delante de mis hijos, pero no puedo con esta careta de «todo está bien», mi hijo mayor se dió cuenta de todo y no hay día que no piense que van a regresar los ladrones. ¿Cómo se supone que yo pueda darle tranquilidad cuando yo misma no la tengo?
Estoy intentando sentirme mejor, y solo Dios me puede ayudar.
Pd. Si ven algo anormal en mis redes… ya saben quién fue.
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