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Cuando el dinero falta el amor sale por la ventana

Cuando nos enamoramos todo es color de rosa, vemos por los ojos de la pareja, los defectos parecen nada comparados con todas las virtudes que existen en el maravilloso príncipe azul que la vida nos puso enfrente, tal cual premio de la lotería, como si fuera lo que estábamos esperando y llegar a ser completamente felices. Es increíble que nos dejemos la venda en los ojos, o lo que es peor, que solitas nos los tapemos con las manos cuando no queremos ver lo obvio, porque literalmente estamos cegadas de amor.

Así pasan las semanas, los meses, el amor hace raíces y damos paso a lo que sigue, la convivencia en pareja. Por increíble que parezca llegamos a esta realidad sin hablar de un punto clave para la relación, para el bienestar futuro de ambos, a mediano plazo como familia, me refiero a lo económico, al ponerse de acuerdo con el “quien paga que”.

Hay parejas que después de casarse (o decidir ir a vivir juntos) comienzan a sacar cuentas,  y no les alcanza para pagar la renta, los servicios, los víveres. Es allí donde comienza la primera incomodidad, es entonces cuando la mujer se pone el traje de “súper esposa” y la frase “yo te ayudo mi amor porque somos un equipo” florece, y el señor al principio se opone pero después accede. En la teoría digo que no está mal, pero en la práctica y cuando se convierte en regla ya no es lo correcto.

Mis papás me educaron al clásico estilo que “papá trabaja y es el proveedor, mientras que mamá cría a los hijos, trabaja (si quiere) y con ese ingreso apoya al esposo si hace falta”. No al estilo de que “mamá trabaja y mantiene la casa mientras que el papá cuida a los niños”. Creo y apoyo la libertad económica de la mujer, el crecimiento laboral y la crianza compartida, lo que no me parece correcto es que los hombres de hoy hagan presentes sus incapacidades como falta de estudios o competencias como para decir “es que solo se hacer tal o cual y no hay trabajo de lo que yo sé hacer por eso mejor tu trabaja y yo cuido a los niños”, eso señores, no se vale.

Seguro a alguien le podría ‘picar’…

Quien lea este post le rascará por algún lado, ya sea que conocemos a alguien quien vive una situación así o nosotras mismas estamos en ella, y es que, el problema no es ayudar a la pareja, el problema es a la larga lo que le estamos enseñando a nuestras hijas, a que vean normal que tener a un papá que se pasa el día cuidándolas mientras mamá trabaja dos turnos es lo correcto. Que cuando ella pretende descansar en casa los niños le caen encima y el trabajo continúa, ¿nos gustaría un esposo así para nuestras hijas?, o que tal si es nuestro niño quien ve a su papá sin una referencia laboral y crezca entiendo que es lo normal, que es mamá quien mantiene la casa ¿te gustaría que imitara su ejemplo?

Un trabajo por más humilde que sea es digno, un varón padre de familia debe proveer amor y sustento a su esposa y a sus hijos, no importa si es abogado, doctor, ingeniero, químico, periodista, músico, vendedor, maestro, taxista, panadero, chofer o cualquiera de los cientos de ocupaciones que existen, es importante que los niños tengan una referencia de lo que hace papá.

¿Pero que pasa por la mente de la mamá y esposa? Al principio el amor lo hace justificarlo “es un buen hombre”, dirá, “solo es por un tiempo” añadirá, y así las razones que al principio existían van desapareciendo. El desgaste se hace presente en la relación, llega a un punto que la frase “contigo a pan y cebolla” parece burla y se convierte en literal. Cuando una relación de pareja comienza es bueno y hasta romántico el crecer juntos, el cooperarse para comprar la cama, la estufa y demás cosas para la casa, pero cuando se tienen hijos las economía debe estar nivelada, intentar tener las deudas a raya, los servicios al día y los pañales comprados. 

Una cosa es apoyar a la pareja y otra muy diferente mantenerla por falta de interés o compromiso con la familia. 

Foto Via

Post escrito por Any Fuchok y publicado originalmente en Disney Babble Latinoamérica.

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